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NASA encarga a Blue Origin una misión clave para iniciar la construcción de su base lunar

La NASA adjudicó a Blue Origin un contrato de US$188 millones para enviar equipos al polo sur lunar, marcando un avance significativo en su plan para establecer una base lunar permanente.

NASA encarga a Blue Origin una misión clave para iniciar la construcción de su base lunar
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La agencia espacial estadounidense adjudicó a la firma fundada por Jeff Bezos un contrato de US$188 millones para llevar equipos al polo sur de la Luna.

La NASA dio un paso concreto en su plan para construir una base lunar permanente. La agencia anunció nuevos contratos para enviar módulos de carga, vehículos todoterreno y tecnología robótica a la superficie de la Luna, con Blue Origin, la empresa espacial fundada por Jeff Bezos, como uno de los actores centrales de la primera etapa.

El contrato asignado a Blue Origin alcanza los US$188 millones, con una opción adicional de US$280,4 millones, para transportar rovers hacia la región del polo sur lunar. La operación forma parte del programa Moon Base de la NASA, una iniciativa que busca habilitar presencia humana sostenida fuera de la Tierra.

Qué hará Blue Origin

La compañía utilizará su módulo lunar Blue Moon Mark 1 Endurance, una nave no tripulada diseñada para transportar carga a la superficie lunar. Según la NASA, la primera misión, denominada Moon Base I, apunta a despegar no antes del otoño boreal de 2026 y aterrizar en Shackleton Connecting Ridge, una zona vinculada a futuras operaciones cerca del polo sur lunar.

El módulo llevará instrumentos de la NASA para estudiar el comportamiento del polvo y la superficie lunar durante el descenso, además de un sistema de retrorreflectores láser que permitirá ubicar con mayor precisión el punto de aterrizaje desde naves en órbita.

Blue Origin informa que su versión MK1 puede transportar hasta tres toneladas métricas de carga a cualquier punto de la superficie lunar, mientras que la versión MK2 está pensada para operaciones con tripulación y carga en futuras misiones.

El primer paso de una base fuera de la Tierra

La NASA presentó el plan como una estrategia por fases: primero misiones robóticas, pruebas tecnológicas y demostraciones de operación; luego infraestructura semipermanente; y finalmente presencia humana sostenida en la Luna. La agencia sostiene que la base se ubicará cerca del polo sur lunar, una zona considerada estratégica para exploración científica y futuras misiones a Marte.

El paquete anunciado también incluye contratos para vehículos lunares. Astrolab recibirá US$219 millones y Lunar Outpost US$220 millones para desarrollar rovers capaces de operar con astronautas o de forma autónoma. Estos vehículos deberían apoyar transporte, preparación de terreno, traslado de materiales e investigación científica antes de nuevas misiones tripuladas.

Por qué importa para la industria espacial

El anuncio confirma que la NASA seguirá usando contratos con empresas privadas para acelerar la exploración lunar. No se trata solo de una misión científica aislada: la agencia está armando una cadena de proveedores para transporte, movilidad, infraestructura y operación en superficie.

Ese modelo abre espacio para una economía lunar incipiente, donde compañías privadas compiten por transportar carga, desarrollar vehículos, operar sistemas autónomos y probar tecnologías que luego podrían usarse en Marte.

También mantiene la competencia entre grandes actores espaciales. Blue Origin gana un rol relevante en esta etapa, mientras SpaceX sigue siendo parte central del programa Artemis con su sistema de aterrizaje lunar para astronautas.

Qué viene ahora

La NASA dijo que durante este año anunciará más de una docena de misiones vinculadas a Moon Base. Además, seleccionó a Firefly Aerospace para construir la nave que transportará drones de la misión MoonFall, cuyo lanzamiento está previsto para 2028 y que buscará levantar imágenes de zonas complejas antes de nuevos aterrizajes tripulados.

El punto clave es que la base lunar dejó de ser solo un concepto de largo plazo. Con estos contratos, la NASA empieza a mover hardware, proveedores y plazos concretos para instalar infraestructura en la Luna antes de una presencia humana sostenida.