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China convierte el borde del Taklamakán en un sumidero de carbono tras casi 50 años de reforestación

Investigaciones recientes revelan que las zonas reforestadas alrededor del desierto de Taklamakán en China están convirtiéndose en sumideros de carbono, mejorando la capacidad de absorción de CO₂ tras

China convierte el borde del Taklamakán en un sumidero de carbono tras casi 50 años de reforestación
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Casi cinco décadas de plantación de árboles y arbustos alrededor del desierto de Taklamakán, en el oeste de China, están dejando un efecto que va más allá del control de las dunas. Una investigación publicada en 2026 concluyó que las zonas restauradas en sus márgenes presentan una creciente capacidad para retirar dióxido de carbono (CO₂) de la atmósfera.

El Taklamakán, ubicado en la Región Autónoma Uigur de Xinjiang, abarca unos 337.600 kilómetros cuadrados. Es el desierto más grande de China y el segundo mayor desierto de arenas móviles del mundo, por lo que no corresponde describirlo como el desierto más grande del planeta.

La transformación forma parte del Programa de Bosques de Protección de los Tres Nortes, una iniciativa iniciada en 1978 para contener la desertificación en amplias zonas del norte, noroeste y noreste chino. El programa está proyectado hasta 2050.

Satélites detectaron mayor vegetación y absorción de CO₂

El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), analizó observaciones satelitales y datos terrestres para determinar cómo había cambiado la vegetación y el intercambio de carbono en el Taklamakán y sus alrededores.

Los investigadores utilizaron, entre otras fuentes, mediciones del satélite Orbiting Carbon Observatory y del instrumento MODIS de la NASA. Los resultados mostraron un aumento sostenido de la cobertura vegetal y de la actividad fotosintética, especialmente en los bordes occidental y noroccidental del desierto, donde se concentran los proyectos de restauración.

Durante la temporada más húmeda, entre julio y septiembre, las concentraciones atmosféricas de CO₂ fueron aproximadamente 3 partes por millón inferiores a las registradas durante el periodo seco, mientras aumentaban los indicadores asociados a la fotosíntesis y a la cobertura vegetal.

El análisis estimó además que las zonas del cinturón vegetal construido en los límites del Taklamakán presentan un intercambio neto equivalente a una absorción aproximada de 1,74 toneladas de CO₂ por hectárea al año. Los autores interpretaron estas tendencias como evidencia de que la restauración está creando un sumidero de carbono en sectores que históricamente tenían muy poca vegetación.

Un sumidero de carbono es un ecosistema o proceso capaz de retirar de la atmósfera más carbono del que libera durante un periodo determinado.

Un cinturón verde de más de 3.000 kilómetros

El avance también es visible a escala territorial. En noviembre de 2024, las autoridades chinas informaron que habían completado un cinturón de protección contra la arena de 3.046 kilómetros alrededor del Taklamakán, después de más de cuatro décadas de trabajos.

La barrera no está formada solamente por grandes árboles. Incluye especies adaptadas a condiciones extremadamente secas, como álamos del desierto, arbustos de saxaul y tamariscos, además de pastizales y sistemas físicos destinados a estabilizar las dunas.

Estas intervenciones buscan reducir el desplazamiento de arena, proteger terrenos agrícolas e infraestructura y disminuir la degradación de los suelos. El programa de los Tres Nortes ha elevado la cobertura forestal de las áreas intervenidas desde cerca de 5% en 1978 a aproximadamente 14% en 2022, de acuerdo con datos citados por científicos que han estudiado el proyecto.

El agua marca el límite del proyecto

Los investigadores advierten, sin embargo, que el resultado no significa que sea posible cubrir el Taklamakán completo con vegetación.

Uno de los principales problemas es la disponibilidad de agua. Buena parte de los arbustos y árboles establecidos en la periferia dependen de agua procedente de las montañas que rodean la cuenca, por lo que extender la forestación hacia el interior hiperárido exigiría recursos hídricos mucho mayores.

El estudio calculó que, en un escenario teórico, si toda la superficie del Taklamakán consiguiera alcanzar la misma tasa de captura observada en el cinturón verde, podrían retirarse alrededor de 58,7 millones de toneladas de CO₂ al año. Los propios antecedentes científicos indican que una expansión de esa magnitud enfrenta importantes restricciones ecológicas y de disponibilidad de agua.

Científicos mantienen debate sobre cuánto carbono captura

Las conclusiones también han generado discusión científica. En junio de 2026, investigadores publicaron comentarios en la propia PNAS planteando dudas sobre cuánto del aumento del sumidero puede atribuirse directamente a la forestación y sobre la significancia estadística de algunas tendencias de largo plazo.

Una de las observaciones señala que el Taklamakán también puede absorber y liberar CO₂ mediante procesos físicos y químicos en sus arenas, independientemente de la vegetación. Otro punto cuestionado es extrapolar la captura observada en los márgenes hacia el interior del desierto, donde las condiciones de agua y suelo son considerablemente más adversas.

Los autores del trabajo original respondieron posteriormente a estas críticas y mantuvieron que el aumento de vegetación registrado alrededor del desierto, junto con los cambios observados en el intercambio de carbono, respalda un efecto de la intervención humana en los márgenes del Taklamakán.

Por ahora, la evidencia más sólida apunta a una transformación localizada: después de casi medio siglo de intervención, zonas de la periferia de uno de los ambientes más secos del planeta muestran más vegetación y una mayor capacidad para retirar CO₂ de la atmósfera. El alcance que este modelo podría tener a mayor escala sigue siendo objeto de investigación.