Por qué Groenlandia volvió a ser el territorio más apetecido por Estados Unidos

Groenlandia dejó de ser una periferia helada en el mapa y pasó a convertirse, entre 2025 y 2026, en una pieza central para Estados Unidos. La presión política de Washington sobre Dinamarca y Nuuk, el inicio de conversaciones técnicas el 28 de enero de 2026 y la tensión interna en la isla muestran que el interés ya no es retórico. La razón combina defensa antimisiles, minerales críticos, rutas árticas y una condición política singular: un territorio autónomo de 56.740 habitantes cuyo futuro, por ley, debe decidir su propia población.

La primera razón: quien controla Groenlandia gana una ventaja militar en el Ártico

Para Washington, el valor más inmediato de Groenlandia está en la seguridad. La base estadounidense de Pituffik Space Base, en el noroeste de la isla, cumple funciones de alerta de misiles, defensa antimisiles, vigilancia espacial y control de satélites, según la propia Fuerza Espacial de Estados Unidos. No es una instalación simbólica: es uno de los puntos desde donde EE.UU. observa el corredor polar.

Ese peso estratégico no es nuevo, pero hoy volvió a subir. Un informe oficial del Ministerio de Relaciones Exteriores de Dinamarca sobre seguridad y defensa sostiene que Groenlandia está “en medio de la trayectoria” de los misiles intercontinentales entre Rusia y Estados Unidos, y que la relevancia de Pituffik aumentó con el deterioro entre ambas potencias. El mismo documento subraya que Groenlandia, junto con Islandia, las Islas Feroe y el Reino Unido, forma parte del corredor marítimo del GIUK gap, paso clave para submarinos y buques de guerra rusos hacia el Atlántico Norte.

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Ese es, en los hechos, el corazón del argumento estadounidense. Reuters reportó que Donald Trump volvió a justificar su presión sobre Groenlandia por razones de seguridad ligadas a Rusia y China, mientras Dinamarca, Groenlandia y Estados Unidos abrieron conversaciones para atender las “preocupaciones estadounidenses sobre la seguridad en el Ártico” sin cruzar las líneas rojas del Reino danés.

La segunda razón: los minerales que necesita la industria del siglo XXI

La otra capa del interés estadounidense está bajo tierra. La estrategia minera oficial de Groenlandia para 2025-2029 afirma que el país tiene varios yacimientos con minerales críticos especialmente atractivos para inversionistas y que, desde 2019, existe una cooperación con Estados Unidos para desarrollar el sector. El mismo documento fija como objetivo renovar ese acuerdo con Washington durante el actual período estratégico.

El respaldo geológico también es claro. La Encuesta Geológica de Dinamarca y Groenlandia (GEUS) señaló que la parte libre de hielo de la isla —unos 400.000 km²— presenta un potencial importante para una amplia lista de materias primas críticas. Entre ellas menciona tierras raras, grafito, niobio, metales del grupo del platino, molibdeno, tántalo y titanio. En total, el organismo evaluó 38 materias primas, en su mayoría con potencial de moderado a alto.

Para Estados Unidos, eso importa más ahora que hace diez años. La Casa Blanca firmó en marzo de 2025 una orden para acelerar la producción mineral estadounidense, en un contexto en que los minerales críticos pasaron al centro de la política industrial y estratégica del país. En paralelo, Reuters recordó que los recursos groenlandeses incluyen minerales críticos usados desde vehículos eléctricos hasta sistemas de misiles, y que el desarrollo ha sido lento por el clima, los costos, las restricciones ambientales y el peso de China en la cadena global del sector.

Hay otro dato que explica la urgencia: hoy el potencial pesa más que la producción real. La estrategia minera groenlandesa reconoce que, en 2021, el sector apenas representaba menos del 1% de la economía local, con una producción de DKK 316 millones y cerca de 100 empleos de tiempo completo. En otras palabras, para Washington, Groenlandia no vale tanto por lo que ya extrae, sino por lo que podría llegar a suministrar si se consolida una cadena occidental alternativa.

La tercera razón: el hielo se retira y el Ártico cambia de valor

El retroceso del hielo está alterando el mapa económico y militar del norte. Reuters informó, tras la elección groenlandesa de 2025, que el deshielo hace más accesibles los recursos y abre nuevas rutas marítimas, mientras Rusia y China aumentan su actividad en la región. NOAA, en su estrategia ártica de 2025, llega a la misma conclusión: la retirada del hielo marino abre rutas de navegación y eleva las consideraciones de seguridad.

La tendencia ya tiene traducción climática y económica. En febrero de 2026, Reuters reportó que Groenlandia vivió su enero más cálido registrado, con un calentamiento que avanza a un ritmo cuatro veces superior al promedio global y que está redibujando las perspectivas para sectores como la pesca y la minería. Para Estados Unidos, eso significa que el valor estratégico del territorio no disminuye con el cambio climático: aumenta.

La cuarta razón: Groenlandia no es un estado de EE.UU., pero tampoco un territorio cualquiera

La dimensión política explica por qué el caso es tan sensible. La Ley de Autogobierno de Groenlandia de 2009 reconoce que el pueblo groenlandés tiene derecho de autodeterminación y establece que cualquier decisión sobre la independencia debe ser tomada por la propia población. Al mismo tiempo, la misma norma señala que los ingresos de las actividades mineras corresponden a las autoridades de autogobierno groenlandesas.

Eso convierte a la isla en una pieza atípica: Copenhague mantiene el control de la política exterior, la defensa y la moneda, pero Groenlandia administra áreas clave de gobierno y asumió formalmente el área de recursos minerales el 1 de enero de 2010. La relación con Dinamarca sigue siendo estructural también por razones económicas: según Reuters, Copenhague aporta casi US$1.000 millones al año a la economía groenlandesa.

Ahí aparece otro motivo del interés estadounidense: Groenlandia es pequeña en población, estratégica en ubicación y todavía está definiendo cuánto quiere depender de Dinamarca y cuánto margen quiere tener frente a terceros. La elección parlamentaria de marzo de 2025 dejó como fuerza más votada a Demokraatit, partidaria de una independencia gradual, y confirmó que todos los grandes partidos respaldan la autodeterminación, aunque discrepan sobre el ritmo. El 24 de marzo de 2026, además, la votación groenlandesa para el Parlamento danés fue presentada por Reuters como un termómetro del apetito independentista y de las divisiones que podrían abrir espacio a la presión exterior.

Qué está pasando ahora

La disputa no está cerrada y tampoco es abstracta. El 28 de enero de 2026 comenzaron conversaciones diplomáticas entre Estados Unidos, Groenlandia y Dinamarca para bajar la tensión y discutir seguridad en el Ártico. Al mismo tiempo, el gobierno groenlandés ha insistido en que cualquier esquema de defensa debe pasar por NATO y no por una toma de control unilateral estadounidense.

En paralelo, la política local entró en una fase delicada. El 13 de marzo de 2026, el partido Siumut salió de la coalición de gobierno; aun así, el gabinete del primer ministro Jens-Frederik Nielsen conservó una mayoría de 19 de los 31 escaños del Inatsisartut. La salida también implicó la renuncia de la canciller Vivian Motzfeldt, en medio de las conversaciones con Washington. Ese cuadro resume por qué Groenlandia se volvió tan apetecida: no es solo un territorio remoto, sino un punto donde hoy se cruzan la defensa occidental, la carrera por los minerales, el reordenamiento del Ártico y una discusión abierta sobre soberanía.

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