Una cartera superior a US$104 mil millones abre una oportunidad excepcional para el país, pero menores leyes, mayores requerimientos de agua y energía, permisos y ejecución de grandes proyectos determinarán cuánto podrá crecer realmente la producción hacia 2034
La minería chilena llega al segundo semestre de 2026 enfrentando una combinación particularmente favorable: elevados precios internacionales del cobre, una cartera de inversiones que supera los US$100 mil millones y perspectivas de demanda mundial que continúan fortaleciendo el papel estratégico del metal rojo.
Sin embargo, detrás de estas cifras aparece una realidad técnicamente más compleja. Chile deberá explotar yacimientos progresivamente más profundos, procesar mayores volúmenes de mineral para compensar la disminución de las leyes, aumentar significativamente la disponibilidad de agua de mar y electricidad y, sobre todo, conseguir que una extensa cartera de proyectos avance desde los estudios y permisos hacia la construcción y operación.
La Cartera de Proyectos de Inversión Minera 2025-2034 de Cochilco alcanza US$104.549 millones, US$21.369 millones más que el catastro anterior. El cobre concentra 89,8% del total y el 81% del portafolio corresponde a iniciativas brownfield, es decir, expansiones, reposiciones o prolongaciones de operaciones existentes.
Esa composición es fundamental para comprender hacia dónde está avanzando la minería chilena. Más que una multiplicación de nuevas minas greenfield, el próximo ciclo estará fuertemente apoyado en extender y aumentar la capacidad de grandes yacimientos que ya cuentan con infraestructura, plantas, caminos, energía y experiencia operacional.
US$104.549 millones, pero no todos tienen el mismo grado de certeza
La cifra global debe analizarse con cautela.
Cochilco señala que una porción considerable de los proyectos permanece en etapas tempranas de desarrollo y que más del 40% del CAPEX previsto se concentra después de 2030. Su materialización dependerá de ingeniería, permisos ambientales, financiamiento, infraestructura y acuerdos con las comunidades.
Además, durante 2025 ya se habían materializado aproximadamente US$11.503 millones en proyectos en ejecución. Para las iniciativas de cobre actualmente en construcción quedaban por invertir otros US$29.823 millones, principalmente antes de 2030. La inversión futura en cobre considerada para 2025-2029 asciende a US$46.012 millones.
Por ello, los US$104.549 millones representan fundamentalmente una cartera potencial de desarrollo, y no US$104.549 millones de capital completamente aprobado y comprometido.
Diez proyectos que pueden definir la minería chilena de la próxima década
Dentro de esa cartera existen iniciativas capaces de modificar de manera significativa la producción nacional. Algunas buscan reemplazar capacidad que desaparecerá por agotamiento de mineral; otras agregarán toneladas completamente nuevas.
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Proyecto |
Empresa |
Región |
Inversión / referencia |
Capacidad o aporte esperado |
Situación actual / horizonte |
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Nueva Concentradora Los Colorados – Escondida |
BHP |
Antofagasta |
US$4.400–5.900 millones |
Nueva capacidad para producir 220–260 mil t/año de cobre |
Permiso ambiental ingresado en marzo de 2026; reemplazará la histórica planta Los Colorados |
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Nueva Concentradora Rosario – 4ª línea Collahuasi |
Collahuasi |
Tarapacá |
Proyecto de varios miles de millones de dólares |
Ampliación importante de capacidad de concentración |
Prefactibilidad; uno de los mayores proyectos identificados por Cochilco |
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Quebrada Blanca |
Teck y socios |
Tarapacá |
QB2 ya construido; continúan optimizaciones |
Guía 2026 de aproximadamente 200–235 mil t de cobre |
Operación en estabilización y optimización de capacidad |
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El Abra – expansión de sulfuros |
Freeport-McMoRan / Codelco |
Antofagasta |
