
Las lluvias golpearon con fuerza la infraestructura agrícola y pisquera de Coquimbo, pero también elevaron las reservas hídricas. Mientras el centro enfrenta dificultades comerciales, el sur muestra mejores resultados en avellanas, leche y carne.
El sistema frontal que afectó a una amplia parte de Chile dejó un escenario dividido para la agricultura. En el Norte Chico, productores enfrentan predios inundados, canales destruidos, caminos cortados y daños que podrían complicar el inicio de la próxima temporada de riego. Más al sur, las precipitaciones mejoraron la disponibilidad de agua sin provocar, hasta ahora, pérdidas productivas generalizadas.
El balance también revela diferencias económicas entre cultivos. La uva pisquera y las cerezas atraviesan un panorama complejo, mientras el avellano europeo, la producción lechera y la ganadería bovina muestran mejores perspectivas.
La principal preocupación inmediata está en Coquimbo, donde el agua benefició a los embalses y acuíferos, pero avanzó con tal fuerza por quebradas, ríos y canales que arrasó parte de la infraestructura necesaria para mantener operativos los campos.
Coquimbo concentra los daños más severos
La zona pisquera fue una de las más afectadas por las lluvias. Más de un centenar de productores vinculados a la Cooperativa Capel registraron inundaciones en sus predios y daños en sistemas de riego, mientras algunos sectores continuaban con problemas de acceso debido a cortes de caminos.
La denominación de origen del pisco obliga a utilizar uvas producidas en los valles de Alto del Carmen, Elqui, Limarí y Choapa. En conjunto, estas áreas concentran más de 6.000 hectáreas de parras destinadas a la industria.
Aunque la vid se encuentra en periodo de latencia durante el invierno, lo que reduce el daño directo sobre hojas y brotes, la situación puede cambiar durante septiembre. En ese mes comienza la brotación y los productores necesitarán que canales, tuberías, bocatomas y otras obras de riego estén nuevamente funcionando.
También se observaron afectaciones puntuales en cultivos de cítricos, hortalizas, uva de mesa, paltos y cerezos. En algunos lugares, el desborde de cursos de agua arrastró frutas y verduras desde los valles agrícolas hasta sectores costeros.
El problema, por tanto, no se limita a la pérdida de cultivos. Los cortes de rutas y caminos interiores dificultan el traslado de productos hacia plantas procesadoras, centros de embalaje y puertos de exportación.
Embalses suben y mejoran las reservas de agua
La contraparte positiva del temporal fue el aumento de las reservas hídricas en una región marcada durante años por la sequía.
Antes de las lluvias, los embalses de Coquimbo almacenaban cerca de 146 millones de metros cúbicos, equivalentes a alrededor del 10,8% de su capacidad. Al 22 de julio, el volumen se aproximaba a 390 millones de metros cúbicos, cerca del 29% de la capacidad regional.
El incremento permite enfrentar con mejores condiciones la temporada agrícola 2026-2027 y favorece la recarga de acuíferos y pozos profundos. La nieve acumulada en la cordillera también podría entregar agua durante la primavera y el verano.
Sin embargo, contar con más reservas no garantiza por sí solo el riego. El agua debe ser conducida hasta los predios, por lo que la velocidad de reparación de canales y obras dañadas será determinante para los agricultores del Limarí, Elqui y otros valles.
Cerezas enfrentan un tercer año de presión
En la zona central, las lluvias fueron mayoritariamente favorables desde el punto de vista hídrico. Los daños reportados se concentraron en techumbres, invernaderos y estructuras afectadas por el viento.
La mayor inquietud está en el escenario comercial de la cereza, principal fruta chilena de exportación. Entre septiembre de 2025 y junio de 2026, los envíos de cerezas alcanzaron cerca de US$2.820 millones.
El rubro viene de dos temporadas con elevada oferta y menores precios para los productores. Para el próximo ciclo se proyecta un nuevo aumento del volumen disponible, lo que podría mantener la presión sobre los valores de venta.
