Precio del oro enfrenta uno de sus giros más abruptos en casi dos décadas, desafiando su histórica condición de activo refugio en contextos de crisis. En marzo de 2026, la cotización del metal precioso se encamina a cerrar con una caída de 14,6%, su peor desempeño mensual desde octubre de 2008, cuando retrocedió 16,8% en plena crisis financiera global. El movimiento ocurre en medio de la escalada del conflicto en Medio Oriente, tras la ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán, un escenario que, contra la lógica tradicional, ha impulsado una liquidación masiva de posiciones en oro. La caída se explica, en gran parte, por el fuerte repunte de los precios de la energía, que ha elevado las expectativas inflacionarias y, con ello, ha reducido la probabilidad de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal, fortaleciendo al dólar y a los rendimientos de los bonos, dos variables que históricamente presionan a la baja al metal.
Un quiebre en el comportamiento histórico del refugio
Durante décadas, el oro ha sido considerado un activo de resguardo en períodos de alta incertidumbre, beneficiándose de conflictos geopolíticos y crisis económicas. Sin embargo, el actual episodio ha evidenciado un cambio en su dinámica. Según datos de mercado, el metal se transa en torno a los US$ 4.622 por onza, muy por debajo del máximo histórico registrado a fines de enero, cuando superó los US$ 5.560. Desde entonces, acumula una caída superior al 20%, entrando técnicamente en un mercado bajista.
Analistas internacionales sostienen que este comportamiento responde a la reactivación de correlaciones tradicionales que se habían debilitado en los últimos años. El fortalecimiento del dólar estadounidense y el alza en los rendimientos reales de los bonos han reducido el atractivo relativo del oro, que no genera intereses, incentivando a los inversionistas a rotar hacia activos con mayor retorno.
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Volatilidad y cambio en la estructura del mercado
El escenario actual también ha estado marcado por un aumento significativo en la volatilidad. De acuerdo con gestores de inversión, la variación del precio del oro en los últimos meses ha duplicado sus niveles históricos, impulsada por una mayor participación de inversionistas financieros y estrategias especulativas de corto plazo.
Este fenómeno ha amplificado los movimientos del mercado, generando caídas más pronunciadas frente a cambios en las expectativas macroeconómicas. A ello se suma el efecto de toma de ganancias, tras el fuerte rally que experimentó el metal durante 2025 y comienzos de 2026, cuando superó ampliamente los niveles sugeridos por sus fundamentos tradicionales.
Energía, tasas y presión sobre el metal
El alza en los precios del petróleo y el gas ha sido un factor determinante. El encarecimiento de la energía ha llevado a los mercados a anticipar presiones inflacionarias más persistentes, lo que reduce el margen de acción de la Reserva Federal para recortar tasas de interés en el corto plazo.
En este contexto, los inversionistas han ajustado sus expectativas, favoreciendo activos denominados en dólares y bonos del Tesoro, lo que ha debilitado la demanda por oro. La relación inversa entre estos factores vuelve a tomar protagonismo, tras un período en que había mostrado señales de desacople, especialmente después del inicio de la guerra en Ucrania.
Perspectivas: Goldman Sachs mantiene visión alcista
Pese al fuerte retroceso, las proyecciones de mediano plazo para el oro se mantienen relativamente optimistas. Goldman Sachs reiteró su estimación de que el metal podría alcanzar los US$ 5.400 por onza hacia fines de 2026, apoyado en tres factores clave:
- Eventuales recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal en el mediano plazo.
- Normalización del posicionamiento especulativo en los mercados financieros.
- Compras sostenidas de oro por parte de bancos centrales a nivel global.
El banco también sitúa el valor razonable actual del metal en torno a los US$ 4.550 por onza, sugiriendo que los niveles actuales ya reflejan gran parte del ajuste derivado del conflicto en Medio Oriente.
Con ello, el oro enfrenta un escenario de alta incertidumbre, donde su rol como refugio vuelve a estar en entredicho en el corto plazo, pero mantiene fundamentos que podrían sostener una recuperación en los próximos trimestres.

