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Goldman Sachs recorta a US$4.900 su proyección para el oro a fines de 2026 por giro más duro de la Fed

Goldman Sachs ajustó su proyección para el precio del oro a US$4.900 por onza, reduciendo su meta anterior en US$500, en medio de un entorno de tasas más altas en Estados Unidos.

Goldman Sachs recorta a US$4.900 su proyección para el oro a fines de 2026 por giro más duro de la Fed
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Goldman Sachs redujo en US$500 por onza su meta para el metal, aunque mantuvo una visión constructiva por la demanda de bancos centrales y el rol del oro como activo de reserva.

Goldman Sachs ajustó a la baja su proyección para el precio del oro hacia fines de 2026, desde US$5.400 a US$4.900 por onza, en una señal relevante para el mercado de metales preciosos y para las compañías mineras expuestas a este commodity. El recorte responde principalmente a un escenario de política monetaria más restrictivo en Estados Unidos, con menores expectativas de recortes de tasas durante 2026 y un dólar más firme presionando a los activos que no generan rendimiento, como el oro.

La revisión no implica un cambio completo en la tesis de largo plazo del banco. Goldman Sachs sigue viendo soporte estructural para el oro por las compras de bancos centrales, la diversificación de reservas y la persistencia de riesgos geopolíticos y fiscales. Sin embargo, el nuevo objetivo marca una corrección táctica frente a un mercado que venía incorporando precios más altos y una trayectoria de tasas más favorable para el metal.

El factor Fed cambia el escenario para el oro

El principal elemento detrás del ajuste es la Reserva Federal. Según reportes financieros internacionales, Goldman Sachs retiró de su escenario los recortes de tasas esperados para 2026 y desplazó parte de esa normalización monetaria hacia 2027. Esa lectura reduce el atractivo relativo del oro, porque tasas más altas elevan el costo de oportunidad de mantener un activo sin cupón ni dividendo.

La presión ya se reflejó en el mercado. Reuters informó que el oro encadenó su tercera semana consecutiva de pérdidas, afectado por un dólar más fuerte y señales más restrictivas desde la Fed. El oro spot se ubicó el viernes en torno a US$4.169 por onza, mientras los futuros estadounidenses cerraron cerca de US$4.186 por onza.

Para la minería aurífera, la señal es clara: el precio sigue alto en términos históricos, pero el mercado comenzó a descontar un techo más exigente para 2026. Esto puede moderar expectativas de márgenes extraordinarios, valorizaciones bursátiles y decisiones de inversión de corto plazo, especialmente en proyectos con costos elevados o alta sensibilidad al precio del metal.

Un recorte, no un giro bajista

El ajuste de Goldman Sachs debe leerse en perspectiva. La nueva meta de US$4.900 por onza sigue estando por encima de los niveles recientes del mercado y mantiene al oro en una zona de precios muy favorable frente a los promedios históricos. El banco venía de elevar en enero su proyección de diciembre de 2026 a US$5.400 por onza, desde US$4.900, apoyado en la diversificación de inversionistas privados y bancos centrales hacia el metal.

Ahora, el cambio apunta más a la velocidad y magnitud del ciclo alcista que a su dirección estructural. El oro conserva fundamentos de demanda asociados a incertidumbre geopolítica, búsqueda de activos refugio y menor dependencia del dólar en parte de los portafolios soberanos.

Esa diferencia es relevante para las compañías mineras. Un precio de US$4.900 por onza todavía ofrece un entorno sólido para productores de oro con costos controlados, balances sanos y operaciones en jurisdicciones estables. Pero también obliga a revisar expectativas en proyectos marginales, exploradoras junior y planes de expansión que dependían de escenarios aún más agresivos.

Bancos centrales siguen sosteniendo la demanda

Uno de los factores que evita una lectura abiertamente negativa es la demanda oficial. El World Gold Council informó que en el primer trimestre de 2026 la demanda total de oro, incluyendo operaciones OTC, subió 2% interanual hasta 1.231 toneladas, mientras el valor de esa demanda alcanzó un récord de US$193.000 millones. En ese mismo período, los bancos centrales compraron 244 toneladas netas de oro, un alza de 3% interanual.

Además, una encuesta del World Gold Council mostró que 45% de los bancos centrales consultados planea aumentar sus reservas de oro durante los próximos 12 meses, el mayor porcentaje registrado desde que se realiza ese sondeo. El estudio consideró respuestas de 74 administradores de reservas entre febrero y mayo de 2026.

Este dato es clave para el sector minero: la demanda soberana actúa como un piso estructural distinto al ciclo tradicional de joyería, inversión minorista o flujos de ETF. Para productores y desarrolladores auríferos, esa base de compradores puede sostener precios incluso en períodos de volatilidad financiera.

Datos clave

  • Banco: Goldman Sachs.

  • Commodity: oro.

  • Nueva proyección a fines de 2026: US$4.900 por onza.

  • Proyección anterior: US$5.400 por onza.

  • Recorte: US$500 por onza.

  • Principal causa: expectativas de tasas más altas por más tiempo en Estados Unidos.

  • Precio spot reciente informado por Reuters: cerca de US$4.169 por onza.

  • Demanda global de oro en Q1 2026: 1.231 toneladas, según World Gold Council.

  • Compras netas de bancos centrales en Q1 2026: 244 toneladas.

Impacto para la industria minera

El nuevo escenario mantiene al oro como uno de los metales con mejores fundamentos relativos dentro del mercado minero, pero introduce una señal de cautela. Para productores consolidados, un precio cercano a US$4.900 por onza continúa siendo altamente favorable, especialmente si los costos operacionales no aumentan al mismo ritmo. Para compañías en etapa de desarrollo, en cambio, el foco volverá a estar en la disciplina de capital, permisos, financiamiento y control de costos.

En los mercados bursátiles, las mineras de oro suelen reaccionar de forma amplificada a los movimientos del metal. Si el precio corrige o se estabiliza bajo los máximos esperados, los inversionistas tienden a diferenciar con más fuerza entre compañías con producción, reservas probadas, bajo endeudamiento y jurisdicciones confiables, frente a exploradoras con mayor riesgo técnico o financiero.

El ajuste también puede influir en fusiones y adquisiciones. Un oro alto, pero con menor euforia de precios, puede acelerar operaciones corporativas donde productores busquen reemplazar reservas o asegurar proyectos avanzados antes de nuevos ciclos de valorización. Al mismo tiempo, podría dificultar financiamiento para activos de menor calidad o con cronogramas ambientales y regulatorios inciertos.

Qué observará el mercado

La trayectoria del oro dependerá de tres variables principales: la política de tasas de la Reserva Federal, la evolución del dólar y la continuidad de las compras de bancos centrales. Si la Fed mantiene un tono restrictivo por más tiempo, el oro podría enfrentar nuevas presiones de corto plazo. Si aumentan los riesgos geopolíticos o fiscales, la demanda refugio puede volver a impulsar el precio.

Para la minería, la lectura práctica es que el ciclo aurífero sigue fuerte, pero entra en una fase más selectiva. El mercado ya no parece premiar solo la exposición al oro: premiará producción rentable, proyectos financiables, reservas de calidad y capacidad de ejecutar en un entorno de costos altos.