
La incorporación de radares meteorológicos volvió a instalarse en la discusión pública chilena durante octubre de 2026, después de las intensas precipitaciones y el aluvión que afectó al sector de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes. Mientras las autoridades evalúan adquirir estos instrumentos para mejorar la vigilancia atmosférica, surge una pregunta fundamental: cómo funcionan, qué información pueden entregar y qué profesionales están preparados para utilizarlos.
Chile todavía no dispone de una red nacional operativa de radares meteorológicos terrestres destinada al seguimiento continuo de precipitaciones. Esta limitación dificulta observar con suficiente detalle determinados fenómenos que se desarrollan rápidamente, especialmente en zonas cordilleranas y sectores donde las lluvias pueden concentrarse durante períodos breves.
Miguel Fernández, meteorólogo del proyecto GEOOs de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (PUCV), participa en el análisis de fenómenos meteorológicos que afectan al territorio nacional, un ámbito en el que la observación atmosférica y la interpretación especializada de los datos resultan fundamentales.
¿Cómo funciona un radar meteorológico?
Un radar meteorológico es un instrumento de observación remota que utiliza ondas electromagnéticas para detectar partículas presentes en la atmósfera, principalmente gotas de lluvia, cristales de hielo y granizo.
El equipo transmite pulsos de energía mediante una antena que gira y realiza exploraciones en diferentes direcciones y elevaciones. Cuando estas ondas encuentran partículas atmosféricas, parte de la señal regresa hacia el instrumento.
A partir del tiempo transcurrido entre la emisión y la recepción, el sistema calcula la distancia a la que se encuentran los objetivos detectados. La intensidad de la señal recibida permite estimar características de las precipitaciones.
Una de las principales variables obtenidas es la reflectividad, expresada habitualmente en decibelios de reflectividad (dBZ). Este parámetro describe la intensidad de la energía que regresa al radar y ayuda a identificar sectores donde podrían registrarse precipitaciones intensas.
Sin embargo, una reflectividad elevada no equivale automáticamente a una cantidad determinada de lluvia en superficie. La estimación depende de factores como el tamaño de las gotas, el tipo de precipitación y las condiciones atmosféricas.
Los sistemas modernos pueden actualizar sus observaciones cada pocos minutos, dependiendo del equipo y de su configuración. Esto permite seguir la evolución de una tormenta mientras ocurre, en lugar de depender exclusivamente de pronósticos elaborados con varias horas de anticipación.
¿Qué diferencia existe entre un radar convencional y uno Doppler?
Los radares meteorológicos Doppler incorporan una capacidad adicional: permiten estimar el movimiento de las partículas atmosféricas mediante las variaciones de frecuencia o fase de las señales que regresan al instrumento.
Este principio, conocido como efecto Doppler, permite calcular la velocidad radial de los objetivos, es decir, si se aproximan o alejan del radar y a qué velocidad.
Con esta información, los meteorólogos pueden identificar patrones asociados a circulación atmosférica, cambios bruscos en el viento y posibles rotaciones dentro de tormentas.
Los equipos de doble polarización agregan otra herramienta. Transmiten y reciben señales con orientaciones horizontal y vertical, lo que contribuye a diferenciar gotas de lluvia, partículas de nieve y granizo, además de mejorar determinadas estimaciones de precipitación.
Estas capacidades son especialmente relevantes para estudiar tormentas convectivas, que pueden generar lluvias intensas, granizadas, ráfagas de viento y, bajo condiciones específicas, tornados.
No obstante, detectar circulación atmosférica favorable para un tornado no significa confirmar que este se haya formado. La interpretación exige analizar simultáneamente distintas variables y observaciones.
¿Quiénes están capacitados para operar estos equipos?
La utilización profesional de un radar meteorológico requiere competencias que van más allá del manejo de una pantalla o un programa informático.
Los meteorólogos con formación específica en observación por radar están preparados para interpretar los datos atmosféricos, reconocer patrones de tiempo severo, evaluar incertidumbres y utilizar los resultados para elaborar pronósticos de muy corto plazo.
La Organización Meteorológica Mundial (OMM) contempla competencias relacionadas con el análisis de reflectividad, velocidad Doppler, información polarimétrica y estimaciones de precipitación.
Estas capacidades también incluyen reconocer señales que no corresponden a fenómenos meteorológicos, como interferencias, ecos del terreno y otros objetos capaces de reflejar las ondas.
Por otra parte, ingenieros electrónicos, especialistas en telecomunicaciones y técnicos capacitados pueden asumir funciones de instalación, configuración, mantenimiento, calibración y supervisión del funcionamiento del equipamiento.
Se trata de tareas complementarias, pero diferentes.
Un profesional encargado del mantenimiento electrónico no necesariamente posee las competencias meteorológicas necesarias para interpretar una tormenta severa. Del mismo modo, un meteorólogo puede estar preparado para analizar productos del radar sin contar con la especialización técnica requerida para reparar sus componentes.
Por eso, una operación institucional completa necesita equipos multidisciplinarios que integren meteorología, ingeniería, procesamiento de datos, informática y gestión de emergencias.
Los desafíos de instalar radares meteorológicos en Chile
La geografía chilena presenta dificultades particulares para implementar esta tecnología.
La presencia de la cordillera de los Andes, la cordillera de la Costa y numerosos valles puede bloquear parcialmente las señales electromagnéticas y generar sectores con cobertura limitada.
