Energía

Hidrógeno verde y US$10 mil millones en juego: las razones estratégicas que sepultaron el proyecto INNA de AES Andes

Hidrógeno verde fue la promesa que sostuvo durante meses uno de los proyectos energéticos más ambiciosos concebidos en Chile . Sin embargo, a fines de enero,…

Hidrógeno verde y US$10 mil millones en juego: las razones estratégicas que sepultaron el proyecto INNA de AES Andes
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Hidrógeno verde fue la promesa que sostuvo durante meses uno de los proyectos energéticos más ambiciosos concebidos en Chile. Sin embargo, a fines de enero, AES Andes confirmó lo que en la industria ya se comentaba en voz baja: el proyecto INNA no seguiría adelante. La iniciativa, que contemplaba una inversión cercana a los US$10 mil millones en la Región de Antofagasta para producir hidrógeno y amoníaco verde a gran escala, terminó siendo descartada no por un veto político ni exclusivamente por la oposición científica, sino por una definición estratégica tomada en Estados Unidos, en un momento especialmente sensible para la compañía.

El anuncio se realizó un viernes, cuando los mercados ya habían cerrado, y fue escueto. AES Andes señaló que priorizaría sus recursos en el desarrollo de su cartera de proyectos renovables y de almacenamiento, alineándose con los lineamientos de su casa matriz. Detrás de esa frase, según coinciden actores del sector energético, hay una evaluación de riesgo, plazo y rentabilidad que terminó inclinando la balanza en contra de INNA.

El proyecto había enfrentado una creciente controversia por su emplazamiento en las cercanías de Cerro Paranal, lo que generó una férrea oposición de la comunidad astronómica. El debate escaló incluso al plano político durante la campaña presidencial, con posiciones encontradas sobre la compatibilidad entre desarrollo energético y protección de la astronomía. No obstante, fuentes de la industria aseguran que ese conflicto no fue el factor decisivo. La posibilidad de relocalizar el proyecto existió, pero implicaba costos adicionales y una redefinición profunda del diseño original.

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La clave, apuntan las mismas fuentes, estuvo en Estados Unidos. AES Corp., con sede en Virginia, atraviesa un periodo de definiciones estratégicas marcado por dos variables centrales. Por un lado, la eventual venta de la compañía, luego de que trascendieran negociaciones con Global Infrastructure Partners, fondo controlado por BlackRock. Por otro, la presión creciente del mercado eléctrico estadounidense, que enfrenta una demanda explosiva de energía producto del auge de los centros de datos asociados a la inteligencia artificial.

En ese contexto, el capital y el foco corporativo comenzaron a dirigirse hacia proyectos de retorno más inmediato y localizados en el mercado estadounidense. La construcción acelerada de data centers exige nueva capacidad de generación y almacenamiento ahora, no en una década. Un megaproyecto de hidrógeno verde en Chile, intensivo en capital, de maduración larga y con una tecnología cuyo modelo de negocio aún no está plenamente probado, quedó fuera de esa lógica.

A ello se suma una realidad estructural: pese al entusiasmo inicial, el hidrógeno verde todavía enfrenta altos costos y limitaciones de mercado. Su uso masivo como combustible sigue siendo incierto y, por ahora, parece más viable en nichos específicos como el transporte marítimo o aéreo de gran escala. Para una empresa que evalúa su valorización y su atractivo para potenciales compradores, esa incertidumbre pesa.

Así, INNA terminó convirtiéndose en una víctima del timing corporativo global más que de la coyuntura local. La decisión de AES Andes refleja cómo los grandes proyectos de transición energética en Chile no solo compiten por permisos y aceptación social, sino también por capital y atención en un tablero internacional cada vez más exigente.

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