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El incendio de El Teniente mató a 355 trabajadores: cómo el humo se volvió letal bajo tierra

El fuego comenzó junto a un acceso; dentro de la mina, el humo convirtió la ventilación y las salidas en parte de la emergencia.

El incendio de El Teniente mató a 355 trabajadores: cómo el humo se volvió letal bajo tierra

El 19 de junio de 1945, un incendio en el sector Teniente 1 de la mina El Teniente llenó de humo las galerías subterráneas y causó la muerte de 355 trabajadores. Otros 747 resultaron heridos, de acuerdo con la Dirección del Trabajo. La tragedia, conocida como “El Humo”, expuso cómo un fuego iniciado junto a un acceso podía extender gases tóxicos por la mina y dejar a quienes estaban bajo tierra con pocas opciones para escapar.

La faena pertenecía entonces a la Braden Copper Company. Codelco identifica el origen del incendio en una fragua ubicada en uno de los portales de acceso, en el nivel Teniente 1; las víctimas murieron por la emanación de monóxido de carbono. La cifra de fallecidos y la fecha coinciden en el registro histórico de la estatal y en la conmemoración oficial de la Dirección del Trabajo.

La fragua de Teniente 1 originó el incendio del 19 de junio

La reconstrucción de Codelco ubica el fuego en una fragua del portal de la mina. El detalle importa: el incendio no necesitó comenzar lejos, en las labores más profundas, para convertirse en una amenaza subterránea. Su cercanía a una entrada conectada con las galerías permitió que humo y gases ingresaran al circuito de la mina. La compañía identifica el monóxido de carbono como causa de las muertes.

Un registro histórico que recoge noticias publicadas en los días posteriores describe un incendio en Teniente 1 y una nube de humo que se extendió por el mineral. Esa recopilación también recoge explicaciones posteriores sobre la combustión de materiales en el sector. Los relatos iniciales de la prensa no fueron uniformes sobre el origen y las circunstancias, por lo que el dato más sólido para fijar el punto de inicio es el registro histórico de la propia división: una fragua en uno de los accesos.

El monóxido de carbono es especialmente peligroso porque puede intoxicar sin que una persona pueda confiar en detectar su presencia por el olor. En una mina, además, la circulación de aire conecta zonas de trabajo: el humo que entra por un sector puede avanzar a través de galerías y afectar a trabajadores alejados del foco. En El Teniente, la ventilación no evitó que la emanación alcanzara a quienes se encontraban en el interior. El saldo —355 fallecidos y 747 heridos— muestra la escala que tomó la emergencia.

El humo convirtió las galerías y los accesos en una trampa

Para evacuar no bastaba con alejarse de las llamas. Los trabajadores debían encontrar rutas transitables dentro de una red subterránea que ya estaba siendo invadida por humo y gas. La emergencia comprometió así dos elementos decisivos a la vez: la posibilidad de respirar y la de llegar a una salida segura. La cifra de heridos que registró la Dirección del Trabajo —747 personas, además de las víctimas fatales— dimensiona el alcance de la exposición.

El caso también deja claro por qué la ventilación de una mina no es solo un sistema de suministro de aire: ante un incendio, el movimiento del aire puede influir en el recorrido del humo. No corresponde atribuir a una única falla técnica cada muerte sin un informe completo de la emergencia; sí consta que las condiciones de ventilación de la época no impidieron la propagación letal, y que la fragua estaba situada junto a un acceso. Esa combinación explica por qué el control del fuego y la evacuación resultaron tan críticos.

Ventilación, accesos y almacenamiento cambiaron tras la tragedia

Codelco señala que el desastre impulsó cambios en ventilación, accesos y almacenamiento de materiales, además de una transformación en la gestión de seguridad y en la operación de la mina. La empresa también ha descrito el episodio como un hito en el nacimiento de la seguridad industrial. Es una consecuencia concreta: la prevención debía considerar no solo cómo evitar un incendio, sino también dónde se guardaban materiales, cómo podía propagarse el humo y por dónde podían salir los trabajadores.

La memoria del accidente sigue ligada a esos cambios. En junio de 2026, la división incorporó 62 nombres que faltaban en el memorial del Cementerio N.º 2 de Rancagua, completando allí el registro de las 355 personas fallecidas; algunos trabajadores habían sido sepultados en otros lugares. El dato muestra que incluso la reconstrucción de la tragedia continuó después de la emergencia: primero hubo que rescatar e identificar a las víctimas; décadas después, completar su reconocimiento público.