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Chile rebaja crecimiento de 2026 a 1,8% y eleva proyección del cobre a US$ 5,90 la libra

El Gobierno chileno ajusta a la baja su proyección de crecimiento económico para 2026, mientras eleva la estimación del precio del cobre, lo que genera un panorama mixto para la economía nacional.

Chile rebaja crecimiento de 2026 a 1,8% y eleva proyección del cobre a US$ 5,90 la libra

La actualización fiscal recorta desde 2,1% la expansión esperada del PIB, pero mejora con fuerza el supuesto para el principal producto de exportación del país. El mayor precio del metal entrega alivio a los ingresos fiscales, aunque no elimina las presiones sobre el gasto y la deuda pública.

El Gobierno redujo a 1,8% su proyección de crecimiento para la economía chilena en 2026, frente al 2,1% previsto anteriormente, en una actualización que confirma un escenario de menor dinamismo interno. Al mismo tiempo, elevó a US$ 5,90 por libra su estimación promedio para el precio del cobre, reforzando el peso que tendrá la minería en la recaudación fiscal, las exportaciones y la actividad económica durante el año.

La combinación plantea un escenario dividido para Chile. Por una parte, el menor crecimiento anticipa una expansión más débil del consumo, la inversión y la generación de empleo fuera de los sectores exportadores. Por otra, el alto precio del cobre mejora las perspectivas de ingresos para el Estado y para las principales compañías productoras, aunque también profundiza la dependencia de una variable externa marcada por la volatilidad.

El ajuste fue incorporado en la revisión de las finanzas públicas correspondiente al segundo trimestre, documento que actualiza los supuestos utilizados para proyectar ingresos, gastos, balances fiscales y endeudamiento. La corrección del PIB representa una disminución de 0,3 puntos porcentuales respecto de la estimación anterior.

En inflación, la autoridad proyecta un promedio anual de 3,6% en 2026, levemente por debajo del 3,7% considerado previamente. La cifra mantiene una trayectoria de moderación, aunque todavía se ubica sobre la meta de 3% utilizada como referencia por el Banco Central.

El cobre vuelve a sostener el escenario fiscal

El aumento de la proyección del cobre es el componente más favorable de la actualización. El nuevo supuesto de US$ 5,90 por libra supera en cerca de 8% la estimación anterior de US$ 5,46, una diferencia relevante para un país donde la minería genera más de la mitad de los envíos al exterior y constituye una fuente central de ingresos tributarios.

Un precio más alto eleva los márgenes operacionales de los productores cuando los costos se mantienen controlados, mejora la recaudación proveniente del impuesto a la renta y del royalty minero, y fortalece los excedentes potenciales de Codelco. También aumenta el valor de las exportaciones, con efectos positivos sobre la balanza comercial y la disponibilidad de divisas.

Sin embargo, el impacto fiscal no es inmediato ni equivalente al aumento porcentual de la cotización. Los ingresos efectivos dependen de la producción, los costos, el tipo de cambio, los calendarios de pago de impuestos, las inversiones descontables y el desempeño particular de cada operación.

La situación productiva será determinante. Chile ha enfrentado durante los últimos años dificultades para recuperar sostenidamente sus volúmenes de cobre, debido a menores leyes minerales, envejecimiento de yacimientos, restricciones operacionales, atrasos en proyectos estructurales y mayores exigencias técnicas y ambientales.

Por ello, un precio elevado puede mejorar la recaudación incluso con una producción estancada, pero el beneficio sería mayor si las compañías logran aumentar sus toneladas de cobre fino y completar los planes de expansión comprometidos.

Menor PIB limita el efecto del ciclo minero

El recorte de la proyección de crecimiento a 1,8% muestra que el impulso del cobre no será suficiente para acelerar por sí solo al conjunto de la economía. La minería tiene una alta participación en las exportaciones y en la inversión, pero su capacidad de arrastre depende de los encadenamientos con proveedores, construcción, energía, transporte, servicios profesionales y empleo regional.

Una expansión económica más baja puede reducir la recaudación proveniente del IVA, los impuestos asociados al consumo y las utilidades de actividades no mineras. Esto obliga a observar el resultado fiscal completo, porque la mejora proveniente del cobre podría ser parcialmente compensada por menores ingresos vinculados al resto de la economía.

El escenario también plantea desafíos para el mercado laboral. Las grandes faenas mineras mantienen niveles significativos de empleo directo y contratista, pero las decisiones de contratación dependen principalmente de los planes de inversión, mantenimiento y expansión, no solo del precio spot del metal.