Gran expansión en evaluación |
Nueva operación concentradora sobre importantes recursos sulfurados |
Estudios técnicos; todavía sujeto a decisión de inversión |
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Marimaca Oxide Deposit |
Marimaca Copper |
Antofagasta |
CAPEX de desarrollo definido en estudio de factibilidad |
En torno a 48–50 mil t/año de cátodos de cobre en régimen |
RCA obtenida; avanzando hacia decisión final de inversión |
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NuevaUnión |
Teck / Newmont |
Atacama |
Proyecto greenfield de gran escala |
Aproximadamente 190 mil t/año de cobre + 315 mil oz/año de oro durante primeros 10 años según diseño preliminar |
Desarrollo de largo plazo; uno de los mayores depósitos Cu-Au-Mo no desarrollados de América |
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Rajo Inca |
Codelco |
Atacama |
Proyecto estructural de División Salvador |
Planta diseñada para aproximadamente 37 ktpd |
Ya inició producción; ramp-up hacia capacidad de diseño durante 2027 |
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Chuquicamata Subterránea – continuidad |
Codelco |
Antofagasta |
Proyecto estructural multietapa |
Diseño minero de hasta 140 mil t/día de mineral; prolongación de Chuquicamata por décadas |
Infraestructura de continuidad Fase 1 superaba 90% de avance a inicios de 2026 |
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Cartera El Teniente: Andes Norte, Diamante y Andesita |
Codelco |
O'Higgins |
Inversión estructural de largo plazo |
Mantener tratamiento cercano a 137 mil t/día y prolongar la operación por más de 50 años |
Andes Norte y Diamante retomaron construcción en 2026; continuidad condicionada por evaluación geomecánica |
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Salares Altoandinos |
ENAMI / Rio Tinto |
Atacama |
Cochilco estima unos US$3.200 millones para el desarrollo integral |
Proyecto de litio de gran escala; capacidad final dependerá de estudios |
Prefactibilidad y desarrollo bajo alianza público-privada |
Fuentes: Cochilco, BHP, Codelco, Teck, Rio Tinto y compañías titulares. Las cifras de producción corresponden a capacidad, orientación corporativa o estudios técnicos y no deben interpretarse necesariamente como producción incremental neta para Chile, ya que varios proyectos reemplazan capacidad existente.
Escondida prepara una de las mayores inversiones
Uno de los proyectos más importantes es la nueva concentradora de Escondida.
BHP ingresó en marzo de 2026 la tramitación ambiental para construir una nueva planta que demandaría entre US$4.400 millones y US$5.900 millones. La instalación tendrá capacidad para producir aproximadamente 220 mil a 260 mil toneladas de cobre por año.
Pero existe una precisión particularmente importante: esa producción no será íntegramente adicional.
La nueva planta está diseñada principalmente para reemplazar la capacidad de la histórica concentradora Los Colorados, que se aproxima al final de su vida operacional. Por esa razón, una inversión de casi US$6.000 millones puede no traducirse en igual magnitud de crecimiento neto de producción, sino en impedir que Escondida pierda capacidad durante los próximos años.
Esta realidad se repetirá en distintos yacimientos chilenos y explica por qué resulta incorrecto sumar simplemente todas las capacidades anunciadas por los proyectos.
Collahuasi apuesta por una cuarta línea
Cochilco identifica la Nueva Concentradora Rosario, cuarta línea de Collahuasi, junto con la nueva concentradora de Escondida, como dos de las principales ampliaciones que ingresaron o ganaron relevancia dentro de la cartera 2025-2034.
Al momento del catastro de Cochilco, ambos proyectos se encontraban en prefactibilidad y todavía no contaban con RCA, aunque son considerados piezas esenciales de las estrategias de crecimiento de ambas operaciones.
Collahuasi ya desarrolla además su proyecto C20+, orientado a fortalecer la infraestructura y capacidad productiva y asegurar continuidad operacional durante las próximas dos décadas, incluyendo un creciente uso de agua desalada.
