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Google enviará sus primeros TPU al espacio para probar infraestructura de IA en órbita

Google inicia un experimento espacial con sus procesadores de inteligencia artificial, enviando TPU en la misión Transporter-18 de SpaceX para evaluar su rendimiento en condiciones orbitales.

Google enviará sus primeros TPU al espacio para probar infraestructura de IA en órbita
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El prototipo de Project Suncatcher viajará el 1 de octubre en la misión Transporter-18 de SpaceX con cuatro procesadores de inteligencia artificial. El ensayo medirá su resistencia a radiación, vibraciones y problemas de refrigeración en vacío antes de avanzar hacia experimentos con varios satélites.

Google prepara el primer envío de sus Tensor Processing Units (TPU) al espacio, en un experimento destinado a comprobar si los procesadores que utiliza para cargas de inteligencia artificial pueden operar de manera fiable en órbita. El prototipo, desarrollado en asociación con Planet dentro de Project Suncatcher, llevará cuatro TPU y tiene previsto despegar el 1 de octubre a bordo de la misión compartida Transporter-18 de SpaceX.

El objetivo inmediato no es instalar un centro de datos espacial ni ejecutar a gran escala modelos de inteligencia artificial fuera de la Tierra. Google busca primero obtener información real sobre el comportamiento de su hardware frente a tres problemas fundamentales: la violencia mecánica del lanzamiento, la radiación espacial y la disipación del calor en vacío.

SpaceX tiene programado Transporter-18 desde la Base de la Fuerza Espacial Vandenberg, en California, mediante un Falcon 9. La misión contempla 130 cargas y el despliegue del prototipo Project Suncatcher M1 está previsto aproximadamente una hora después del despegue.

Cuatro TPU enfrentarán por primera vez el ambiente orbital

Project Suncatcher fue presentado por Google en noviembre de 2025 como un programa de investigación para determinar si, a largo plazo, es posible desarrollar infraestructura de cómputo de aprendizaje automático alimentada por energía solar en el espacio.

La hipótesis detrás del programa es que una futura red de satélites equipada con procesadores especializados podría aprovechar períodos prolongados de exposición solar y procesar grandes cargas computacionales en órbita.

Antes de estudiar una arquitectura de esa escala, Google necesita demostrar que los componentes pueden soportar el ambiente espacial.

Durante el ascenso hacia la órbita terrestre baja, el vehículo experimentará fuertes vibraciones y aceleraciones sostenidas que pueden alcanzar aproximadamente 10 veces la gravedad terrestre. Determinados componentes individuales pueden enfrentar cargas considerablemente mayores, del orden de 50 a 100 g.

Google ya realizó ensayos terrestres sometiendo el satélite a vibraciones en los tres ejes para reproducir las condiciones esperadas durante el lanzamiento. El hardware superó esas pruebas, pero el vuelo permitirá comprobar cómo responde el conjunto completo en una misión real.

Radiación: uno de los riesgos para los procesadores

Una vez en órbita aparece otro desafío: la exposición a partículas energéticas procedentes del Sol y de los rayos cósmicos.

En la superficie terrestre, la atmósfera y el campo magnético proporcionan una protección considerable frente a esa radiación. Los dispositivos electrónicos en el espacio quedan mucho más expuestos y pueden sufrir alteraciones temporales de información, como cambios de bits, o degradación acumulativa de sus componentes.

Para evaluar ese riesgo, Google probó sus TPU Trillium en el Crocker Nuclear Laboratory de la Universidad de California en Davis. Los chips fueron expuestos a un haz de protones mientras ejecutaban cargas de inteligencia artificial, permitiendo observar posibles errores durante su funcionamiento.

La compañía sostiene que los resultados iniciales muestran que los procesadores soportaron una dosis ionizante total superior a la que recibirían durante una misión espacial de cinco años.

Ese ensayo ofrece una referencia sobre su resistencia, pero no reemplaza la operación en órbita, donde las condiciones radiativas varían y múltiples factores actúan simultáneamente sobre el sistema.

Enfriar chips en el vacío obliga a cambiar el diseño

La temperatura plantea un problema diferente. Aunque el espacio suele asociarse con temperaturas extremadamente bajas, en el vacío no existe aire que permita refrigerar los procesadores mediante convección, como ocurre en centros de datos terrestres.

Los TPU concentran una elevada generación de calor en una superficie reducida. Si esa energía térmica no puede evacuarse adecuadamente, los chips pueden alcanzar temperaturas incompatibles con su funcionamiento.

Google desarrolló para el prototipo un sistema basado en tuberías térmicas y radiadores. Las tuberías trasladan el calor desde los procesadores hacia otras superficies y los radiadores lo expulsan mediante radiación térmica.

La configuración ya fue ensayada en cámaras de vacío térmico que reproducen parte de las condiciones espaciales. El vuelo de Suncatcher permitirá verificar si el mecanismo mantiene temperaturas adecuadas durante una operación real en órbita.

Los datos obtenidos serán utilizados para modificar el diseño de futuras misiones.

El siguiente desafío será conectar satélites mediante láser

El experimento de octubre es solo una primera etapa.

Google y Planet trabajan también en una misión posterior prevista para 2027, destinada a operar dos satélites conjuntamente y probar comunicaciones ópticas de alta capacidad entre ellos.

Una futura infraestructura orbital de inteligencia artificial requeriría distribuir la capacidad de procesamiento entre múltiples vehículos. Google plantea diseños en los que cada satélite podría incorporar decenas de TPU y comunicarse con otros mediante enlaces láser.

La dificultad no reside únicamente en transmitir información. Para soportar cargas computacionales distribuidas, los enlaces tendrían que alcanzar un ancho de banda muy elevado entre satélites que se desplazan constantemente y deben mantener una posición relativa controlada con gran precisión.

El experimento con dos satélites previsto para 2027 estará orientado precisamente a probar parte de esa arquitectura.

De un experimento a un posible centro de datos orbital hay una larga distancia

Uno de los argumentos que Google estudia para trasladar capacidad computacional al espacio es la disponibilidad de energía solar. La empresa calcula que determinadas configuraciones orbitales podrían recibir hasta ocho veces más energía solar que sistemas comparables instalados en la superficie terrestre, debido a la ausencia de atmósfera y a una exposición más prolongada al Sol.

Sin embargo, disponer de energía no resuelve automáticamente la viabilidad de un centro de datos orbital. Una infraestructura de gran escala tendría que superar dificultades relacionadas con costos de lanzamiento, mantenimiento, reemplazo de hardware, comunicaciones, tolerancia a fallas, basura espacial y control térmico, además de demostrar que puede competir económicamente con centros de datos construidos en tierra.

Project Suncatcher se encuentra todavía lejos de esa etapa.

El vuelo del 1 de octubre debe entenderse como una misión tecnológica de aprendizaje: cuatro TPU serán enviados al espacio para comprobar si sobreviven al lanzamiento y pueden operar bajo radiación y condiciones térmicas reales.

Los resultados determinarán qué modificaciones necesita el hardware antes de avanzar a sistemas más complejos. Solo después de resolver esos problemas básicos Google podrá evaluar si su visión de redes de satélites dedicadas al procesamiento de inteligencia artificial puede pasar de un experimento orbital a una infraestructura capaz de operar a escala.