Santiago Montre, supervisor de Mantenimiento SAG de la empresa Nexxo, ha construido su carrera profesional en torno a la División El Teniente, en la Región de O’Higgins. Su historia cruza oficio, disciplina operacional y liderazgo en terreno, en un área donde la continuidad de los equipos y la seguridad de las personas son parte central del desempeño minero.
Su vínculo con la zona comenzó temprano. Llegó a Rancagua desde Los Ángeles cuando tenía 13 años, en una etapa marcada por el cambio de ciudad y por el inicio de una vida ligada al entorno industrial de la capital regional. A los 19 años subió por primera vez a Sewell como soldador calificado 4G, una especialidad exigente que requiere precisión técnica, control del proceso y experiencia práctica en condiciones de trabajo complejas.
Ese primer ingreso a la faena marcó el inicio de una trayectoria que hoy supera las tres décadas en El Teniente. Con el paso de los años, Montre fue acumulando conocimiento operacional, experiencia en equipos de mantenimiento y una mirada directa sobre la importancia del trabajo bien planificado en una operación minera de alta exigencia.
Del oficio técnico al liderazgo en terreno
El paso desde soldador calificado a supervisor no es solo un cambio de cargo. En minería, implica asumir responsabilidades sobre equipos humanos, coordinación diaria, control de riesgos, cumplimiento de procedimientos y capacidad para resolver problemas bajo presión.
En el caso de Montre, ese tránsito se apoya en una base técnica formada en terreno. Haber trabajado directamente en labores de mantenimiento le permite entender las dificultades reales de los trabajadores, los tiempos de intervención, las condiciones físicas del entorno y la importancia de contar con herramientas adecuadas antes de ejecutar una tarea.
“Como supervisor, tengo que darles las herramientas a los trabajadores para que nos cuidemos”, plantea Montre. La frase resume una visión práctica del liderazgo en mantenimiento: no basta con exigir cumplimiento; también se requiere habilitar condiciones seguras, ordenar el trabajo y asegurar que los equipos cuenten con respaldo técnico y operativo.
En faenas como El Teniente, donde las actividades de mantenimiento se insertan en sistemas productivos de alta continuidad, la supervisión cumple un rol crítico. Cada intervención debe coordinarse con criterios de seguridad, disponibilidad de equipos y disciplina operacional. Un error puede afectar no solo la ejecución de una tarea, sino también la continuidad del proceso y la exposición de las personas a riesgos evitables.
Mantenimiento SAG y seguridad operacional
El trabajo de mantenimiento en áreas asociadas a molienda SAG demanda experiencia, coordinación y rigurosidad. Son equipos de alta relevancia dentro del procesamiento minero, por lo que las labores de inspección, reparación o soporte requieren planificación, control de energías, comunicación permanente y cumplimiento estricto de los procedimientos definidos para cada intervención.
En ese contexto, el rol del supervisor no se limita a distribuir tareas. También debe verificar condiciones, anticipar riesgos, observar conductas, corregir desviaciones y promover que cada trabajador ejecute sus labores con claridad sobre el objetivo y los peligros asociados.
La seguridad, en este tipo de funciones, no puede tratarse como un mensaje general. Debe convertirse en una práctica diaria: revisar antes de intervenir, detenerse cuando existan dudas, comunicar cambios de condición y asegurar que cada integrante del equipo entienda su responsabilidad dentro del proceso.
La experiencia de Montre refleja precisamente ese aprendizaje acumulado. Después de más de 30 años en una operación de gran escala, su mirada apunta a la protección del equipo humano como condición básica para cumplir los compromisos operacionales. En mantenimiento, la productividad depende de la calidad técnica, pero también de la capacidad de trabajar sin improvisaciones.
Trayectoria, aprendizaje y cultura minera
La historia de Montre también muestra un rasgo común en la minería chilena: carreras laborales que se construyen desde el oficio y avanzan hacia posiciones de mayor responsabilidad a partir de la experiencia, la capacitación y el desempeño en terreno.
Sewell, donde inició su vínculo con la operación a los 19 años, representa una parte relevante de la memoria minera de El Teniente. Para trabajadores de distintas generaciones, subir a la zona significó entrar en contacto con una cultura laboral exigente, marcada por la disciplina técnica, el compañerismo y la adaptación a condiciones de alta complejidad.
Esa formación práctica sigue teniendo valor en la minería actual. Aunque la industria avanza en automatización, digitalización y mejores estándares de control, el conocimiento de terreno continúa siendo decisivo. Los supervisores con trayectoria operativa aportan lectura de riesgo, criterio técnico y capacidad para orientar a equipos más jóvenes.
En empresas proveedoras como Nexxo, que participan en servicios especializados para operaciones mineras, ese capital humano es clave. La minería depende de una red amplia de contratistas y especialistas que sostienen tareas críticas en mantenimiento, montaje, apoyo operacional y continuidad de procesos.
El peso de los proveedores en la continuidad minera
La operación minera moderna no se explica solo por la empresa mandante. También depende del trabajo de compañías colaboradoras que ejecutan funciones especializadas bajo estándares exigentes de seguridad, calidad y cumplimiento.
En ese ecosistema, los supervisores cumplen una función bisagra entre la planificación y la ejecución. Son quienes traducen los procedimientos en acciones concretas, verifican que las condiciones estén dadas y sostienen la comunicación entre trabajadores, jefaturas y áreas operacionales.
La experiencia de Montre en la División El Teniente permite observar ese rol desde una perspectiva humana y técnica. Su carrera no se construyó desde la distancia, sino desde el contacto directo con equipos, herramientas, turnos, condiciones de faena y aprendizaje acumulado durante años.
Para la industria minera, este tipo de trayectoria tiene valor porque conecta productividad con cultura preventiva. La seguridad no depende únicamente de normas escritas; requiere liderazgo visible, trabajadores preparados y supervisores capaces de intervenir antes de que un riesgo se transforme en incidente.
Un liderazgo basado en experiencia y cuidado
La frase de Montre pone el foco en una responsabilidad concreta: entregar herramientas para cuidarse. En minería, esa idea abarca elementos físicos, capacitación, planificación, información clara y respaldo para detener una tarea cuando las condiciones no son seguras.
Su historia laboral muestra cómo el oficio puede transformarse en liderazgo cuando existe experiencia acumulada y compromiso con el equipo. Desde su llegada a Rancagua en la adolescencia hasta su actual rol en Nexxo, su trayectoria refleja una parte esencial de la minería chilena: trabajadores que han crecido junto a las operaciones y que hoy transmiten conocimiento a nuevas generaciones.
En una actividad donde la continuidad productiva suele concentrar la atención, testimonios como el de Montre recuerdan que el mantenimiento minero se sostiene sobre personas, criterios técnicos y decisiones diarias. Cuidar a los equipos no es una consigna; es una condición para que la operación funcione.