El potencial de Collahuasi es especialmente relevante porque se trata de uno de los grandes pilares de producción nacional. Por lo tanto, una cuarta línea de procesamiento podría convertirse en uno de los principales incrementos brownfield de cobre chileno de la década de 2030.
Quebrada Blanca: la prioridad es estabilizar la enorme inversión ya construida
Quebrada Blanca constituye un caso distinto.
QB2 ya transformó completamente la escala histórica de la operación y construyó una nueva concentradora, planta desalinizadora, sistema de impulsión y terminal portuario.
Durante el segundo trimestre de 2026, Quebrada Blanca produjo 55.800 toneladas de cobre, frente a 52.700 toneladas en igual período de 2025. Para todo 2026, Teck mantiene una guía de aproximadamente 200 mil a 235 mil toneladas.
Por ello, el gran desafío de QB en el corto plazo no es construir otra mina desde cero, sino estabilizar las tasas de procesamiento, resolver restricciones asociadas al sistema de relaves y llevar la inversión existente hacia su capacidad sustentable de largo plazo.
El Abra guarda uno de los grandes recursos de sulfuros
Otra iniciativa que podría adquirir enorme relevancia es una eventual expansión de El Abra, controlada por Freeport-McMoRan y participada en 49% por Codelco.
Durante años, Freeport ha evaluado una operación concentradora de gran escala destinada a procesar los recursos sulfurados existentes bajo y alrededor de la actual operación de lixiviación.
La compañía ha confirmado que la exploración geológica identificó recursos de sulfuros suficientemente significativos como para justificar el estudio de un gran proyecto de molienda y concentración. Su materialización dependerá, sin embargo, de estudios técnicos, variables económicas y condiciones de mercado.
De desarrollarse, El Abra podría transformarse desde una operación predominantemente asociada a óxidos y cátodos hacia una mina de sulfuros de gran escala, extendiendo considerablemente su horizonte productivo.
Marimaca podría convertirse en una de las nuevas minas chilenas
A diferencia de las grandes ampliaciones brownfield, Marimaca representa una de las escasas oportunidades greenfield avanzadas en cobre.
El proyecto ubicado en Antofagasta obtuvo su RCA en noviembre de 2025 y avanzó posteriormente hacia la preparación de una decisión final de inversión.
Su estudio de factibilidad contempla una producción promedio durante los primeros diez años cercana a 48 mil toneladas anuales de cátodos de cobre grado A, con una capacidad nominal del orden de 50 mil toneladas anuales.
El proyecto destaca además por su proximidad a Mejillones y Antofagasta, disponibilidad de infraestructura eléctrica y acceso asegurado a agua de mar reciclada, condiciones que reducen una parte importante de las necesidades de infraestructura normalmente asociadas a un desarrollo greenfield.
NuevaUnión sigue representando una de las grandes reservas de crecimiento
NuevaUnión, perteneciente en partes iguales a Teck y Newmont, combina los antiguos proyectos Relincho y El Morro en la Región de Atacama.
La configuración preliminar considera transportar mineral desde el sector La Fortuna/El Morro hacia una planta concentradora situada en Relincho, con una capacidad inicial de 90 mil a 110 mil toneladas diarias.
Según la evaluación económica preliminar divulgada por Teck, esa primera etapa podría producir en promedio alrededor de 190 mil toneladas de cobre y 315 mil onzas de oro anuales durante los primeros diez años.
Se trata, sin embargo, de un proyecto de mayor plazo y sus parámetros definitivos podrían cambiar significativamente antes de una eventual decisión de inversión.
Codelco necesita que sus proyectos estructurales funcionen
Para Codelco, el objetivo es diferente: evitar que el envejecimiento de sus principales yacimientos genere una caída estructural de producción.
Durante 2025, la estatal invirtió US$5.073 millones en Capex, el mayor desembolso anual de su historia.
Chuquicamata Subterránea
Chuquicamata posee bajo el antiguo rajo recursos por aproximadamente 4.123 millones de toneladas de mineral con una ley promedio de 0,71% de cobre, de acuerdo con antecedentes históricos de Codelco.
