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Telescopio en Chile detecta la primera atmósfera en un planeta rocoso dentro de una zona habitable

Astrónomos han detectado por primera vez una atmósfera en un planeta rocoso dentro de la zona habitable, LHS 1140 b, a 48 años luz de la Tierra, lo que abre nuevas posibilidades en la búsqueda de mund

Telescopio en Chile detecta la primera atmósfera en un planeta rocoso dentro de una zona habitable
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LHS 1140 b está a unos 48 años luz y mostró helio escapando de sus capas superiores. El hallazgo no confirma vida ni océanos, pero abre una nueva etapa en la búsqueda de mundos parecidos a la Tierra.

Astrónomos detectaron por primera vez una atmósfera alrededor de un planeta rocoso ubicado en la zona habitable de otra estrella. El protagonista es LHS 1140 b, una supertierra situada a unos 48 años luz, cuya señal atmosférica fue observada con el telescopio Magellan Clay, instalado en el Observatorio Las Campanas, en el norte de Chile.

La detección se produjo al identificar helio que escapa desde las capas superiores del planeta. Ese gas funciona como una señal de que LHS 1140 b logró conservar una envoltura atmosférica durante miles de millones de años, pese a recibir radiación de su estrella.

El avance es relevante porque hasta ahora se habían encontrado planetas rocosos dentro de zonas habitables, pero no se había demostrado con claridad que alguno mantuviera una atmósfera. Sin ella, resulta difícil que un mundo pueda regular su temperatura, proteger su superficie de parte de la radiación o sostener agua líquida durante largos períodos.

Qué se sabe de LHS 1140 b

LHS 1140 b es un planeta rocoso con una masa equivalente a unas 5,6 Tierras y un radio 1,73 veces mayor al terrestre. Por su tamaño se clasifica como una supertierra, una categoría que agrupa mundos más grandes que nuestro planeta, pero bastante más pequeños que gigantes como Neptuno.

Completa una órbita alrededor de su estrella cada 24,7 días. Esa vuelta más corta que el año terrestre se explica porque gira cerca de una enana roja, una estrella más pequeña, fría y tenue que el Sol.

El planeta recibe cerca del 42% de la energía estelar que llega a la Tierra. Su temperatura de equilibrio se estima en unos 226 kelvin, equivalentes a aproximadamente -47 °C, aunque ese cálculo no representa necesariamente la temperatura real de su superficie.

La composición de la atmósfera puede modificar de manera importante las condiciones mediante el efecto invernadero.

Estar en la llamada zona habitable tampoco significa que el planeta esté habitado. El concepto identifica una región donde, bajo determinadas condiciones atmosféricas, podría existir agua líquida. Es un punto de partida para seleccionar objetivos de observación, no una prueba de vida.

La señal fue captada desde Chile

El equipo utilizó el espectrógrafo infrarrojo WINERED, instalado en el telescopio Magellan Clay del Observatorio Las Campanas. El instrumento separa la luz en distintas longitudes de onda y permite buscar la huella de elementos químicos cuando un planeta pasa frente a su estrella.

Durante el tránsito de LHS 1140 b, una pequeña parte de la luz estelar atravesó las capas externas de su atmósfera. En esos datos apareció una señal asociada al helio metaestable, una forma de helio detectable en el infrarrojo cercano y que suele encontrarse en gases que escapan hacia el espacio.

Las observaciones realizadas en 2024 mostraron helio antes, durante y después del tránsito, lo que apunta a una atmósfera extendida y a una posible cola de gas. El análisis descartó que la señal proviniera de la actividad de la estrella o de interferencias causadas por la atmósfera terrestre.

Una nueva observación realizada en 2025 no volvió a mostrar la misma señal. Los investigadores interpretan esa diferencia como evidencia de que la pérdida de gas podría variar con el tiempo.

La ausencia en la segunda medición no elimina la detección inicial, pero obliga a seguir observando para entender cómo cambia la atmósfera.

Una atmósfera distinta a la de la Tierra

El helio detectado no significa que LHS 1140 b tenga una atmósfera igual a la terrestre. Los modelos apuntan a que su parte superior sería rica en helio y muy pobre en hidrógeno, mientras que gases más pesados podrían permanecer atrapados en capas inferiores.

Entre esos componentes podrían existir elementos como oxígeno, carbono y nitrógeno, pero su presencia y proporción todavía no han sido determinadas. Tampoco se ha confirmado dióxido de carbono, vapor de agua, océanos ni señales químicas relacionadas con actividad biológica.

La composición final será clave para saber si el planeta puede mantener temperaturas compatibles con agua líquida. Un mundo ubicado en la zona habitable podría ser demasiado frío si su atmósfera es delgada, o demasiado caliente si acumula una cantidad elevada de gases de efecto invernadero.

El tamaño y la densidad de LHS 1140 b también han llevado a considerar que podría contener una proporción importante de agua. Esa posibilidad sigue abierta, pero la nueva detección solo demuestra que existe una atmósfera y no permite establecer cómo luce la superficie.

Por qué este hallazgo cambia la búsqueda de vida

La mayoría de las atmósferas estudiadas fuera del sistema solar pertenecen a planetas gigantes, calientes y cubiertos de gas. Sus grandes dimensiones facilitan la observación, porque bloquean más luz al pasar frente a sus estrellas y producen señales químicas más intensas.

Los planetas rocosos son mucho más difíciles de analizar. Son pequeños, generan señales débiles y, cuando orbitan enanas rojas, pueden perder sus gases por la radiación emitida durante las primeras etapas de vida de la estrella.

LHS 1140 b demuestra que al menos un planeta rocoso situado en una zona habitable pudo conservar una atmósfera durante miles de millones de años. Su estrella es relativamente tranquila para una enana roja, una condición que podría haber favorecido la supervivencia de esa envoltura gaseosa.

La comparación con LHS 1140 c, otro planeta rocoso del mismo sistema, refuerza el interés científico. Este segundo mundo está más cerca de la estrella, recibe mucha más radiación y no mostró señales de helio.

Ambos cuerpos permiten estudiar por qué algunos planetas conservan su atmósfera mientras otros la pierden.

Qué falta por comprobar

El siguiente paso será medir la composición de las capas más profundas y buscar moléculas que permitan reconstruir el clima del planeta. También será necesario confirmar si existen nubes, agua o una superficie sólida expuesta.

La detección no equivale a encontrar una segunda Tierra y mucho menos vida extraterrestre. LHS 1140 b es más grande, más masivo y probablemente está acoplado por marea, lo que significa que podría mostrar siempre la misma cara hacia su estrella.

Aun con esas diferencias, el hallazgo convierte al planeta en uno de los objetivos más relevantes para futuras observaciones. También confirma el papel de la infraestructura astronómica instalada en Chile en investigaciones capaces de responder una pregunta central: si los mundos rocosos con atmósfera son una excepción o una característica común en la galaxia.