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Irán exige controlar el ingreso de buques por Hormuz y eleva la presión sobre el suministro energético mundial

Irán busca controlar el ingreso de buques en el estrecho de Hormuz, lo que podría impactar el suministro energético global y las operaciones mineras en Chile.

Irán exige controlar el ingreso de buques por Hormuz y eleva la presión sobre el suministro energético mundial
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Teherán negocia con Omán un mecanismo temporal para reabrir el estrecho, pero condiciona el tránsito a mantener autoridad sobre los buques que ingresen al golfo Pérsico y supervisar las embarcaciones que salgan.

Irán planteó asumir el control de los buques que ingresen por el estrecho de Hormuz y mantener capacidad de supervisión sobre el tráfico de salida, como parte de las negociaciones que sostiene con Omán para reabrir una de las rutas energéticas más sensibles del mundo.

La propuesta considera que las embarcaciones que entren al golfo Pérsico transiten bajo control iraní, mientras que la circulación hacia el océano Índico se realizaría por una ruta ubicada entre las aguas territoriales de Irán y Omán. En este último caso, la autorización de salida sería gestionada por Omán, pero Teherán recibiría información previa y conservaría la posibilidad de intervenir.

El esquema todavía se encuentra en discusión y tendría carácter temporal. Sin embargo, su aplicación modificaría las condiciones bajo las cuales operaba el transporte marítimo antes del conflicto regional, cuando los buques circulaban libremente por las vías establecidas dentro del sistema internacional de separación de tráfico.

Una negociación centrada en el control marítimo

La posición iraní representa una flexibilización respecto de su planteamiento inicial, que buscaba controlar tanto el tránsito de entrada como el de salida. Pese a esa modificación, Teherán mantiene su rechazo a dividir en partes iguales la administración de las rutas con Omán.

El gobierno iraní argumenta que un reparto equilibrado no resolvería sus preocupaciones de seguridad mientras no exista estabilidad regional de largo plazo. Esa diferencia se ha transformado en uno de los principales obstáculos para alcanzar un acuerdo que permita normalizar el transporte de petróleo, gas natural licuado, fertilizantes y otras mercancías.

El estrecho se encuentra en aguas territoriales de Irán y Omán, aunque es considerado ampliamente como una vía de navegación internacional. Su sistema de circulación en dos sentidos fue establecido en 1968 con respaldo del organismo marítimo de Naciones Unidas y distribuye los corredores entre ambos países.

La disputa no se limita, por lo tanto, a la reapertura física de la ruta. Lo que está en juego es quién tendrá autoridad para fiscalizar, autorizar o eventualmente detener el tránsito comercial por Hormuz.

Estados Unidos sostiene que el entendimiento alcanzado con Irán en junio contemplaba la reapertura del paso marítimo. Teherán interpreta que ese acuerdo preservó expresamente su autoridad sobre el tráfico naval. Las diferencias sobre el contenido del entendimiento mantienen abierta una negociación con efectos directos sobre el mercado energético.

Hormuz concentra cerca de una quinta parte del petróleo mundial

El estrecho de Hormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el océano Índico. En su punto más estrecho alcanza aproximadamente 34 kilómetros de ancho, una dimensión reducida considerando el volumen de hidrocarburos y mercancías que atraviesa el corredor.

Por esta vía circula alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo. También transita aproximadamente el 20% del comercio internacional de gas natural licuado, principalmente por los embarques de Qatar y otros productores del golfo.

La relevancia estratégica del paso se explica por la concentración de grandes exportadores en la región. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Irak, Kuwait y Qatar dependen en distintos niveles de Hormuz para acceder a los mercados asiáticos y europeos.

Una apertura parcial o condicionada podría aumentar los volúmenes transportados, pero no necesariamente eliminaría las primas de riesgo. Para navieras, aseguradoras y compradores de energía, la existencia de autorizaciones políticas, fiscalización militar o capacidad unilateral de intervención puede seguir siendo considerada una amenaza operacional.

Antes del conflicto, cerca del 20% del comercio mundial de gas natural licuado también utilizaba esta ruta, lo que amplía el impacto potencial más allá del mercado petrolero.

Seguros y transporte mantienen costos extraordinarios

El deterioro de la seguridad marítima elevó considerablemente el precio de asegurar buques que operan en la zona. Las primas de riesgo de guerra han llegado a ubicarse entre el 3% y el 10% del valor de una nave, dependiendo de la evaluación realizada para cada operación.

