
Teherán aseguró que no permitirá que fuerzas estadounidenses vuelvan a operar en el estrecho de Ormuz y el golfo Pérsico. La nueva advertencia mantiene bajo presión una ruta decisiva para el suministro global de petróleo y abre riesgos para combustibles, transporte e inflación en países importadores como Chile.
Irán endureció este domingo su posición frente a Estados Unidos y advirtió que impedirá el regreso de fuerzas militares estadounidenses al golfo Pérsico, el mar de Omán y el estratégico estrecho de Ormuz, en una nueva señal de tensión sobre una de las principales rutas energéticas del planeta.
La advertencia fue realizada por el comandante en jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, quien sostuvo que Teherán tampoco aceptará que las bases estadounidenses en Medio Oriente vuelvan a operar bajo las condiciones existentes antes del actual conflicto. El alto mando iraní vinculó directamente el control de Ormuz con las condiciones que su país exige para poner término a la guerra.
El mensaje aumenta la incertidumbre sobre una zona por donde antes de la crisis circulaba aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado, convirtiendo cualquier escalada militar en un riesgo inmediato para los precios internacionales de la energía.
Irán endurece su posición sobre el estrecho de Ormuz
Hatami aseguró que las fuerzas estadounidenses ya no tienen autorización para operar en las aguas que Irán considera parte de su área estratégica y planteó que el país utilizará sus capacidades para mantener el control sobre Ormuz.
La posición iraní choca directamente con Washington. Estados Unidos ha sostenido que puede garantizar la navegación comercial y mantiene un bloqueo sobre puertos y embarcaciones iraníes, mientras ambas potencias se atribuyen capacidad de control sobre el estrecho.
La disputa va mucho más allá de una confrontación territorial. Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo y, en su punto más angosto, tiene unos 54 kilómetros de ancho.
Durante 2025 transitaron por esta vía cerca de 20 millones de barriles diarios de petróleo crudo y productos derivados, equivalentes a aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo. Cerca del 80% de esos cargamentos tenía como destino mercados asiáticos.
Ese volumen explica por qué cada amenaza de cierre, ataque a embarcaciones o enfrentamiento militar en la zona puede trasladarse rápidamente a las cotizaciones internacionales.
El cierre de Ormuz ya golpeó el mercado energético
El impacto de la crisis durante 2026 ha sido considerable.
Tras el fuerte deterioro de la navegación por el estrecho desde comienzos del conflicto, los flujos de petróleo llegaron a caer desde aproximadamente 20 millones de barriles diarios antes de la guerra hasta un promedio de 2,7 millones de barriles diarios entre marzo, abril y mayo.
Las pérdidas acumuladas de suministro de los productores de Medio Oriente superaron los 1.300 millones de barriles, en uno de los mayores trastornos registrados por el mercado energético internacional.
En el momento de mayor presión, durante abril, una referencia internacional de petróleo del Mar del Norte alcanzó los US$144 por barril, más del doble del nivel previo al conflicto. La crisis también afectó con fuerza al diésel, combustible de aviación, gas licuado y materias primas utilizadas por la industria petroquímica.
Aunque posteriormente los mercados comenzaron a adaptarse mediante inventarios, cambios de rutas y mayores exportaciones desde otras regiones, la amenaza iraní vuelve a poner en duda una normalización permanente de los flujos.
Por qué esta tensión importa para Chile
Chile está geográficamente lejos del estrecho de Ormuz, pero no está aislado de sus consecuencias económicas.
El país depende de los mercados internacionales para una parte relevante de su abastecimiento energético. Por eso, una nueva escalada que eleve el petróleo puede terminar transmitiéndose a los precios de combustibles importados y a diferentes actividades productivas.
El efecto no necesariamente aparece de inmediato ni en la misma magnitud que el movimiento internacional del crudo. En los precios internos también intervienen el tipo de cambio, los mecanismos de estabilización existentes, costos logísticos y otras variables.
Sin embargo, un shock petrolero prolongado puede generar presión sobre:
- bencinas y diésel;
- costos del transporte de carga;
- pasajes y operaciones aéreas;
- logística y distribución de productos;
- costos de empresas intensivas en energía;
- precios finales pagados por los consumidores.
También existe un efecto indirecto sobre la inflación. Si aumenta de manera persistente el costo del combustible utilizado para trasladar alimentos, materiales y productos entre regiones, parte de ese incremento puede terminar incorporándose al precio final de bienes y servicios.
Hay pocas rutas capaces de reemplazar completamente a Ormuz
Uno de los principales riesgos es que no existe capacidad suficiente para desviar rápidamente todo el petróleo que normalmente cruza el estrecho.
Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con oleoductos que permiten sacar parte de su producción hacia puertos ubicados fuera de Ormuz. La capacidad disponible para desviar crudo por vías alternativas se estima entre 3,5 millones y 5,5 millones de barriles diarios, muy por debajo del volumen que históricamente utilizaba el estrecho.
La situación también afecta al gas natural licuado. Qatar y Emiratos Árabes Unidos dependen fuertemente de esta ruta para sus exportaciones, que en conjunto representaron cerca del 20% del comercio mundial de GNL durante 2025.
Eso significa que un bloqueo prolongado podría convertirse nuevamente en un problema que exceda al petróleo y termine alterando distintos mercados energéticos.
Negociaciones continúan pese a las amenazas
El aumento de la retórica militar no significa que los canales diplomáticos estén completamente cerrados.
Teherán y Washington han mantenido contactos indirectos, mientras Irán ha condicionado una reapertura completa del estrecho al término de la guerra, el levantamiento del bloqueo estadounidense sobre sus puertos y embarcaciones y la posibilidad de recuperar sus exportaciones internacionales de petróleo.
El desafío es que ambas partes mantienen posiciones prácticamente opuestas sobre quién debe garantizar la navegación y bajo qué condiciones.
Mientras Estados Unidos sostiene que puede mantener operaciones para proteger el tránsito marítimo, Irán afirma que ningún buque puede atravesar Ormuz sin su autorización. (Reuters)
Para Chile, la variable clave será observar si estas declaraciones quedan contenidas en el terreno político o derivan en nuevos ataques, restricciones a embarcaciones o una caída adicional del flujo petrolero.
Una interrupción prolongada de Ormuz volvería a colocar el precio internacional del petróleo entre los principales riesgos externos para la inflación, los combustibles y los costos de transporte en Chile, especialmente si coincide con un dólar más alto o nuevas dificultades de abastecimiento internacional.