Para que el ciclo de altos precios se traduzca en mayor actividad doméstica, la industria deberá avanzar en proyectos actualmente sometidos a evaluación ambiental, permisos sectoriales, ingeniería, financiamiento o construcción. Sin nueva capacidad productiva, una parte relevante del beneficio continuará concentrándose en mejores ingresos por las operaciones existentes.

Inversión minera gana atractivo con precios elevados

La proyección de US$ 5,90 por libra mejora la evaluación económica de proyectos nuevos y extensiones de vida útil, especialmente aquellos que enfrentan mayores requerimientos de capital por infraestructura hídrica, desalación, transmisión eléctrica, depósitos de relaves y reducción de emisiones.

Un precio estructuralmente más alto permite que yacimientos con menores leyes minerales o mayores costos operacionales mantengan rentabilidad. También abre espacio para reactivar estudios, adelantar campañas de perforación y evaluar ampliaciones que no resultaban competitivas bajo escenarios de precio más conservadores.

No obstante, las compañías suelen decidir sus inversiones utilizando precios de largo plazo inferiores a las cotizaciones coyunturales. La industria busca evitar que proyectos intensivos en capital dependan de valores excepcionalmente altos que podrían corregirse durante sus décadas de operación.

La señal más relevante será determinar cuánto del actual nivel del cobre responde a factores estructurales. Entre ellos aparecen la electrificación, el crecimiento de redes eléctricas, la expansión de energías renovables, el desarrollo de centros de datos, la fabricación de vehículos eléctricos y las restricciones de oferta minera global.

Cuando el mercado proyecta déficits prolongados, aumenta la presión por desarrollar nuevas minas. El problema es que los proyectos de cobre requieren largos periodos de exploración, evaluación, permisos y construcción, por lo que la oferta no puede reaccionar con rapidez frente a los aumentos de demanda.

Codelco y la minería privada concentran la atención

El nuevo escenario favorece directamente a Codelco, cuyos resultados son relevantes para el financiamiento estatal. La corporación enfrenta simultáneamente el desafío de recuperar producción, ejecutar sus proyectos estructurales y contener un nivel elevado de deuda.

Un mayor precio mejora la generación de caja y puede ampliar los excedentes, pero no reemplaza la necesidad de cumplir los planes productivos. En la estatal, cada tonelada no producida reduce la capacidad de capturar el ciclo favorable y limita el aporte potencial al fisco.

La minería privada también tendrá un papel central. Operaciones de BHP, Antofagasta Minerals, Anglo American, Glencore, Teck, Lundin Mining y otras compañías representan una parte mayoritaria de la producción nacional. Sus resultados inciden en la recaudación tributaria, los pagos por royalty, las exportaciones y la demanda por servicios especializados.

Para los proveedores mineros, el escenario puede traducirse en mayores oportunidades en mantenimiento, automatización, procesamiento de minerales, seguridad, gestión hídrica, eficiencia energética y soluciones para relaves. Sin embargo, el efecto dependerá de que las compañías transformen los mejores precios en presupuestos de inversión y contratos dentro de Chile.

El alivio del cobre no resuelve la estrechez fiscal

La revisión ocurre en un contexto de presión sobre las cuentas públicas y discusión sobre la trayectoria de la deuda. El mayor precio del cobre entrega un respaldo relevante, pero no elimina los desequilibrios asociados a un crecimiento moderado, compromisos permanentes de gasto y menores holguras presupuestarias.

Además, la regla fiscal chilena utiliza un precio de referencia de largo plazo para calcular los ingresos estructurales. Esto significa que una parte de la recaudación asociada a precios excepcionalmente altos es tratada como transitoria y no puede utilizarse completamente para financiar gastos permanentes.

Esa metodología busca evitar que el presupuesto dependa de ciclos favorables que podrían revertirse. En consecuencia, el alza a US$ 5,90 puede mejorar el balance efectivo y la disponibilidad de recursos, pero su efecto sobre el gasto compatible con la regla fiscal será más acotado.

La evolución del cobre durante los próximos meses será decisiva para confirmar la proyección. También serán relevantes la producción nacional, la demanda de China, el crecimiento global, los inventarios disponibles, las decisiones de política comercial y la entrada de nueva oferta minera.

Para Chile, el escenario vuelve a mostrar una realidad conocida: el cobre puede amortiguar una desaceleración económica, pero no reemplaza el crecimiento de la inversión, la productividad y la producción minera. El desafío será aprovechar el ciclo de precios para fortalecer las cuentas fiscales y acelerar proyectos capaces de sostener la oferta del país durante la próxima década.