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Precio del cobre sube a US$5,46 y evita un golpe mayor a la caja fiscal: la cifra que cambia el tablero 2026

El precio del cobre se consolida como el principal soporte de las cuentas públicas chilenas, a pesar de un recorte en la proyección de ingresos para 2026 y un aumento del gasto comprometido.

Precio del cobre sube a US$5,46 y evita un golpe mayor a la caja fiscal: la cifra que cambia el tablero 2026
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Precio del cobre volvió a instalarse como el principal amortiguador de las cuentas públicas chilenas. El Gobierno recortó su proyección de ingresos efectivos para 2026 en $347.747 millones respecto del informe anterior, pero el alza esperada del metal rojo impidió que el ajuste fuera más severo. Según la Dirección de Presupuestos, los ingresos del Gobierno Central llegarían a $78.814.783 millones, equivalentes al 21,7% del PIB, por debajo del 22,0% previsto en el IFP del cuarto trimestre de 2025. La señal incómoda está en el origen del ajuste: Hacienda redujo drásticamente el rendimiento esperado de la Ley de Cumplimiento Tributario, desde 0,7% del PIB a solo 0,1%. La señal de alivio, en cambio, vino desde la minería: el supuesto de precio del cobre subió desde US$5,15 a US$5,46 por libra, empujando al alza la tributación de la gran minería privada y los traspasos de Codelco.

La minería sostiene ingresos, pero no borra el deterioro fiscal

El Informe de Finanzas Públicas del primer trimestre de 2026 muestra una economía fiscal tensionada por dos fuerzas opuestas. Por una parte, los ingresos tributarios no mineros se debilitan y obligan a Hacienda a aplicar una corrección prudencial sobre la recaudación esperada. Por otra, la minería privada gana peso en la ecuación fiscal gracias al mejor precio del cobre y a un tipo de cambio más depreciado que el contemplado previamente. La tributación de la minería privada pasaría desde $6.275.438 millones en el IFP anterior a $6.999.144 millones, una diferencia de $723.707 millones, mientras que los traspasos de Codelco subirían desde $1.991.641 millones a $2.248.531 millones. En conjunto, el mayor aporte minero ayuda a contener una caída mayor, aunque no alcanza para revertir el ajuste global de ingresos. La proyección oficial considera que la recaudación de la minería privada crecería 27,6% real anual en 2026, un dato que confirma el rol estratégico del cobre en la estabilidad fiscal chilena y refuerza el impacto que ya venía generando el nuevo escenario de precios altos del metal rojo.

Cumplimiento Tributario: el ajuste que cambió el balance de ingresos

El punto más sensible del informe está en la Ley de Cumplimiento Tributario. Hacienda concluyó que la materialización de los efectos recaudatorios ha sido más lenta y menor que la prevista originalmente. Las medidas transitorias alcanzaron cerca de 0,03% del PIB frente al 0,22% proyectado, mientras que el impuesto a la renta de grupos empresariales no mostró el aumento esperado y el IVA registró incrementos puntuales sin una tendencia sostenida. Por eso, el rendimiento en régimen estimado fue reducido desde 1,5% del PIB a 0,5% del PIB, equivalente a un tercio de lo previsto originalmente. La señal es relevante para el debate fiscal porque expone una dependencia creciente entre recaudación efectiva, crecimiento económico y desempeño minero. En la práctica, el cobre está compensando parte de una brecha tributaria no minera que representa cerca del 90% de los ingresos fiscales.

Deuda sobre el umbral prudente y mayor presión de financiamiento

El alivio minero no resuelve el problema de fondo: el gasto comprometido también sube. Dipres proyecta que el gasto del Gobierno Central Total llegará a $87.550.259 millones en 2026, equivalente al 24,1% del PIB, por sobre el 23,8% estimado en el informe previo. La actualización reconoce $2.578.426 millones en mayores gastos por compromisos legales y obligaciones ineludibles, además de $471.458 millones por medidas de apoyo frente al alza de combustibles. Parte de esa presión se compensa con medidas de contención y eficiencia por $1.307.729 millones, pero el balance efectivo igualmente se ubicaría en -2,4% del PIB. El deterioro se proyecta también hacia la deuda: el Gobierno estima que la deuda bruta llegará a 43,1% del PIB en 2026, 44,4% en 2027, 45,4% en 2028, 46,3% en 2029 y 46,5% en 2030. Ese salto sobre el umbral prudente del 45% ya había encendido alertas en el mercado.

Tres escenarios de crecimiento y una meta de 4% que no aparece en las proyecciones

El informe también deja una señal política relevante: en ninguno de los escenarios oficiales el PIB llega a crecer 4% hacia el final del período presidencial. En el escenario base, Hacienda proyecta un crecimiento promedio de 2,2%, con una expansión de 2,2% al cuarto año. El ministro Jorge Quiroz precisó que se trata de una proyección pasiva, es decir, sin incorporar aún los efectos de las medidas que el Gobierno busca implementar para impulsar la actividad. En el escenario pesimista, marcado por una agudización del conflicto entre Estados Unidos e Irán, mayor precio del petróleo, menor crecimiento mundial y menor demanda por cobre, el crecimiento promedio sería de 2,1%. En el escenario optimista, el impulso vendría por mayor inversión, mejoras en competitividad tributaria y eficiencia en permisos, con un PIB promedio de 2,8% y una expansión de 3,1% hacia 2029. La lectura para la minería es directa: incluso en el escenario adverso, las inversiones mineras y energéticas mantendrían su impulso por su horizonte de largo plazo, reforzando la importancia de la cartera minera de US$104.549 millones para la próxima década.

El cobre gana protagonismo, pero la caja fiscal sigue estrecha

El nuevo cuadro fiscal confirma que Chile enfrenta una combinación exigente: menores ingresos no mineros, mayor gasto comprometido, deuda al alza y una dependencia creciente del ciclo cuprífero. El cobre ayuda, pero no sustituye una estrategia fiscal sostenible. El aumento del supuesto de precio desde US$5,15 a US$5,46 por libra mejora la recaudación esperada de la minería privada y de Codelco, pero también expone la fragilidad de un presupuesto que necesita ingresos permanentes para financiar compromisos permanentes. En ese escenario, la discusión no estará solo en cuánto aporta la minería, sino en cuánto de ese aporte puede considerarse estructural y cuánto corresponde a un viento de cola transitorio. Para el sector minero, el mensaje es doble: el país vuelve a depender del cobre como estabilizador macroeconómico, pero también necesita convertir el ciclo de precios altos en inversión, producción y recaudación sostenible. La ventana existe; la pregunta fiscal es cuánto tiempo permanecerá abierta y si el Estado logrará usarla antes de que la deuda vuelva a estrechar el margen de maniobra.