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Cobre encadena segunda alza semanal y alcanza US$13.492 por tonelada pese a tensión entre Estados Unidos e Irán

El metal cerró la semana con un avance cercano al 0,9%, mientras los inversionistas moderaron su reacción ante la reactivación de los enfrentamientos en Medio Oriente. El mercado ahora concentra su atención en la política monetaria estadounidense y en el riesgo de interrupciones logísticas en el estrecho de Ormuz.

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El cobre se encaminó este viernes a completar su segunda semana consecutiva de ganancias, manteniéndose en torno a US$13.492 por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, equivalente a aproximadamente US$6,12 por libra, en una jornada marcada por la cautela de los inversionistas ante la nueva escalada militar entre Estados Unidos e Irán.

El metal registró una variación acotada durante la sesión, pero acumuló un avance semanal cercano al 0,9%, reflejando una recuperación similar a la observada en otros activos de riesgo. Los mercados lograron absorber parte de las pérdidas provocadas por los nuevos ataques estadounidenses contra objetivos iraníes y comenzaron a evaluar con mayor atención la posibilidad de que las conversaciones entre Washington y Teherán eviten un retorno a un conflicto de mayor escala.

La evolución del cobre resulta especialmente sensible a este escenario. Aunque una escalada bélica puede elevar los precios de la energía y alterar las cadenas logísticas, también representa una amenaza para el crecimiento económico mundial y, por lo tanto, para la demanda de metales industriales utilizados en construcción, manufactura, infraestructura eléctrica y transporte.

El mercado mira más allá de la reacción inicial

La estabilidad del cobre durante la jornada mostró que los inversionistas, al menos por ahora, no están descontando una interrupción prolongada de la actividad económica o del comercio marítimo.

El metal rojo ha operado dentro de un rango relativamente estrecho desde que Estados Unidos e Irán alcanzaron un acuerdo de paz provisional durante junio. La reaparición de enfrentamientos volvió a elevar la volatilidad, pero el mercado continúa apostando a que las gestiones diplomáticas puedan contener la situación.

Las conversaciones técnicas para alcanzar un término permanente al conflicto se mantienen activas después de dos jornadas de choques militares. Esa señal ayudó a reducir la percepción inmediata de riesgo y permitió que los principales activos financieros recuperaran terreno.

Para el cobre, el principal peligro no está asociado únicamente a una eventual caída de la producción minera, sino al impacto indirecto que tendría un conflicto prolongado sobre el petróleo, los costos de transporte, la inflación y la actividad industrial global.

Un aumento sostenido en los precios de la energía podría elevar los costos operacionales de minas, fundiciones y plantas de procesamiento. Al mismo tiempo, una inflación más persistente podría retrasar recortes de tasas de interés en Estados Unidos y fortalecer al dólar, dos factores que suelen limitar la demanda financiera por materias primas.

El estrecho de Ormuz vuelve al centro de la atención

La posibilidad de nuevas interrupciones en el estrecho de Ormuz continúa siendo uno de los principales focos de riesgo para los mercados de energía y metales.

Esta ruta marítima es estratégica para el comercio internacional de petróleo, gas y materias primas industriales. Una reducción del tránsito, mayores costos de seguros o restricciones a la navegación podrían afectar el movimiento de cargas entre Medio Oriente, Asia y Europa.

Para el cobre, una interrupción en Ormuz tendría un efecto principalmente macroeconómico. El encarecimiento del petróleo presionaría los costos logísticos y productivos, mientras que un deterioro de las perspectivas de crecimiento podría reducir el consumo de metales en China, Europa y otras economías industriales.

En el caso del aluminio, el impacto es más directo. Medio Oriente representa alrededor del 10% de la producción mundial de este metal, por lo que cualquier daño a refinerías, fundiciones, puertos o rutas de abastecimiento puede modificar rápidamente las expectativas de oferta.

La reapertura de instalaciones productivas en Emiratos Árabes Unidos contribuyó a reducir parte de esa presión durante la jornada.

