La demanda eléctrica de los centros de datos está acelerando el interés por la energía nuclear avanzada, pero la minería aún privilegia renovables, almacenamiento y electrificación antes que apostar por reactores modulares.
Los pequeños reactores modulares aparecen cada vez más en la discusión energética global, empujados por el consumo eléctrico de la inteligencia artificial. Sin embargo, para la industria minera todavía están lejos de convertirse en una solución de corto plazo. La razón no es solo tecnológica: también pesa la regulación, el financiamiento, la escala de las faenas, la licencia social y la urgencia de reducir emisiones con herramientas ya disponibles.
El debate volvió a tomar fuerza tras nuevos análisis sectoriales que muestran que la minería observa los small modular reactors, o SMR, más como una alternativa futura que como una inversión inmediata. Según un análisis publicado por MINING.COM, basado en el reporte de BMI sobre megatendencias mineras hacia 2050, la energía nuclear —incluidos los SMR y reactores avanzados— aparece al final de las tecnologías bajas en carbono consideradas o evaluadas por las compañías mineras, con una presencia inferior al 10% en las respuestas del sector.
El dato contrasta con el entusiasmo que se observa en tecnología, data centers y utilities, donde la presión por energía firme, limpia y disponible 24/7 abrió espacio a contratos y acuerdos vinculados a nueva capacidad nuclear.
La IA acelera la carrera por energía firme
La Agencia Internacional de Energía advirtió que el consumo eléctrico de los centros de datos aumentó 17% en 2025, mientras que la demanda asociada a instalaciones enfocadas en IA creció incluso más rápido. En su reporte sobre energía e inteligencia artificial, la IEA proyecta que el consumo eléctrico de los data centers podría duplicarse hacia 2030 y que el uso de energía de aquellos enfocados en IA podría triplicarse.
Ese fenómeno está empujando acuerdos de compra de energía, proyectos con generación en sitio y nuevos desarrollos nucleares. La misma agencia señaló que la cartera de acuerdos condicionales de compra entre operadores de centros de datos y proyectos de SMR subió desde 25 GW a fines de 2024 hasta 45 GW en la actualidad.
Para las tecnológicas, el problema es inmediato: no hay expansión de IA sin acceso rápido a electricidad segura, estable y competitiva. Para las mineras, en cambio, la ecuación es distinta. Sus operaciones también requieren grandes volúmenes de energía, pero los proyectos deben calzar con vidas útiles mineras, permisos ambientales, contratos eléctricos de largo plazo, infraestructura de transmisión, desalación, bombeo y estándares comunitarios.
Por qué la minería no se sube todavía al carro nuclear
En teoría, los SMR parecen diseñados para resolver parte de los problemas energéticos de la minería. Las faenas remotas necesitan suministro confiable; muchas operaciones fuera de red aún dependen de diésel; la electrificación de camiones, perforadoras, correas, plantas y sistemas de agua elevará la demanda; y los clientes industriales exigen minerales con menor huella de carbono.
Pero entre la teoría y la decisión de inversión hay una brecha relevante.
La Agencia Internacional de Energía Atómica define los SMR como reactores avanzados de hasta 300 MW eléctricos por unidad. La World Nuclear Association agrega que los diseños más pequeños, bajo 20 MW, suelen clasificarse como microreactores, una escala más cercana a faenas aisladas o aplicaciones industriales específicas.
Ahí aparece el primer problema para la minería: muchos SMR de 300 MW pueden ser demasiado grandes para una mina individual, mientras que los microreactores aún están en una etapa temprana de comercialización. Una gran operación de cobre con concentradora, desalación, impulsión de agua, campamento, puerto y futura flota eléctrica puede acercarse a consumos de cientos de megawatts. Pero una faena aurífera, de níquel, litio o hierro de menor escala difícilmente justifica por sí sola una central nuclear dedicada.
El segundo obstáculo es regulatorio. Un reactor en una zona minera no equivale a instalar una planta solar, contratar energía renovable o incorporar baterías. Implica licenciamiento nuclear, seguridad física, manejo de combustible, residuos, planes de emergencia, supervisión estatal especializada, consulta comunitaria y responsabilidades de largo plazo.
