Oro volvió a quedar en el centro del mercado, pero no por la razón que muchos esperaban. En lugar de consolidarse como refugio clásico en medio de la guerra ligada a Irán, el metal acumuló una caída cercana al 12% desde el inicio del conflicto y encadenó siete sesiones consecutivas de retrocesos, en una señal que empezó a incomodar a los inversionistas de materias primas. El ajuste no quedó aislado. También golpeó al aluminio en la London Metal Exchange, al cobre y a la bolsa canadiense, muy expuesta a productoras de metales y especialmente a mineras auríferas. Lo que empezó como una crisis con potencial de disparar commodities terminó abriendo un frente más complejo: inflación persistente, menor espacio para recortes de tasas y un dólar fortalecido que comenzó a presionar a los metales. En REDIMIN, este giro ya se había empezado a reflejar en análisis como la caída del oro pese a la guerra en Irán y en la lectura sobre la presión creciente del petróleo sobre los costos en Chile, dos piezas que hoy ayudan a entender por qué el mercado dejó de mirar esta crisis solo desde la geopolítica.
El oro dejó de comportarse como refugio automático
La lógica habitual de los mercados indica que una guerra en Medio Oriente debería empujar al oro al alza, pero esta vez aparecieron fuerzas más potentes que alteraron ese patrón. La primera fue el temor a que el conflicto reactive la inflación a través de energía, fletes y disrupciones logísticas, algo que reduce la probabilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. La segunda fue el fortalecimiento del dólar, que tiende a moverse en sentido inverso al metal y le resta atractivo a un activo que no paga interés. El resultado fue una presión vendedora constante sobre el oro, incluso en un escenario de tensión bélica. Esa señal ya venía apareciendo en artículos de REDIMIN sobre el oro en mínimos de más de un mes tras el mensaje cauteloso de la Fed y sobre su peor semana en décadas en medio de inflación y tasas altas. Lo que empieza a instalarse es una lectura más incómoda para el mercado: cuando una guerra eleva el riesgo inflacionario, el oro puede perder parte de su rol clásico de refugio y pasar a competir contra una política monetaria más dura.
El aluminio y el cobre siguieron el mismo camino
El golpe no se quedó en los metales preciosos. El aluminio sufrió una caída brusca en la LME y el cobre sumó otra jornada de bajas, mostrando que el mercado comenzó a desmontar parte de la prima de riesgo que había acumulado durante las semanas más tensas del conflicto. Esto es especialmente llamativo porque el aluminio venía de un rally impulsado por el temor a interrupciones en el Golfo, recortes de oferta y problemas logísticos en torno al Estrecho de Ormuz. REDIMIN había seguido ese proceso en notas como el salto del aluminio a US$ 3.315 por tonelada en la LME y el impacto del bloqueo en Ormuz sobre Aluminium Bahrain. En el caso del cobre, la corrección también conecta con una preocupación más amplia sobre crecimiento global, dólar fuerte y costos energéticos altos, una mezcla que ya había sido planteada por REDIMIN al analizar cómo la crisis en Irán amenaza el mercado del cobre y profundiza el déficit proyectado al 2026. El mensaje del mercado, por ahora, es claro: ya no todos los metales reaccionan al conflicto como un bloque alcista.
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Canadá sintió el golpe justo en su punto más sensible
La corrección tuvo una traducción inmediata en la bolsa canadiense. El S&P/TSX Composite, uno de los índices desarrollados con mayor exposición a compañías de recursos naturales, llegó a perder momentáneamente las ganancias acumuladas en 2026. No es un dato menor, porque el mercado de Toronto había sido uno de los grandes beneficiados del sesgo hacia mineras de oro durante el ciclo anterior. Cuando el oro corrige con fuerza y el aluminio y el cobre acompañan el retroceso, esa misma exposición deja de ser una fortaleza y pasa a convertirse en una vulnerabilidad. Esa es una de las señales más relevantes de este episodio, porque muestra que el mercado está dejando atrás la narrativa simple de que la guerra necesariamente impulsa a los commodities. En su lugar, empieza a pesar más una visión donde la inflación importada, la fortaleza del dólar y la posibilidad de tasas altas por más tiempo castigan a los activos ligados a materias primas, incluso cuando el trasfondo geopolítico sigue siendo grave.
Qué significa este movimiento para Chile y para la minería
Para Chile, esta combinación es especialmente delicada porque puede abrir un escenario de metales más débiles con energía todavía cara. Esa es una de las peores mezclas para una economía minera: menos soporte en precios de exportación y, al mismo tiempo, más presión sobre combustibles, transporte y costos operacionales. REDIMIN ya venía siguiendo ese frente en artículos sobre el petróleo sobre US$110 y su impacto potencial en Chile y también sobre el posible encarecimiento de las bencinas por la crisis global. Si esta dinámica se consolida, la minería chilena enfrentará un entorno mucho más incómodo que el relato simplificado de “guerra igual commodities al alza”. Lo que empieza a aparecer es un mercado fragmentado, donde el petróleo sigue transmitiendo presión inflacionaria, el dólar mantiene fuerza y metales como el oro, el aluminio y el cobre dejan de comportarse de forma automática frente al conflicto. Más que una caída puntual, lo que se está corrigiendo es la manera en que el mercado venía interpretando esta guerra.
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