Para un petrolero valorizado en US$100 millones, ese rango puede representar un costo extraordinario de entre US$3 millones y US$10 millones por viaje o período cubierto, frente a niveles cercanos a US$250.000 antes de la escalada militar.

La diferencia incide sobre el precio final del crudo, los combustibles, el gas natural licuado y los productos petroquímicos. También afecta contratos de transporte, disponibilidad de buques y decisiones de inventario de grandes consumidores industriales.

Aunque Irán y Omán alcancen un acuerdo político, la recuperación efectiva del tráfico dependerá de que las navieras consideren que existen garantías suficientes para operar. La reapertura jurídica o diplomática no implica necesariamente una normalización inmediata de los flujos comerciales.

Las compañías podrían exigir corredores protegidos, protocolos de inspección definidos, mecanismos de comunicación y cobertura aseguradora antes de retomar operaciones regulares.

El impacto para la minería y los metales

Para la industria minera, una prolongación de las restricciones en Hormuz tiene efectos principalmente a través de la energía, el transporte y los insumos. El encarecimiento del petróleo presiona directamente los costos de diésel utilizados en camiones de extracción, equipos móviles, generación eléctrica y transporte terrestre.

Las operaciones ubicadas en zonas remotas o conectadas a sistemas eléctricos con alta participación térmica quedan especialmente expuestas. El aumento del gas natural licuado también puede elevar los costos de generación en países que dependen de importaciones para abastecer sus redes.

En Chile, el efecto inmediato no está asociado al transporte físico de concentrados de cobre por Hormuz, debido a que los principales embarques nacionales utilizan rutas del Pacífico. La exposición se produce por el aumento de los precios internacionales de la energía, los combustibles marítimos, los seguros y determinados insumos industriales.

El estrecho es, además, una ruta relevante para el comercio de fertilizantes. Una menor disponibilidad o un aumento de sus precios puede repercutir sobre la producción agrícola y alimentar presiones inflacionarias, reduciendo el margen de los bancos centrales para recortar tasas de interés.

Ese escenario puede impactar indirectamente a la minería mediante mayores costos financieros, monedas más volátiles y una desaceleración de la actividad económica mundial.

El cobre enfrenta fuerzas contrapuestas

La crisis en Hormuz genera señales mixtas para el mercado del cobre. Por una parte, un aumento sostenido del petróleo puede fortalecer la inflación y debilitar las perspectivas de crecimiento, reduciendo la demanda esperada de metales industriales.

Por otra, las disrupciones energéticas refuerzan el interés estratégico por electrificación, almacenamiento y seguridad energética, sectores intensivos en cobre. La inversión en redes eléctricas, energías renovables y sustitución de combustibles fósiles podría recibir un nuevo impulso en economías que buscan disminuir su exposición a rutas marítimas críticas.

En el corto plazo, sin embargo, la reacción del metal estará condicionada por la magnitud del conflicto, el comportamiento del dólar, la evolución de los precios energéticos y el nivel de actividad industrial de China.

Una reapertura estable de Hormuz reduciría parte de la prima geopolítica incorporada en los mercados. Un acuerdo limitado, sujeto a fiscalización iraní o con capacidad de intervención sobre los buques, mantendría la incertidumbre y podría provocar nuevos episodios de volatilidad.

La industria observará las condiciones reales de reapertura

Las negociaciones entre Irán y Omán serán evaluadas por el mercado a partir de elementos operacionales concretos: libertad efectiva de navegación, ausencia de ataques, disponibilidad de seguros, reglas de inspección y tiempos de autorización para cada embarcación.

También será determinante la respuesta de Estados Unidos y de los países productores del golfo. Washington busca un tránsito abierto y sin cobros ni restricciones, mientras Teherán intenta preservar una capacidad formal de control sobre una ruta que considera vinculada a su seguridad nacional.

La propuesta iraní abre una vía para recuperar parcialmente el flujo comercial, pero no resuelve la disputa sobre la autoridad marítima. Mientras esa diferencia continúe, Hormuz seguirá funcionando como un factor de riesgo para los precios de la energía, la inflación global y los costos operacionales de industrias intensivas en combustibles, incluida la minería.

La nota puede publicarse como actualidad internacional con enfoque en energía, costos mineros y mercado del cobre.