Reinicio de planta en Abu Dhabi presiona al aluminio

El aluminio cayó hasta 1,6%, llegando a US$3.148 por tonelada, después de que Emirates Global Aluminium reanudara las operaciones de una planta clave de alúmina en Abu Dhabi que había sido afectada durante las primeras etapas del conflicto.

La empresa proyecta que la refinería de Al Taweelah alcance el 50% de su capacidad dentro de los próximos días. La instalación abastece de alúmina a una fundición ubicada en el mismo complejo industrial, que también había quedado fuera de servicio por ataques con drones y misiles registrados a fines de marzo.

La recuperación de la refinería mejora las perspectivas de suministro para el mercado internacional, especialmente porque la alúmina es la materia prima procesada que utilizan las fundiciones para fabricar aluminio primario.

El precio del metal se ubicaba cerca de US$3.152,50 por tonelada durante la sesión. Pese a la caída diaria, todavía acumulaba un aumento semanal cercano al 2%, sostenido por la incertidumbre sobre el tránsito de alúmina y aluminio a través del estrecho de Ormuz.

El comportamiento divergente entre cobre y aluminio refleja la distinta exposición de ambos mercados. Mientras el aluminio reaccionó directamente a la recuperación de capacidad productiva en Medio Oriente, el cobre siguió más vinculado a las expectativas de crecimiento global, tasas de interés y apetito por riesgo.

Tasas de interés definirán el próximo movimiento

Con la reacción inicial al conflicto parcialmente absorbida, los inversionistas dirigirán su atención hacia los próximos indicadores económicos de Estados Unidos.

Las cifras de inflación, empleo y actividad serán determinantes para estimar los siguientes pasos de la Reserva Federal. Una economía resistente y presiones inflacionarias elevadas podrían mantener las tasas de interés altas durante más tiempo, limitando el atractivo de los metales como activos de inversión.

Las materias primas no generan intereses, por lo que suelen perder atractivo frente a bonos y otros instrumentos financieros cuando las tasas permanecen elevadas. Además, una política monetaria restrictiva puede fortalecer al dólar, encareciendo el cobre para compradores que operan con otras monedas.

Por el contrario, señales de desaceleración moderada o menor inflación podrían reforzar las expectativas de flexibilización monetaria y sostener el apetito por cobre.

El mercado también seguirá de cerca la demanda física de China, el comportamiento de los inventarios visibles y las señales de disponibilidad de concentrados para fundiciones. Estos factores serán claves para determinar si el precio puede consolidarse sobre los niveles actuales o si la cotización vuelve al rango observado durante las últimas semanas.

Una cotización relevante para Chile

El nivel de US$13.492 por tonelada mantiene al cobre en una posición favorable para los principales países productores y representa una señal especialmente relevante para Chile.

Un precio cercano a US$6,12 por libra mejora los ingresos potenciales de las operaciones mineras, eleva la recaudación asociada al sector y fortalece la rentabilidad esperada de proyectos de expansión, reposición y desarrollo.

Sin embargo, el desempeño de la industria no depende exclusivamente del precio. Las compañías continúan enfrentando mayores costos de energía, presión sobre las leyes minerales, restricciones hídricas, necesidades de inversión en infraestructura y procesos de permisos que pueden extender los plazos de ejecución.

La volatilidad geopolítica añade una nueva variable. Un escenario de energía más cara podría reducir parte del beneficio generado por el alto valor del cobre, especialmente en faenas con mayores costos unitarios o elevada exposición a combustibles y transporte internacional.

La segunda ganancia semanal consecutiva confirma que el mercado conserva una visión constructiva sobre el metal, pero también evidencia que los precios continúan expuestos a decisiones políticas y militares alejadas de los principales distritos mineros.

Durante los próximos días, la industria observará si las negociaciones entre Estados Unidos e Irán logran contener el conflicto, si el tránsito por Ormuz se mantiene operativo y si los datos estadounidenses entregan espacio para una política monetaria menos restrictiva. La combinación de estas variables definirá el próximo movimiento de un cobre que permanece respaldado por perspectivas estructurales de demanda, pero condicionado por un escenario internacional de alta incertidumbre.