Además, como las ondas se propagan siguiendo trayectorias que no acompañan exactamente la curvatura terrestre, la altura a la que observa el radar aumenta con la distancia. Esto puede dificultar la detección de precipitaciones cercanas al suelo en sectores alejados.
Por estas razones, seleccionar un emplazamiento requiere estudios técnicos que consideren topografía, alcance, infraestructura eléctrica, telecomunicaciones y posibles interferencias.
También resulta necesario calibrar periódicamente los instrumentos y contrastar sus resultados con estaciones meteorológicas y pluviómetros instalados en superficie.
La discusión tampoco puede limitarse al costo de adquisición. Mantener una red operativa exige recursos permanentes, soporte especializado, sistemas informáticos y personal disponible para vigilar las condiciones atmosféricas.
Chile mantiene proyectos pendientes para ampliar su vigilancia meteorológica
La Dirección Meteorológica de Chile (DMC), dependiente de la Dirección General de Aeronáutica Civil, lleva varios años impulsando iniciativas destinadas a incorporar radares a los sistemas nacionales de observación.
Entre los antecedentes se encuentra una propuesta presentada en 2022 al Gobierno Regional Metropolitano, que contemplaba dos radares, estaciones meteorológicas y equipos detectores de tormentas, con un financiamiento solicitado superior a $6.300 millones. La iniciativa no obtuvo los recursos requeridos.
En la planificación nacional también se ha considerado una red de ocho radares entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos, acompañada por nuevas estaciones automáticas y sistemas de detección de tormentas.
A estos antecedentes se suma un proyecto científico de la Universidad de Valparaíso, adjudicado en el concurso Fondequip Mayor 2025 de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID).
La iniciativa, encabezada por el académico Jorge Arévalo, contempla la adquisición de un radar meteorológico móvil destinado a estudiar fenómenos atmosféricos extremos en distintas zonas del país.
El carácter móvil del instrumento permitirá desarrollar investigaciones en territorios con condiciones meteorológicas diferentes, obtener observaciones tridimensionales y contribuir a la formación de especialistas.
Sin embargo, este proyecto de investigación no equivale a la instalación de una red nacional permanente de vigilancia meteorológica.
Durante octubre de 2026, las autoridades volvieron a discutir mecanismos de financiamiento para adquirir radares en la Región Metropolitana. La definición de recursos, contratación e implementación continúa siendo un aspecto central para materializar estas iniciativas.
¿Pueden los radares prevenir aluviones e inundaciones?
Los radares meteorológicos pueden mejorar la detección de lluvias intensas y proporcionar información útil para anticipar condiciones peligrosas, pero no permiten predecir por sí solos la ocurrencia de un aluvión.
Una remoción en masa depende también de las características del terreno, la humedad del suelo, la pendiente, la geología y la respuesta de las quebradas y cuencas frente a las precipitaciones.
Por ello, las observaciones deben integrarse con modelos hidrológicos, registros de estaciones terrestres, pronósticos meteorológicos y antecedentes sobre las áreas expuestas.
En Chile, la Dirección Meteorológica genera información y alertamientos sobre amenazas atmosféricas, mientras que el Servicio Nacional de Prevención y Respuesta ante Desastres (Senapred) coordina medidas preventivas y de respuesta conforme a sus atribuciones.
Una red de radares podría fortalecer ese trabajo mediante información más detallada sobre la localización, intensidad y desplazamiento de las precipitaciones.
El beneficio dependerá de la capacidad de transformar esas mediciones en decisiones oportunas.
En consecuencia, el desafío para Chile no consiste solamente en comprar instrumentos de alta tecnología, sino también en definir dónde instalarlos, formar profesionales, asegurar su funcionamiento permanente e integrar sus datos a los sistemas de prevención y respuesta ante emergencias.
REDIMIN Responde
¿Qué evento meteorológico reciente reavivó la discusión sobre radares meteorológicos en Chile?
Las intensas precipitaciones y el aluvión que afectó al sector de San Carlos de Apoquindo, en Las Condes, durante octubre de 2026, reavivaron la discusión sobre la incorporación de radares meteorológicos en Chile.
¿Cuál es la situación actual de la red de radares meteorológicos en Chile?
Chile todavía no dispone de una red nacional operativa de radares meteorológicos terrestres destinada al seguimiento continuo de precipitaciones, lo que dificulta observar fenómenos que se desarrollan rápidamente, especialmente en zonas cordilleranas.
¿Qué capacidades adicionales tienen los radares meteorológicos Doppler?
Los radares meteorológicos Doppler pueden estimar el movimiento de las partículas atmosféricas mediante variaciones de frecuencia o fase de las señales, lo que permite calcular la velocidad radial de los objetivos y detectar patrones asociados a circulación atmosférica y cambios en el viento.
¿Qué desafíos presenta la geografía chilena para la instalación de radares meteorológicos?
La geografía chilena, con la cordillera de los Andes, la cordillera de la Costa y numerosos valles, puede bloquear parcialmente las señales electromagnéticas y generar sectores con cobertura limitada, dificultando la detección de precipitaciones cercanas al suelo en sectores alejados.
¿Qué iniciativas ha impulsado la Dirección Meteorológica de Chile para mejorar la vigilancia meteorológica?
La Dirección Meteorológica de Chile ha impulsado iniciativas para incorporar radares a los sistemas nacionales de observación, incluyendo una propuesta en 2022 para dos radares y estaciones meteorológicas, y una planificación para una red de ocho radares entre las regiones de Valparaíso y Los Lagos.