El diseño de la mina subterránea contempla aproximadamente 140 mil toneladas diarias de mineral y un horizonte operacional de varias décadas.
A comienzos de 2026, la infraestructura de continuidad de la Fase 1 había alcanzado alrededor de 92% de avance, mientras continuaba el desarrollo de los macrobloques que permitirán sostener el aumento progresivo de mineral proveniente de la mina subterránea. (Codelco)
El Teniente
En El Teniente, Andes Norte, Diamante y Andesita forman la cartera que permitirá profundizar progresivamente la explotación.
Codelco estima que los sectores incorporan del orden de 2.000 millones de toneladas de reservas, con una ley media cercana a 0,86% de cobre y 220 ppm de molibdeno, suficientes para mantener un tratamiento del orden de 137 mil toneladas por día durante más de 50 años.
Durante el primer trimestre de 2026, Andes Norte registraba 81% de avance y Diamante alrededor de 55%. Ambos retomaron trabajos de construcción mientras continuaba la evaluación de condiciones geomecánicas posteriores al accidente ocurrido en 2025.
Rajo Inca
En Salvador, Rajo Inca ya comenzó a modificar las cifras productivas.
Durante el primer trimestre de 2026, la producción divisional aumentó aproximadamente 80% interanual gracias al ramp-up del proyecto. La concentradora apunta a una capacidad de diseño cercana a 37 mil toneladas de mineral por día, que Codelco espera alcanzar durante 2027.
Salares Altoandinos amplía la proyección más allá del cobre
La proyección minera chilena tampoco puede limitarse exclusivamente al cobre.
Cochilco incorporó Salares Altoandinos, desarrollado por ENAMI junto a Rio Tinto, con una estimación de inversión cercana a US$3.200 millones.
Rio Tinto acordó adquirir una participación de 51% y comprometió inicialmente hasta US$425 millones entre aportes financieros y no monetarios, incluyendo tecnología de extracción directa de litio, para avanzar en prefactibilidad y estudios posteriores.
La capacidad productiva definitiva todavía deberá ser establecida por los estudios técnicos, por lo que resulta prematuro asignarle una cifra final de producción.
La importancia de Salares Altoandinos radica en que representa el nuevo modelo mediante el cual Chile está intentando ampliar su industria del litio: asociación público-privada, participación estatal y tecnologías de extracción que buscan reducir impactos ambientales.
La cartera podría aportar 3,6 millones de toneladas anuales, pero hay que leer correctamente esa cifra
Otro dato de Cochilco ayuda a dimensionar la escala de los proyectos.
La cartera 2025-2034 reúne iniciativas que, en conjunto, están asociadas a aproximadamente 3,615 millones de toneladas anuales de capacidad de cobre fino, de las cuales unos 3,125 millones corresponderían a cobre contenido en concentrados y 490 mil toneladas a cátodos.
Pero esto no significa que Chile vaya a sumar 3,6 millones de toneladas sobre su producción actual.
Cochilco advierte que cerca del 42% de esa capacidad corresponde a proyectos de reposición, destinados a sustituir producción que se perdería por agotamiento de sectores, disminución de leyes u obsolescencia de instalaciones.
Esta distinción es probablemente una de las más importantes de todo el análisis.
Una mina puede invertir US$4.000 millones y producir 200 mil toneladas anuales sin aumentar en 200 mil toneladas la producción chilena si simultáneamente está reemplazando instalaciones que habrían dejado de producir.
El desafío técnico: cada tonelada futura será más intensiva en capital
La cartera de Cochilco permite observar otro fenómeno relevante: producir cobre está requiriendo progresivamente mayores inversiones.
Para proyectos de concentradoras, Cochilco calcula una intensidad de capital promedio ponderada de aproximadamente US$24.189 por tonelada de capacidad anual de cobre fino en proyectos brownfield, frente a aproximadamente US$17.987 por tonelada en greenfield.
