Industria Minera

Codelco abre evaluación para vender participaciones en El Abra, Quebrada Blanca y Anglo American Sur

Codelco evalúa la posibilidad de vender sus participaciones en tres importantes operaciones mineras, buscando optimizar sus recursos para proyectos propios y mejorar su situación financiera.

Codelco abre evaluación para vender participaciones en El Abra, Quebrada Blanca y Anglo American Sur
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La estatal analizará si mantener sus inversiones minoritarias en operaciones controladas por terceros genera más valor que utilizar esos recursos para financiar sus proyectos estructurales. La revisión no implica una decisión de venta ni contempla abrir la propiedad de Codelco a privados.

Codelco abrió formalmente la posibilidad de revisar sus participaciones minoritarias en Minera El Abra, Quebrada Blanca y Anglo American Sur, tres activos cupríferos operados por compañías privadas que aportan producción y resultados financieros al balance consolidado de la estatal.

El presidente del directorio, Bernardo Fontaine, planteó que estas inversiones deberán ser evaluadas como parte de una revisión más amplia de activos, contratos y proyectos. El criterio será determinar si resulta más conveniente conservarlas o venderlas para destinar capital a las operaciones directamente administradas por Codelco.

La discusión se produce mientras la corporación busca reforzar su capacidad financiera, ordenar su cartera de inversiones y recuperar producción en sus divisiones propias. Fontaine descartó que el plan considere privatizar la empresa o incorporar accionistas mediante una apertura bursátil.

La eventual enajenación de activos minoritarios, por tanto, corresponde a una alternativa financiera todavía en estudio y no a una decisión adoptada por el directorio.

Tres participaciones relevantes en la producción consolidada

Codelco mantiene un 49% de Minera El Abra, operación ubicada en la Región de Antofagasta y controlada por Freeport-McMoRan, que posee el 51% restante y ejerce la administración de la faena.

En Quebrada Blanca, situada en la Región de Tarapacá, la estatal tiene un 10% de participación sin obligación de financiar proporcionalmente las inversiones de la operación. El activo es controlado por Teck, mientras que compañías del grupo Sumitomo mantienen conjuntamente un 30%.

La tercera inversión corresponde a Anglo American Sur, sociedad propietaria de Los Bronces, El Soldado y la Fundición Chagres. Una sociedad conjunta formada por Codelco y Mitsui posee el 29,5% de Anglo American Sur, pero la participación económica atribuible directamente a la cuprífera estatal equivale aproximadamente a un 20%.

Esta precisión resulta relevante, porque Codelco no controla por sí sola el 29,5% completo. La propiedad se mantiene mediante un vehículo de inversión conjunto en el que la estatal conserva una participación mayoritaria.

Los tres activos forman parte de la producción total reportada por Codelco, aunque no integran su producción divisional propia. Durante 2025, la corporación produjo directamente 1.334.445 toneladas métricas finas de cobre. Al incorporar la producción atribuible a El Abra, Anglo American Sur y Quebrada Blanca, el volumen consolidado alcanzó 1.439.732 toneladas.

La diferencia, cercana a 105.300 toneladas de cobre, muestra que estas inversiones tienen una incidencia concreta sobre la escala productiva reportada por la empresa.

El dilema entre dividendos y liquidez inmediata

La revisión enfrenta a Codelco con una decisión financiera de largo plazo. Mantener las participaciones permite recibir dividendos, reconocer producción proporcional y conservar exposición a operaciones relevantes dentro de la industria chilena del cobre.

Venderlas, en cambio, podría generar liquidez inmediata para financiar proyectos propios, reducir necesidades de endeudamiento o reforzar inversiones en divisiones donde la estatal sí controla las decisiones operacionales.

Fontaine resumió el dilema al señalar que, si la empresa carece de recursos suficientes para ejecutar un proyecto, debe comparar el valor de conservar una inversión minoritaria con el retorno que obtendría destinando ese capital a sus propios yacimientos.

La evaluación no será simple. El valor de una participación minera depende de factores como reservas, vida útil, costos operacionales, inversiones futuras, permisos, producción esperada, precio del cobre, política de dividendos y derechos de los socios.

También deberá considerarse que una participación minoritaria suele comercializarse con descuento frente al valor proporcional del activo, especialmente cuando el comprador no obtiene control sobre la administración, el presupuesto o el plan minero.

