
La controversia en Chile por el cable submarino de fibra óptica hacia Hong Kong —y el roce diplomático con la administración de Donald Trump— abrió un flanco inesperado: Perú aparece como candidato a capturar la inversión y redirigir el trazado, en un momento en que Lima busca reforzar su conectividad y reducir vulnerabilidades.
La presión sobre Chile y el efecto arrastre hacia la región
El proyecto de fibra óptica entre Valparaíso y Hong Kong quedó en el centro de la disputa geopolítica por infraestructura crítica, con efectos directos en la relación bilateral Chile–Estados Unidos y en la evaluación de riesgos asociados a redes estratégicas.
En Chile, el episodio se enmarca en la crisis que detonó la revisión del proyecto atribuido a China Mobile y las medidas estadounidenses que escalaron el caso a nivel diplomático, según el recuento de China Mobile y cable submarino a Hong Kong: EE.UU. revoca visas y desata crisis diplomática con Chile.
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En paralelo, el Gobierno chileno empuja otra vía de conectividad transpacífica: el cable Humboldt, que busca conectar Valparaíso con Sídney con 14.800 km de extensión y operación proyectada para 2027, como se detalla en Humboldt: 14.800 kilómetros bajo el Pacífico que convertirán a Chile en hub digital hacia Oceanía.
Perú y su punto débil: todos los cables aterrizan en Lurín y miran al norte
La principal señal de alerta para Perú no es solo cuántos cables tiene, sino cómo están configurados. Un reporte de Diario Financiero describe que el país cuenta con cuatro cables submarinos y que todos aterrizan en un mismo punto: Lurín, al sur de Lima.
El mismo reporte enumera los enlaces y sus fechas: PAN-AM (1999), SAC (2000), SAm-1 (2001) y Mistral (operativo desde 2021), subrayando que el trazado de los cuatro va hacia Estados Unidos y que ninguno conecta directamente con Asia. En esa lectura, el problema se vuelve estratégico: para que tráfico peruano llegue a China, hoy pasa primero por territorio estadounidense, y un enlace directo al Asia-Pacífico sería una forma de diversificar rutas y reducir esa dependencia.
Red Dorsal: el “esqueleto” interno que puede acelerar o trabar el salto internacional
Perú ya tiene una infraestructura terrestre que se vuelve relevante si se quiere “recoger” tráfico desde distintos puntos del país y moverlo con eficiencia hacia un cable transoceánico: la Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica (RDNFO).
El Ministerio de Transportes y Comunicaciones de Perú define la RDNFO como un tendido de 13.500 kilómetros de fibra óptica para brindar internet de alta velocidad, e informa que al 2018 la red estaba desplegada al 100% en 180 capitales de provincia (de 195). En el mismo balance oficial se consigna que 29 empresas operadoras estaban conectadas a la red y que la concesión para construcción, operación y mantenimiento se suscribió el 17 de junio de 2014 por 20 años, con un esfuerzo de inversión de US$333 millones, según el resumen institucional de Red Dorsal Nacional de Fibra Óptica.
En la práctica, el atractivo para un cable hacia Asia no está solo en la línea submarina: está en cómo se alimenta de tráfico interno, cómo se enruta desde nodos regionales y qué grado de control mantiene el Estado sobre la operación.
Chancay como precedente: inversión, influencia y el test de fiscalización
La discusión peruana no ocurre en el vacío. China ya consolidó presencia en infraestructura crítica en Perú, y el megapuerto de Chancay se transformó en el símbolo más visible de esa huella.
El caso también dejó una advertencia que hoy reaparece en el debate por telecomunicaciones: las tensiones institucionales y los límites de fiscalización frente a operadores de gran escala. Ese conflicto quedó expuesto en Megapuerto de Chancay: Cosco controla 60% y Perú amenaza con ir al TC tras un fallo que frena la fiscalización, donde se describe el choque entre el Ejecutivo peruano y el alcance de la supervisión regulatoria sobre el terminal.
Qué exigiría un acuerdo: foco en usuario, soberanía regulatoria y operación
En el debate que citan consultores y analistas, el potencial económico de un cable directo a Asia convive con condiciones que se vuelven inevitables en infraestructura crítica:
Definir cómo se resguarda la soberanía regulatoria sobre la operación, fiscalización y cumplimiento.
Establecer obligaciones explícitas de servicio y calidad que aterricen beneficios en el consumidor local (precio, estabilidad, redundancia y capacidad).
Determinar el encaje con la Red Dorsal: si el objetivo es acelerar el transporte de datos desde el interior hacia el cable submarino, la interoperabilidad y el control sobre nodos y rutas pasan a ser el punto de negociación.
Asegurar reglas de seguridad y gobernanza técnica sobre el tráfico (gestión, monitoreo, auditorías y capacidades de respuesta ante incidentes), con autoridad local efectiva sobre la red.