El resultado puede parecer contradictorio, porque habitualmente se supone que construir una mina completamente nueva debería ser más caro.
Cochilco explica que buena parte de los greenfield todavía está en etapas tempranas y sus CAPEX pueden estar menos definidos. Los brownfield más avanzados, en cambio, incorporan presupuestos de ingeniería mucho más detallados y enfrentan obras técnicamente complejas relacionadas con profundidad, leyes, infraestructura y continuidad operacional.
La disminución de las leyes cambia toda la ecuación
Buena parte de estas inversiones responde a un problema geológico inevitable: las grandes minas chilenas están envejeciendo.
Al disminuir la concentración de cobre contenida en el mineral, es necesario extraer, transportar, chancar y moler más roca para obtener la misma tonelada de metal.
Eso genera una cadena directa de consecuencias:
mayor movimiento de material, más utilización de camiones y correas, más molienda, mayor demanda de electricidad, aumento del consumo de agua y mayores requerimientos de infraestructura.
Por eso los proyectos estructurales no representan solamente crecimiento. En muchos casos constituyen inversiones indispensables para impedir una reducción de la producción futura.
Agua de mar y electricidad serán parte de la nueva infraestructura minera
La próxima ola de inversiones no estará formada únicamente por minas y concentradoras.
Las grandes operaciones del norte requerirán cada vez más plantas desalinizadoras, tuberías de cientos de kilómetros, estaciones de bombeo y líneas eléctricas para transportar agua desde el Pacífico hasta yacimientos situados a gran altura.
Esta transformación implica que el costo energético de producir cobre tendrá una importancia creciente.
Procesar mineral de menor ley y bombear agua desde el nivel del mar hasta faenas ubicadas entre 2.000 y más de 4.000 metros sobre el nivel del mar convierte a la disponibilidad de electricidad competitiva en un elemento estratégico prácticamente tan relevante como el recurso mineral.
Más proyectos no garantizan automáticamente más producción
Chile dispone actualmente de una cartera capaz de sostener varias décadas de actividad.
Pero existe una diferencia fundamental entre recurso geológico, proyecto identificado, inversión aprobada y producción efectiva.
Para llegar desde el primero hasta el último pueden transcurrir muchos años.
Cochilco señala que más del 40% del CAPEX de su cartera se concentra después de 2030, precisamente porque numerosas iniciativas siguen condicionadas a ingeniería, permisos, financiamiento e infraestructura.
Esta situación convierte al tiempo de desarrollo en una de las variables estratégicas de la minería chilena.
Una oportunidad extraordinaria, pero con una condición
Chile probablemente dispone hoy de una de las mejores oportunidades mineras de las últimas décadas.
Tiene una cartera de US$104.549 millones, grandes recursos minerales, conocimiento técnico acumulado, infraestructura minera desarrollada y proyectos capaces de prolongar durante décadas operaciones como Chuquicamata, El Teniente, Escondida y Collahuasi.
A eso se agregan nuevas posibilidades greenfield como Marimaca y NuevaUnión, expansiones potenciales como El Abra y un nuevo ciclo de inversiones en litio encabezado por proyectos como Salares Altoandinos.
Sin embargo, la lectura correcta de las cifras muestra que el desafío no será simplemente “invertir más”.
Será invertir enormes cantidades de capital para reemplazar producción que desaparece y, al mismo tiempo, lograr generar suficiente capacidad adicional para que Chile vuelva a crecer.
Esa diferencia determinará si el país simplemente consigue mantener su liderazgo o si vuelve efectivamente a expandir su participación en la oferta mundial.
La próxima década minera chilena, por lo tanto, no se definirá únicamente por cuánto cobre o litio existe bajo tierra.
Se definirá por la capacidad del país para convertir recursos en proyectos, proyectos en construcción y construcción en toneladas reales de producción.
Ahí estará la verdadera medida del nuevo ciclo minero de Chile.