Renovables y baterías siguen ganando espacio
Mientras los SMR avanzan en el debate, las mineras ya están ejecutando estrategias con tecnologías conocidas. En Chile, Codelco informó en 2025 la adjudicación de 1,5 TWh anuales de energía verde a Generadora Metropolitana y GR Power Chile, con suministro desde enero de 2026 hasta diciembre de 2040 y sistemas de almacenamiento con baterías de litio. La estatal busca alcanzar una matriz eléctrica 100% limpia hacia 2030.
En Australia, BHP y Rio Tinto anunciaron pruebas conjuntas de camiones mineros eléctricos a batería en Pilbara, junto con Caterpillar y Komatsu. Según informó BHP, dos camiones CAT 793 comenzaron pruebas desde la segunda mitad de 2024 y dos Komatsu 930 serán testeados desde 2026 en faenas de Western Australia.
Estos movimientos muestran la dirección dominante: la minería está priorizando renovables, contratos eléctricos, almacenamiento, eficiencia operacional y electrificación de equipos antes que incorporar tecnología nuclear propia. No porque el suministro firme no sea relevante, sino porque las soluciones disponibles tienen menor incertidumbre de permisos, menor exposición reputacional y plazos más compatibles con metas corporativas de descarbonización a 2030.
Datos clave
Tecnología en discusión: pequeños reactores modulares y microreactores.
Capacidad típica de un SMR: hasta 300 MW eléctricos por unidad, según la IAEA.
Escala de microreactores: generalmente bajo 20 MW, según World Nuclear Association.
Demanda eléctrica de data centers: alza de 17% en 2025, según IEA.
Proyección IEA: consumo eléctrico de data centers podría duplicarse hacia 2030.
Minería: nuclear figura bajo 10% entre tecnologías bajas en carbono consideradas o evaluadas, según análisis basado en BMI.
Alternativas dominantes en minería: renovables, baterías, gestión de redes, contratos eléctricos y electrificación de flotas.
Qué implica para Chile y la minería del cobre
Para Chile, el debate tiene una lectura particular. El país concentra grandes operaciones cupríferas en zonas desérticas, con alta radiación solar, creciente incorporación de desalación y una red eléctrica que ha ampliado la penetración renovable. A la vez, la minería deberá enfrentar más demanda energética por menores leyes minerales, mayor tratamiento de material, bombeo de agua de mar y automatización.
En ese contexto, la pregunta no es si la minería necesitará más energía firme, sino qué combinación de tecnologías podrá entregarla con menor costo, menor riesgo y mayor certeza regulatoria. Por ahora, los contratos renovables con almacenamiento, la transmisión, la gestión de demanda y la electrificación gradual parecen tener ventaja frente a una opción nuclear que todavía requiere demostrar costos, plazos y aceptación social en aplicaciones mineras reales.
Los SMR podrían encontrar espacio en distritos mineros remotos, operaciones de larga vida útil o polos industriales donde varios consumidores compartan infraestructura. También podrían ser relevantes para países con tradición nuclear, marcos regulatorios maduros y necesidades de energía firme en regiones aisladas, como Canadá o ciertas zonas de Australia.
El desafío que queda por resolver
El auge energético de la IA puede acelerar la curva de aprendizaje de los SMR, atraer financiamiento y fortalecer cadenas de suministro nucleares. Si las tecnológicas logran viabilizar proyectos comerciales, la minería podría beneficiarse más adelante de menores costos, diseños estandarizados y marcos regulatorios más probados.
Pero en el corto plazo, la industria minera seguirá mirando la tecnología con cautela. Para una compañía minera, el riesgo de apostar por una solución nuclear inmadura puede ser mayor que el beneficio de anticiparse demasiado. La presión por reducir emisiones ya está instalada, pero la ruta dominante sigue pasando por energía renovable, almacenamiento, eficiencia, electrificación y contratos de suministro capaces de sostener producción sin agregar incertidumbre nuclear a proyectos que ya enfrentan permisos complejos, altos costos de capital y exigencias sociales crecientes.









