
El glaciar Thwaites, conocido como el “Glaciar del Juicio Final”, es el foco de una expedición internacional que intentará observar directamente cómo el océano está acelerando su derretimiento desde abajo, en la zona donde el hielo pasa de estar apoyado en tierra a flotar. La campaña apunta a obtener datos diarios desde debajo de la plataforma de hielo, en un punto crítico para mejorar las proyecciones de aumento del nivel del mar.
Por qué el glaciar Thwaites concentra la alarma global
Thwaites es uno de los glaciares más grandes y de cambio más rápido en la Antártida Occidental. Su importancia no es solo su tamaño, sino su rol como “tapón” parcial de un sistema mayor: si pierde estabilidad, puede facilitar el retiro de hielo de zonas vecinas y amplificar el aporte de la Antártida al nivel del mar.
En un comunicado del British Antarctic Survey sobre la misión, el equipo plantea que, si Thwaites colapsara por completo, el nivel medio global del mar podría subir en torno a 65 centímetros, un umbral con capacidad de multiplicar la exposición de ciudades e infraestructura costera.
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La preocupación se extiende a la Antártida Occidental como sistema: una síntesis de resultados del International Thwaites Glacier Collaboration advierte que un colapso total de esa porción de la capa de hielo elevaría el nivel del mar en más de 3 metros, y añade que el IPCC proyecta alzas globales de entre 40 y 80 cm este siglo, con la posibilidad de acercarse a casi 2 metros bajo escenarios de inestabilidad acelerada de grandes masas de hielo.
En contexto, ya se ha explicado en detalle cómo el deshielo antártico y la entrada de agua más cálida bajo plataformas flotantes puede convertirse en un factor decisivo para el nivel del mar, como se describe en este análisis sobre la señal que inquieta a los científicos por 65 cm de posible alza.
La operación: llegar al “punto de quiebre” con perforación de agua caliente
La campaña está liderada por equipos del British Antarctic Survey y el instituto polar de Corea del Sur, con una ventana operativa acotada: dos semanas para perforar e instalar instrumentos. La meta es atravesar cerca de 1.000 metros de hielo, justo aguas abajo de la línea de apoyo, el lugar donde el glaciar deja el lecho marino y comienza a flotar, considerado el punto más vulnerable para el ingreso de agua oceánica relativamente cálida.
Según el mismo comunicado, el viaje logístico incluyó navegación desde Nueva Zelanda a bordo del rompehielos coreano RV Araon, tres semanas en el mar y luego vuelos en helicóptero para desplegar personal y carga sobre el hielo. Antes de mover equipos, se usaron vehículos remotos y radar de penetración para mapear grietas ocultas y definir un emplazamiento seguro. El transporte total requirió más de 40 rotaciones de helicóptero para mover alrededor de 25 toneladas de carga y soportar la vida en campamento.
Cómo se perfora en Antártida Occidental y por qué el tiempo juega en contra
El método central es perforación con agua caliente: agua calentada aproximadamente a 90 °C se bombea a alta presión por una manguera para derretir el hielo y formar un pozo de cerca de 30 centímetros de diámetro. En estas condiciones, el agujero puede volver a congelarse en uno o dos días, por lo que debe reabrirse de forma periódica mientras se completa el despliegue de instrumentos.
Los hitos operativos definidos para la ventana de trabajo son concretos:
Perforar hasta el océano bajo la plataforma de hielo, en el tramo principal del sistema de Thwaites.
Bajar instrumentación para medir temperatura y corrientes, con énfasis en la interacción del agua cálida con la base del hielo.
Tomar muestras de sedimento y de agua para reconstruir condiciones pasadas y procesos actuales.
Qué datos buscan y qué cambia con mediciones diarias bajo el hielo
El objetivo científico es capturar observaciones directas en el lugar donde se espera el mayor control del derretimiento: cerca de la línea de apoyo. El plan informado contempla el envío de datos diarios por al menos un año vía satélites Iridium, lo que permitirá seguir variaciones de corto plazo que suelen perderse con campañas puntuales o solo satélites.
Entre los datos esperados están:
Temperatura del océano y su variabilidad cerca del punto de apoyo.
Corrientes bajo la plataforma y su capacidad de transportar calor hacia el hielo.
Señales físicas que ayuden a vincular mareas, intrusiones de agua y cambios de derretimiento.
Evidencia geoquímica y sedimentaria para contextualizar el comportamiento pasado del glaciar.
Este tipo de observación subglacial se conecta con avances recientes en lectura del relieve oculto antártico, como el trabajo que detalla un nuevo mapa con más de 30.000 colinas bajo el hielo, clave para entender cómo la topografía guía el flujo de hielo y el acceso del océano a zonas sensibles.
Lo que está en juego para las costas y la planificación de adaptación
La evidencia disponible apunta a que el comportamiento futuro de Thwaites se juega en la interacción océano-hielo: el calor entra por debajo, adelgaza la plataforma flotante y reduce su capacidad de frenar el flujo de hielo hacia el mar. En paralelo, las mediciones satelitales ya muestran una pérdida sostenida de masa en Groenlandia y Antártida, como se resume en el reporte sobre las cifras de NASA y el salto del nivel del mar.
En el plano de adaptación, el aumento del nivel del mar no es una discusión abstracta: obliga a revisar defensas costeras, infraestructura crítica y planificación urbana. Ejemplos de medidas estructurales ya aplicadas en otros países, como megaobras para contener el avance del mar, muestran la escala de decisiones que se vuelven relevantes cuando el riesgo se traduce en centímetros que cambian la línea de costa.
Qué viene ahora: perforación, despliegue y transmisión de datos
El cronograma informado se concentra en completar el pozo, instalar sensores y asegurar que el sistema siga transmitiendo datos diarios durante al menos un año. Si la campaña logra sostener mediciones continuas cerca de la línea de apoyo, el resultado inmediato será reducir la incertidumbre sobre cuánto calor está entrando, con qué variabilidad y con qué efecto directo sobre el derretimiento basal en el lugar más sensible del glaciar.