La industria tiene más de 80.000 hectáreas plantadas y genera alrededor de 200.000 empleos entre labores agrícolas, cosecha, embalaje, transporte y servicios relacionados. Una reducción prolongada de los márgenes podría impactar tanto a los productores como a contratistas y trabajadores temporales de regiones como O’Higgins y Maule.
El sector busca ampliar destinos para reducir la dependencia de China, pero el crecimiento de otros mercados todavía no avanza al mismo ritmo que la producción chilena.
Uva de mesa y palta muestran mejores perspectivas
Otras especies del centro presentan un panorama menos adverso. La uva de mesa mantiene expectativas positivas por las oportunidades de comercialización hacia Estados Unidos, especialmente durante los periodos en que existe menor disponibilidad de fruta de otros países proveedores.
La palta también registra un escenario favorable por la demanda interna y el aumento de los envíos hacia mercados latinoamericanos, principalmente Argentina.
Más compleja es la situación de algunos carozos, como duraznos, damascos y determinadas variedades de ciruela, que vienen de una temporada con precios bajos. El Maule cuenta con una matriz más diversificada, que incluye manzanas, peras y kiwis, lo que reduce parcialmente la exposición a un solo producto.
Durante la temporada, los envíos de kiwis aumentaron 21,9% en valor, mientras las manzanas avanzaron 5,7% y las ciruelas subieron 9,2%.
Avellano europeo impulsa al sur agrícola
Entre el Maule y Los Lagos, el avellano europeo se ha convertido en una de las actividades de mayor crecimiento. La superficie plantada se duplicó en cuatro años y llegó a cerca de 49.000 hectáreas, ubicándose como la segunda especie frutal con mayor extensión en Chile después del cerezo.
Entre septiembre de 2025 y junio de 2026, las exportaciones de avellanas alcanzaron US$563 millones, con un aumento de 135,4% en valor. Chile se posicionó como segundo exportador mundial de avellanas sin cáscara y como líder en envíos con cáscara.
Los frutos secos en su conjunto sumaron exportaciones por US$1.285 millones durante la temporada 2025-2026, un incremento de 85,5%. Las nueces también mostraron un avance importante, aunque parte de sus embarques enfrenta dificultades logísticas asociadas a las tensiones internacionales en Medio Oriente.
Otros productos con mejores resultados son los arándanos y las frambuesas, especialmente en formatos congelados.
Leche y carne avanzan, pero los granos siguen bajo presión
La producción de leche y carne bovina también atraviesa un periodo favorable en el sur. El sector lechero acumula tres años de aumento en los precios pagados a productores, junto con una expansión de la producción y las exportaciones.
El escenario es distinto para los cultivos tradicionales de Ñuble y La Araucanía. Productores de trigo, maíz, cebada, avena y canola enfrentan una fuerte presión de costos, especialmente por el encarecimiento de fertilizantes e insumos.
Los costos de producción de granos habrían aumentado cerca de 35%, afectando la rentabilidad y provocando una reducción de la superficie sembrada. Las lluvias recientes no generaron daños relevantes en estos cultivos, pero el problema económico continúa.
La primavera será el próximo punto crítico
El mayor riesgo para el agro chileno podría aparecer entre septiembre y noviembre. En ese periodo se desarrolla la floración y el cuaje de buena parte de las frutas, etapas especialmente sensibles a lluvias intensas, viento, granizos y cambios bruscos de temperatura.
Un nuevo temporal durante esos meses tendría consecuencias distintas a las observadas en invierno, porque podría afectar directamente la formación de la fruta y reducir los volúmenes destinados a exportación.
El episodio también volvió a instalar la discusión sobre la infraestructura hídrica. El sector agrícola plantea acelerar la construcción de embalses y obras de regulación, especialmente en Valparaíso, O’Higgins, Maule y Ñuble.
Estas inversiones no solo permitirían almacenar agua para los periodos secos. También podrían ayudar a contener crecidas, reducir la velocidad de los caudales y proteger campos, caminos y ciudades ante eventos extremos cada vez más frecuentes.
La nota fue redactada y estructurada como contenido editorial propio, con cifras verificadas al 26 de julio de 2026.