Por esa razón, cualquier eventual proceso requeriría valorizaciones independientes, revisión contractual y análisis de las restricciones contenidas en los pactos de accionistas.

Activos con perspectivas distintas

El Abra representa una de las participaciones más relevantes por tamaño. Freeport-McMoRan controla la operación y mantiene desde hace años estudios para desarrollar una expansión de gran escala basada en los recursos de sulfuros del yacimiento.

La cercanía de Codelco al control, con un 49%, convierte a El Abra en una inversión estratégica, pero también implica que una futura ampliación podría demandar decisiones sobre financiamiento, estructura societaria y aporte de capital.

Quebrada Blanca se encuentra en una fase diferente. Su expansión QB2 transformó la operación en un activo de gran escala, abastecido con agua de mar desalinizada y electricidad proveniente de fuentes renovables. Sin embargo, el proceso de incremento de producción ha requerido ajustes operacionales y financieros.

La participación de 10% que mantiene Codelco tiene una condición favorable: no exige financiar proporcionalmente las inversiones del proyecto. Esa característica podría elevar su atractivo económico y, al mismo tiempo, hacerla interesante para potenciales compradores.

Anglo American Sur tiene además una dimensión estratégica vinculada al distrito Andina–Los Bronces. Codelco y Anglo American trabajan en un plan minero conjunto para aprovechar sinergias entre ambos yacimientos, con una expectativa de producción adicional cercana a 120.000 toneladas anuales de cobre fino entre 2030 y 2051.

Una eventual venta de la participación económica de Codelco en Anglo American Sur tendría que analizar cómo afectaría esa relación y qué derechos seguirían vigentes dentro de la futura integración del distrito.

La presión por financiar la cartera estructural

El debate ocurre mientras Codelco debe sostener una cartera intensiva en capital. La estatal enfrenta inversiones simultáneas en Chuquicamata Subterránea, Rajo Inca, Traspaso Andina, la continuidad operacional de El Teniente y otras iniciativas destinadas a contener el deterioro de las leyes minerales y extender la vida útil de sus divisiones.

En 2025, la empresa registró un Ebitda de US$6.670 millones, una utilidad consolidada de US$2.423 millones y aportes al Fisco por US$1.778 millones. Pese a esos resultados, la magnitud de sus requerimientos de inversión obliga a priorizar proyectos y revisar la asignación de capital.

El directorio también analiza más de 20 contratos y asociaciones con terceros, junto con la posibilidad de postergar iniciativas que no sean indispensables. El objetivo es concentrar los recursos en proyectos capaces de recuperar producción, mejorar márgenes y reducir riesgos operacionales.

Fontaine ha planteado además la necesidad de revisar las normas que rigen a Codelco para facilitar la incorporación de socios en proyectos específicos. Esa alternativa no supone vender la corporación, sino ampliar las herramientas disponibles para financiar desarrollos sin cargar todo el esfuerzo sobre la deuda o los flujos propios.

Una decisión con impacto productivo y fiscal

La eventual venta de estas participaciones tendría efectos que irían más allá del balance financiero. Codelco reduciría su producción consolidada atribuible, perdería parte de los dividendos futuros y disminuiría su exposición a operaciones privadas que hoy diversifican sus resultados.

A cambio, podría liberar recursos para activos donde tiene control operacional completo y capacidad directa para capturar mejoras de productividad.

El resultado dependerá del precio que puedan alcanzar las participaciones y del destino de los fondos. Una venta tendría sentido económico únicamente si el capital obtenido genera un retorno superior al valor de conservar los activos.

Por ahora, Codelco no ha iniciado un proceso formal de enajenación ni ha definido qué inversiones podrían salir de su portafolio. La señal del directorio es que ninguna participación será considerada intocable si existe una alternativa capaz de fortalecer la producción propia y mejorar la posición financiera de la empresa.

La industria observará especialmente la valorización de El Abra, Quebrada Blanca y Anglo American Sur, el interés de potenciales inversionistas y las condiciones que podrían imponer los actuales socios. También será determinante conocer si una eventual operación requerirá autorizaciones especiales o modificaciones legales.

La discusión marca un cambio en la gestión de activos de Codelco: las participaciones minoritarias dejarán de ser evaluadas solo por su aporte productivo y pasarán a competir por capital con los proyectos estructurales de la estatal.