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China ajusta su Gran Muralla Verde ante la presión que la reforestación ejerce sobre el agua subterránea

China revisa su emblemático programa de reforestación, la Gran Muralla Verde, ante el riesgo de que el aumento de vegetación afecte los acuíferos en regiones áridas.

China ajusta su Gran Muralla Verde ante la presión que la reforestación ejerce sobre el agua subterránea
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Tras 48 años combatiendo la desertificación con uno de los mayores programas de restauración ecológica del mundo, nuevas investigaciones advierten que el aumento de la vegetación en las regiones áridas del norte de China también puede intensificar el estrés sobre acuíferos y suelos.

China enfrenta una nueva etapa en su extensa estrategia para contener la desertificación del norte del país. El Programa de Bosques de Protección de los Tres Nortes, iniciado en 1978 y conocido internacionalmente como la “Gran Muralla Verde”, consiguió ampliar significativamente la cobertura vegetal y recuperar extensas superficies degradadas. Sin embargo, estudios recientes muestran que parte de esa expansión está alterando el equilibrio hídrico de regiones donde las precipitaciones son escasas y el agua subterránea constituye un recurso limitado.

El programa se extiende por el noroeste, el norte y sectores del noreste de China y está previsto hasta 2050. Su objetivo original fue construir una extensa barrera ecológica contra el avance de los desiertos, las tormentas de arena, la erosión del suelo y la pérdida de tierras productivas.

Los resultados acumulados son considerables. De acuerdo con la planificación oficial china actualizada en 2025, después de completar las primeras cinco fases del programa quedaron establecidas alrededor de 31,74 millones de hectáreas de bosques, mientras que unas 336.000 kilómetros cuadrados de tierras desertificadas o afectadas por arena fueron sometidas a medidas de recuperación.

La cobertura forestal dentro del área del proyecto aumentó hasta el 13,84%, mientras la cobertura conjunta de bosques y pastizales alcanzó el 39,63%.

El problema aparece cuando ese aumento de vegetación ocurre en territorios donde la disponibilidad natural de agua puede no ser suficiente para sostenerla a largo plazo.

Más vegetación, pero no necesariamente más agua

Una investigación publicada en 2026 en el Journal of Arid Environments analizó durante aproximadamente dos décadas la relación entre el crecimiento de la vegetación y las reservas de agua subterránea dentro de la región de los Tres Nortes.

Los investigadores combinaron indicadores satelitales de cobertura vegetal con información sobre almacenamiento de agua subterránea, humedad del suelo, precipitaciones y evapotranspiración.

Los resultados mostraron que el 75,47% del área estudiada presentó tendencias no sincronizadas entre el aumento del verdor y la evolución del almacenamiento de agua subterránea. Solo el 24,51% registró un comportamiento considerado relativamente estable, donde ambas variables evolucionaron de forma coherente.

El análisis estadístico encontró además que los cambios en la vegetación precedían y ayudaban a explicar variaciones posteriores del almacenamiento subterráneo en el 47,35% de los casos examinados.

Esto no significa que los árboles sean responsables de todo el descenso de los acuíferos ni que la forestación deba abandonarse. Los propios análisis reconocen que el sistema está condicionado simultáneamente por precipitaciones, temperatura, agricultura, extracción humana de agua y variabilidad climática.

La evidencia, sin embargo, apunta a un límite físico: en zonas áridas no es posible aumentar indefinidamente la cubierta vegetal sin considerar cuánta agua existe para mantenerla.

El costo hídrico de recuperar territorios áridos

Los árboles y arbustos necesitan extraer agua del suelo y liberan parte de ella nuevamente a la atmósfera mediante evapotranspiración. En regiones húmedas este proceso puede ser compensado por las precipitaciones, pero la situación cambia cuando las lluvias son reducidas.

Buena parte del territorio comprendido por el programa chino corresponde precisamente a regiones áridas y semiáridas. En extensas zonas del norte y noroeste las precipitaciones anuales se encuentran por debajo de los 400 milímetros.

Cuando se incrementa considerablemente la biomasa vegetal, aumenta también la demanda hídrica.

Las raíces pueden interceptar agua que de otra manera avanzaría hacia capas profundas del suelo y contribuiría a la recarga de acuíferos. Durante periodos secos, esa competencia se vuelve particularmente relevante.

Investigaciones realizadas durante años en China también han advertido que algunas plantaciones establecidas en ambientes con baja disponibilidad de agua pueden experimentar pérdida de productividad, mortalidad de árboles y descenso de los niveles freáticos.

El riesgo aumenta cuando la restauración depende de plantaciones densas o de especies cuya demanda de agua no corresponde a las condiciones del ecosistema original.

China modifica el enfoque de su programa

La planificación más reciente muestra que las autoridades chinas están incorporando estos límites en la siguiente etapa del proyecto.

El Gobierno aprobó en septiembre de 2025 una revisión del plan general de los Tres Nortes que mantiene la restauración ecológica hasta 2050, pero introduce como principio explícito que la disponibilidad de agua debe determinar el nivel y el tipo de revegetación posible.

La estrategia también plantea utilizar combinaciones de árboles, arbustos y pastizales adaptadas a las características de cada territorio, proteger vegetación natural existente, recuperar bosques degradados y reforzar el monitoreo ecológico y meteorológico.

En el sector desértico del noroeste, donde el propio plan reconoce conflictos relacionados con los recursos hídricos, las medidas incluyen mejorar la eficiencia en el uso del agua, proteger humedales y conservar vegetación nativa en lugar de depender exclusivamente de nuevas plantaciones.

La nueva planificación comprende 4,486 millones de kilómetros cuadrados, distribuidos entre 13 provincias, regiones autónomas y municipios, además de territorios administrados por el Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang.

Un proyecto que continuará hasta 2050

China no está abandonando su estrategia de contención de los desiertos. El programa se encuentra actualmente en su sexta fase, correspondiente al periodo 2021-2030, y todavía tiene otras dos etapas previstas antes de finalizar en 2050.

Para finales de esa década, Beijing pretende seguir aumentando la cobertura forestal y llevar la cobertura combinada de bosques y pastizales hasta el 43%, además de controlar prácticamente todas las superficies desertificadas consideradas técnicamente recuperables.

El desafío será alcanzar esos objetivos sin trasladar el problema ambiental desde el suelo hacia los acuíferos.

La experiencia acumulada durante casi medio siglo muestra que la restauración vegetal puede reducir la erosión, contener dunas y recuperar ecosistemas degradados, pero también que plantar más árboles no siempre equivale a una mejor restauración ambiental, especialmente en regiones donde el agua es el principal factor limitante.

El caso chino se ha convertido así en un laboratorio a gran escala para la recuperación de tierras secas. La siguiente fase del proyecto estará determinada no solo por cuánta superficie pueda reverdecerse, sino por cuánta vegetación pueden sostener realmente los recursos hídricos disponibles.