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Basura espacial supera las 9.000 toneladas y amenaza servicios clave en la Tierra

La creciente acumulación de basura espacial, que supera las 9.000 toneladas, representa un grave riesgo para los satélites y servicios esenciales en la Tierra, como comunicaciones y navegación.

Basura espacial supera las 9.000 toneladas y amenaza servicios clave en la Tierra
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La acumulación de satélites fuera de servicio, restos de cohetes y millones de fragmentos aumenta el riesgo de colisiones en las órbitas utilizadas para comunicaciones, navegación, pronósticos meteorológicos y respuesta ante emergencias.

La basura espacial que rodea la Tierra supera las 9.000 toneladas métricas y continúa aumentando junto con el número de lanzamientos y constelaciones de satélites. Su acumulación eleva el peligro de colisiones capaces de dañar equipos que prestan servicios esenciales para la vida cotidiana.

La estimación de masa fue publicada por la Oficina del Programa de Desechos Orbitales de la NASA y corresponde a enero de 2022. Datos más recientes de la Agencia Espacial Europea (ESA) muestran que el problema siguió creciendo durante los años posteriores.

De acuerdo con el Informe sobre el Entorno Espacial 2025 de la ESA, las redes de vigilancia siguen cerca de 40.000 objetos en órbita. De ellos, aproximadamente 11.000 corresponden a cargas útiles activas.

La cantidad real es considerablemente mayor. La agencia europea estima que existen más de 1,2 millones de fragmentos superiores a un centímetro, tamaño suficiente para provocar daños graves en un satélite durante una colisión. Más de 50.000 objetos tendrían dimensiones superiores a diez centímetros.

Comunicaciones y navegación dependen de órbitas congestionadas

Los satélites sostienen servicios como internet, televisión, telefonía, sistemas de posicionamiento, pronósticos meteorológicos, observación terrestre y coordinación frente a desastres naturales.

Eduardo Unda-Sanzana, director del Centro de Astronomía de la Universidad de Antofagasta, explicó en declaraciones publicadas por El Mercurio que numerosas actividades desarrolladas en la Tierra dependen de la órbita baja, entre ellas las comunicaciones, la navegación satelital, la información climática y la respuesta ante emergencias.

El riesgo no implica que las comunicaciones terrestres vayan a interrumpirse de manera inmediata. El problema es que una colisión puede inutilizar satélites, obligar a realizar maniobras evasivas y generar nuevos fragmentos que permanezcan durante años o décadas alrededor del planeta.

La ESA advirtió que los procedimientos para evitar choques aumentan cada año, especialmente en la órbita terrestre baja. Esta zona, ubicada hasta aproximadamente 2.000 kilómetros de altura, concentra buena parte de los satélites de observación y de las constelaciones comerciales de comunicaciones.

Las colisiones pueden multiplicar los fragmentos

La basura espacial incluye satélites inactivos, etapas de cohetes, adaptadores de lanzamiento y piezas desprendidas durante explosiones o choques. Incluso los fragmentos pequeños pueden causar daños importantes debido a las altas velocidades con las que se desplazan.

Durante 2024, varias fragmentaciones incorporaron más de 3.000 objetos rastreables al entorno orbital, según la ESA. La agencia sostiene que, aunque se detuvieran todos los lanzamientos, la cantidad de desechos podría seguir aumentando porque los objetos existentes pueden colisionar y dividirse en piezas más pequeñas.

Este proceso es conocido como síndrome de Kessler: una reacción en cadena de impactos que podría volver inseguras o inutilizables determinadas órbitas. La amenaza afectaría tanto a los satélites operativos como a futuras misiones espaciales.

Agencias piden retirar satélites fuera de servicio

Las medidas de prevención incluyen retirar los satélites de las órbitas más congestionadas al término de su vida útil, vaciar combustibles residuales y descargar baterías para evitar explosiones.

La Oficina de Naciones Unidas para Asuntos del Espacio Exterior también impulsa directrices internacionales destinadas a disminuir la generación de nuevos residuos orbitales.

Sin embargo, la ESA advierte que el cumplimiento de estas medidas todavía no basta para frenar el crecimiento de la basura espacial. Además de prevenir nuevos desechos, el organismo considera necesario retirar activamente algunos de los objetos grandes que ya permanecen sin control alrededor de la Tierra.