
Estados Unidos está reforzando su posición en Groenlandia por distintas vías que van mucho más allá de las declaraciones de Donald Trump sobre controlar la isla. Washington negocia una mayor presencia militar, impulsa inversiones y mantiene conversaciones diplomáticas, mientras empresarios tecnológicos promueven proyectos que incluyen desde nuevas ciudades hasta centros de inteligencia artificial.
El movimiento no implica que una anexión esté en marcha ni que Estados Unidos haya obtenido soberanía sobre Groenlandia. Sin embargo, muestra una estrategia cada vez más amplia para aumentar la influencia estadounidense sobre un territorio clave por su ubicación en el Ártico y sus recursos minerales.
Trump mantiene abierta esa presión. En julio sostuvo que Groenlandia debería estar bajo control de Estados Unidos y no de Dinamarca, mientras Copenhague volvió a rechazar cualquier transferencia de soberanía. Las conversaciones entre Washington, Dinamarca y Groenlandia continúan por la vía diplomática.
Estados Unidos busca ampliar su presencia militar
Uno de los avances más concretos está en el ámbito de la defensa.
Estados Unidos ya opera la base espacial de Pituffik, una instalación estratégica utilizada para vigilancia espacial y alerta temprana de misiles. A esa presencia podría sumarse el acceso a nuevos puntos militares.
El primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, confirmó en mayo que la ampliación de la presencia militar estadounidense forma parte de las conversaciones con Washington. El general Gregory Guillot, jefe del Comando Norte de Estados Unidos, había planteado previamente ante el Congreso la posibilidad de contar con acceso a tres instalaciones adicionales.
Entre los lugares examinados aparecen Kangerlussuaq y Narsarsuaq, antiguas instalaciones utilizadas por Estados Unidos que todavía cuentan con infraestructura aprovechable. Una tercera ubicación no ha sido identificada públicamente.
La expansión podría realizarse bajo el acuerdo de defensa firmado por Estados Unidos y Dinamarca en 1951 y actualizado posteriormente con participación groenlandesa. Eso permitiría aumentar considerablemente la capacidad militar estadounidense sin que Washington necesitara adquirir formalmente el territorio.
El Departamento de Defensa ya dio otro paso relevante en 2025, cuando trasladó a Groenlandia desde el área de responsabilidad del Comando Europeo al Comando Norte de Estados Unidos. El Pentágono explicó entonces que la decisión buscaba reforzar la defensa estadounidense y reflejaba la creciente importancia estratégica del Ártico.
Heritage plantea un mayor liderazgo estadounidense
El debate también se está desarrollando fuera de la administración.
Paul McCarthy, investigador de la Heritage Foundation especializado en asuntos europeos, defendió a comienzos de 2026 que Estados Unidos debería asumir un papel mucho mayor en Groenlandia.
Su argumento se centra en la competencia con Rusia y China. Heritage sostiene que la posición geográfica de Groenlandia es clave para la defensa de América del Norte y que sus depósitos de minerales críticos pueden ayudar a Estados Unidos a reducir su dependencia de cadenas de suministro dominadas por China.
La organización propone avanzar mediante acuerdos negociados con Dinamarca y Groenlandia, aumentando la participación estadounidense en seguridad, infraestructura y desarrollo económico.
Ese punto es relevante porque muestra que una mayor influencia de Washington no necesariamente requiere que Groenlandia se convierta en territorio estadounidense. Un acuerdo que garantice acceso militar, inversiones y participación en sectores estratégicos podría entregar a Estados Unidos buena parte de las ventajas que busca sin modificar formalmente la soberanía de la isla.
El interés económico, además, está creciendo. Desde que Trump volvió a instalar Groenlandia en el centro de la discusión internacional, empresas e inversionistas han aumentado su atención sobre el territorio. La minería sigue enfrentando altos costos, exigencias ambientales y dificultades de infraestructura, mientras sectores como el turismo podrían generar actividad económica con mayor rapidez.
El propio Gobierno groenlandés ha dicho que está abierto a recibir inversiones, aunque ha advertido que no reducirá sus estándares ambientales para facilitar el desarrollo de proyectos mineros.
Silicon Valley también pone sus ojos en Groenlandia
El interés estadounidense alcanza incluso a empresarios tecnológicos que promueven modelos de ciudades privadas o con regulaciones especiales.
Reuters informó en 2025 que inversionistas vinculados al movimiento de las denominadas freedom cities estudiaban Groenlandia como posible ubicación para una ciudad tecnológica de baja regulación. Entre las ideas discutidas aparecían centros de inteligencia artificial, vehículos autónomos, lanzamientos espaciales, reactores nucleares pequeños y trenes de alta velocidad.
Uno de los actores involucrados es Praxis, una organización fundada por Dryden Brown que busca desarrollar una nueva ciudad y que ha recibido inversiones vinculadas al ecosistema tecnológico estadounidense.
Brown viajó a Groenlandia y ha planteado públicamente la posibilidad de desarrollar allí uno de estos asentamientos. Praxis recibió financiamiento de Pronomos Capital, firma respaldada por inversionistas como Peter Thiel y Marc Andreessen. Reuters precisó, sin embargo, que un portavoz de Thiel negó que el empresario estuviera involucrado personalmente en planes o conversaciones sobre una ciudad en Groenlandia.
Por ahora, estos proyectos permanecen en una etapa especulativa y no existe evidencia de que Groenlandia haya autorizado la creación de una ciudad autónoma bajo esas características.
Groenlandia mantiene el control sobre sus decisiones
El avance de los intereses estadounidenses enfrenta un límite fundamental: las autoridades groenlandesas siguen reivindicando su derecho a decidir el futuro del territorio.
Groenlandia es un territorio autónomo dentro del Reino de Dinamarca y dispone de competencias propias en numerosas materias, entre ellas la administración de sus recursos minerales. La política exterior, la defensa y la seguridad continúan vinculadas al Reino danés.
El Gobierno de Jens-Frederik Nielsen ha mostrado disposición a negociar mayor cooperación económica y militar con Estados Unidos, pero ha mantenido que la soberanía no está en discusión. Dinamarca ha adoptado una posición similar y ha rechazado repetidamente las declaraciones de Trump sobre tomar el control de la isla.
Esa capacidad de decisión quedó nuevamente en evidencia en agosto, cuando las autoridades groenlandesas frenaron los planes de perforación de un proyecto petrolero impulsado por empresas estadounidenses y británicas porque aún no contaba con las autorizaciones regulatorias necesarias.
Estados Unidos, por tanto, todavía está lejos de controlar Groenlandia. Lo que sí está ocurriendo es una expansión simultánea de sus intereses militares, diplomáticos y económicos en la isla, mientras Washington busca asegurar una posición dominante en uno de los territorios que se han vuelto estratégicos para la seguridad, los minerales críticos y la competencia de poder en el Ártico.






