El IPSA recuperó terreno este miércoles y terminó la jornada con un avance de 2,42% hasta 10.497,46 puntos, de acuerdo con los datos de la Bolsa de Santiago. El repunte llegó después de una sesión anterior marcada por ventas fuertes y episodios de alta volatilidad, cuando el índice incluso llegó a perforar los 10.000 puntos en forma intradía.
El rebote local ocurre con mercados globales mirando titulares bélicos
El movimiento en Santiago se alineó con un tono más favorable afuera, en una jornada donde los inversores siguieron calibrando el impacto económico y financiero del conflicto. En Estados Unidos, el Nasdaq avanzaba 1,61%, el S&P 500 subía 0,96% y el Dow Jones ganaba 0,58% en la tarde, en un mercado que reaccionó a señales de posible contacto indirecto para discutir términos de salida del conflicto, aunque con versiones cruzadas posteriores, según Reuters.
En Europa también hubo recuperación tras el golpe inicial de las jornadas previas: el Euro Stoxx 50 rebotó 1,75% y en Reino Unido y Francia los avances fueron inferiores a 1%, según el balance de mercado publicado por CincoDías (El País).
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Energía y refugio: por qué el petróleo y los metales siguen siendo la variable crítica para Chile
El canal más directo de contagio para el ánimo bursátil ha sido la energía. En la misma jornada, el mercado operó con el petróleo como referencia permanente del riesgo: el crudo estadounidense se movía en torno a US$74 y el Brent cerca de US$81 por barril, de acuerdo con el mismo reporte de Reuters.
En paralelo, los metales vuelven a tomar protagonismo como termómetro de apetito por riesgo y de cobertura. En Chile, el foco pasa por el seguimiento del precio del cobre —clave para flujos y expectativas sectoriales— y por el comportamiento de activos defensivos como el precio del oro, que suele concentrar demanda en episodios de tensión geopolítica.
Señales que el mercado está siguiendo desde ahora
Evolución del conflicto y cualquier indicio verificable de desescalada o ampliación del frente operativo.
Trayectoria del petróleo y su transmisión a inflación esperada, tasas y monedas emergentes.
Reacción de Wall Street (especialmente tecnología) y el impacto en flujos hacia mercados fuera de EE.UU.
Comportamiento de metales —cobre y oro— como síntesis de riesgo global y expectativas de actividad.









