
El plan considera infraestructura en Puerto Montt, Longaví y Paysandú, con instalaciones orientadas al tratamiento de residuos provenientes de industrias como la salmonicultura, la agroindustria, el sector sanitario, la celulosa y los hidrocarburos.
Resiter ejecutará una inversión cercana a US$18 millones para ampliar su infraestructura de tratamiento y valorización de residuos industriales en Chile y Uruguay. El programa contempla tres proyectos ubicados en Puerto Montt, en la Región de Los Lagos; Longaví, en la Región del Maule; y Paysandú, en el oeste uruguayo.
La iniciativa busca incrementar la capacidad disponible para recibir, procesar y transformar residuos orgánicos generados por actividades productivas relevantes para ambas economías. El despliegue considera dos nuevas plantas en territorio chileno y una instalación en Uruguay, con entradas en operación previstas entre fines de 2026 y 2027.
El primer proyecto en avanzar es una planta de compostaje que será instalada en el sector de La Laja, en Puerto Montt. La infraestructura demandará aproximadamente US$6 millones y estará enfocada principalmente en residuos provenientes de la industria salmonera, una de las principales actividades exportadoras del sur de Chile.
La construcción comenzó a fines de abril y su puesta en marcha está proyectada para diciembre de 2026. Una vez operativa, contará con capacidad para recibir hasta 30.000 toneladas de residuos al año.
Nueva capacidad para la industria salmonera
La planta de Puerto Montt ocupará una superficie aproximada de 50.000 metros cuadrados y operará bajo VerdeCorp, centro de valorización perteneciente al ecosistema de soluciones ambientales de Resiter.
Su localización responde a la concentración de centros de cultivo, plantas de procesamiento, proveedores logísticos y servicios vinculados a la salmonicultura en las regiones de Los Lagos y Aysén. Esta actividad genera residuos orgánicos que requieren sistemas de transporte, trazabilidad, tratamiento y disposición capaces de acompañar el crecimiento de la producción.
La nueva capacidad permitirá procesar parte de esos materiales mediante compostaje, evitando que sean enviados directamente a rellenos sanitarios o instalaciones de disposición final. El proceso busca estabilizar la materia orgánica y convertirla en un producto que pueda ser reincorporado a otras actividades, entre ellas la agricultura, la recuperación de suelos y proyectos de paisajismo.
Para las industrias intensivas en recursos naturales, la valorización ha dejado de ser únicamente una variable ambiental. También influye en los costos logísticos, la continuidad operacional, el cumplimiento de compromisos ambientales y la relación con las comunidades cercanas a los centros productivos.
El desafío es especialmente relevante en zonas con alta actividad industrial y limitada disponibilidad de instalaciones autorizadas. La falta de capacidad regional puede aumentar las distancias de transporte y elevar tanto los costos como las emisiones asociadas al movimiento de residuos.
Longaví concentrará residuos sanitarios y agroindustriales
El segundo proyecto chileno será desarrollado en Longaví, comuna ubicada en la provincia de Linares, Región del Maule. La instalación estará destinada a gestionar residuos provenientes principalmente de las industrias sanitaria y agroindustrial.
La planta se emplazará en un terreno de aproximadamente 50 hectáreas y ya cuenta con una Resolución de Calificación Ambiental aprobada, condición que permite avanzar hacia las siguientes etapas de ingeniería, construcción y habilitación.
El inicio de las obras está previsto para comienzos de 2027, mientras que la entrada en funcionamiento se proyecta hacia fines de ese mismo año.
La ubicación resulta estratégica por el peso de la agricultura, la producción de alimentos, la industria frutícola y las operaciones sanitarias en la zona central de Chile. Estas actividades generan lodos y residuos orgánicos que necesitan alternativas de manejo distintas a la disposición tradicional.
El desarrollo de infraestructura en el Maule puede reducir el traslado de residuos hacia otras regiones y acercar las instalaciones de tratamiento a los puntos donde se originan. Esa proximidad disminuye recorridos, mejora el control sobre los materiales transportados y facilita la supervisión de cada etapa del proceso.
