Tierras raras: el buque japonés Chikyu zarpó el 12 de enero de 2026 para una prueba de recuperación continua de lodo del fondo marino a unos 6.000 metros de profundidad cerca de la isla Minamitori, dentro de la zona económica exclusiva del país, según Reuters. El movimiento llega mientras Tokio acelera medidas para recortar su exposición a los suministros chinos de minerales críticos en un escenario de restricciones y fricción comercial.
Qué está probando el Chikyu y por qué se considera un “primer intento” mundial
La misión se centra en validar, en condiciones reales, la capacidad de levantar de forma sostenida “lodo rico en tierras raras” desde el lecho oceánico hasta el buque, utilizando tuberías y equipos de recuperación desarrollados para operar en profundidades extremas.
Datos operativos reportados para esta fase:
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Fecha de salida: 12 de enero de 2026.
Ventana de prueba: un mes.
Profundidad objetivo: alrededor de 6 km.
Dotación: 130 personas entre tripulación e investigadores.
Regreso programado: 14 de febrero de 2026.
En la práctica, el hito es técnico: lograr continuidad, estabilidad de flujo y control operacional a 6.000 metros. Reuters consignó que el jefe del proyecto, Shoichi Ishii, describió esta etapa como “pruebas de confirmación” tras siete años de preparación, y la enmarcó en la diversificación del abastecimiento de Japón.
Dónde está el recurso: Minamitorishima y el “lodo REY” que disparó el interés científico
El área de interés se ubica en torno a Minamitorishima (Minami-Torishima), un atolón remoto en el Pacífico occidental, aproximadamente a 1.900 km al sureste de Tokio.
El potencial mineral de esta zona viene siendo documentado por la academia japonesa desde hace más de una década. La Universidad de Tokio reportó que, en muestreos de lodo marino recolectados en la ZEE alrededor de Minami-Torishima, se identificaron concentraciones máximas de elementos de tierras raras e itrio (REY) de 6.600 ppm, y que las muestras analizadas provenían del fondo oceánico entre 5.600 y 5.800 metros de profundidad (Universidad de Tokio).
Ese trasfondo explica por qué el foco ahora está en la ingeniería de recuperación: el recurso ya fue caracterizado, pero el desafío es llevarlo a una cadena industrial viable.
La presión geopolítica: controles chinos, diversificación y el costo de la dependencia
La operación se inserta en una estrategia explícita de reducción de riesgo de suministro. Reuters recordó que Japón redujo su dependencia de China desde 90% a 60% tras el episodio de 2010, combinando inversiones en proyectos fuera de China, reciclaje y cambios en manufactura; aun así, el país seguiría altamente expuesto en ciertas “tierras raras pesadas” clave para imanes usados en motores de vehículos eléctricos e híbridos.
En paralelo, el contexto internacional refuerza la urgencia. Reuters informó que China prohibió envíos a Japón de ítems destinados al ámbito militar con usos civiles y militares, incluyendo minerales críticos, y añadió que el Wall Street Journal reportó restricciones más amplias sobre exportaciones de tierras raras hacia Japón (medida que Pekín no habría confirmado públicamente).
La dinámica es coherente con lo que ya se observa en otros frentes de minerales críticos: el control de refinación y procesamiento aparece como cuello de botella, tema que también se discute en el análisis sobre la concentración industrial vinculada a tierras raras y Groenlandia, donde el acceso al recurso no siempre se traduce en suministro efectivo.
Qué sigue tras la prueba: plazos, inversión pública y escalamiento
Además de la validación técnica, el siguiente paso es definir si el esquema puede escalar y en qué condiciones económicas. Reuters reportó que el proyecto de Minamitori ha recibido 40.000 millones de yenes (US$250 millones) de inversión estatal desde 2018, que no se han divulgado reservas estimadas ni metas de producción, y que si la fase actual resulta exitosa se contempla una prueba de minería a mayor escala en febrero de 2027.
En el tablero global, la carrera por asegurar fuentes alternativas ya empuja anuncios y revalorizaciones de proyectos en distintos continentes, como muestran los casos de un hallazgo en Europa valorizado en 64.000 millones de euros y otro reporte de yacimiento valorizado en 64.000 millones. En Chile, el interés por la cadena de valor también se traslada a tecnologías de recuperación desde fuentes secundarias, como relaves, línea que quedó reflejada en los proyectos impulsados por Corfo en litio y tierras raras por hasta US$6 millones.
Lo inmediato, sin embargo, está en el mar: la prueba del Chikyu apunta a demostrar operación continua a 6.000 metros, con un hito de calendario claro —14 de febrero— para evaluar desempeño y resultados de recuperación.