También abre espacio para generar productos derivados que puedan ser utilizados dentro del mismo entorno agrícola, siempre que cumplan los requisitos técnicos y sanitarios correspondientes. Este tipo de circuito permite conectar a los generadores industriales con actividades capaces de aprovechar los materiales recuperados.
Paysandú amplía la presencia regional de Resiter
El programa incorpora una tercera planta de compostaje en Paysandú, Uruguay. El proyecto representa una inversión de US$6 millones y estará orientado al tratamiento de residuos orgánicos industriales.
La instalación debería comenzar a operar durante los primeros meses de 2027. Su desarrollo reforzará la presencia de Resiter en un mercado donde ya participa en servicios asociados a la industria de la celulosa y al manejo de residuos vinculados al sector de hidrocarburos.
La compañía opera en Uruguay mediante soluciones de valorización y cuenta con el centro Afrecor, especializado en residuos provenientes de actividades energéticas. La nueva planta permitirá ampliar la cobertura hacia materiales orgánicos y atender una base industrial más diversificada.
Paysandú posee actividad forestal, agroindustrial, energética y logística, por lo que la disponibilidad de infraestructura ambiental constituye un componente relevante para atraer nuevas inversiones y sostener la operación de las instalaciones existentes.
Una señal para la minería y los grandes generadores industriales
Aunque las tres plantas estarán enfocadas inicialmente en residuos de la salmonicultura, la agroindustria, el sector sanitario y otras actividades productivas, la inversión también refleja una tendencia que afecta directamente a la minería: la necesidad de desarrollar infraestructura especializada fuera de las faenas para recuperar materiales y disminuir la disposición final.
La minería genera residuos de múltiples características, desde maderas, plásticos, neumáticos y metales hasta aceites, componentes eléctricos, lodos y materiales peligrosos. Una parte puede ser segregada, tratada o reincorporada a cadenas productivas, pero para ello se requieren instalaciones autorizadas, trazabilidad y capacidad industrial suficiente.
La expansión de operadores especializados permite a las compañías mineras avanzar en objetivos de circularidad sin instalar todos los procesos dentro de sus operaciones. También fortalece el mercado de proveedores ambientales, un segmento que ha adquirido mayor relevancia por las exigencias regulatorias, los compromisos corporativos y la presión por reducir pasivos.
Para los proyectos en evaluación, contar con alternativas regionales de tratamiento puede incidir en el diseño de los planes de manejo de residuos y en los costos de operación a largo plazo. En faenas alejadas de los principales centros urbanos, el transporte hacia instalaciones autorizadas puede representar una parte considerable del gasto ambiental.
Infraestructura ambiental como soporte productivo
El plan de US$18 millones se inserta en una etapa en que las industrias deben demostrar no solo cómo producirán, sino también qué ocurrirá con los residuos generados durante toda la vida útil de sus operaciones.
La disponibilidad de plantas de compostaje, reciclaje y valorización ayuda a reducir la presión sobre rellenos sanitarios y sitios de disposición, pero también exige asegurar mercados estables para los materiales resultantes. La economía circular depende de que los productos recuperados puedan ser utilizados nuevamente y mantengan estándares de calidad, seguridad y trazabilidad.
Los proyectos de Puerto Montt, Longaví y Paysandú avanzarán con calendarios distintos. La instalación de Los Lagos debería ser la primera en comenzar sus operaciones, en diciembre de 2026. La planta uruguaya seguiría a comienzos de 2027, mientras que el complejo del Maule está previsto para fines de ese año.
Con estas iniciativas, Resiter ampliará su capacidad regional para atender industrias que enfrentan mayores exigencias ambientales y operacionales. La inversión también muestra que el tratamiento de residuos está evolucionando desde un servicio complementario hacia una infraestructura necesaria para sostener la producción, habilitar nuevos proyectos y reducir los impactos asociados al crecimiento industrial.






