El presidente estadounidense sostuvo que la ofensiva iniciada hace casi siete meses ha impedido que Teherán obtenga armas nucleares y pidió profundizar su aislamiento económico. Mientras Washington eleva la presión, Irán planteó condiciones para reabrir el estrecho de Ormuz y retomar las negociaciones.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, utilizó este martes 22 de septiembre su discurso ante la Asamblea General de Naciones Unidas, en Nueva York, para defender la guerra contra Irán y advertir que podría intensificar la ofensiva si Teherán no alcanza un acuerdo con Washington. El mandatario afirmó que enfrenta una decisión entre permitir una salida negociada que facilite la reconstrucción iraní o, en sus palabras, “aniquilar la República Islámica”, mientras sostuvo que espera concretar un pacto después de las elecciones legislativas estadounidenses del 3 de noviembre.
La intervención se produjo cuando el conflicto se aproxima a su séptimo mes y continúa afectando las rutas energéticas del Golfo Pérsico, los precios internacionales de los combustibles y el gasto militar estadounidense. Trump defendió la operación iniciada junto a Israel como una acción destinada a impedir que Irán alcance capacidad nuclear militar, aunque Teherán sostiene que su programa de enriquecimiento de uranio tiene fines pacíficos y no posee armas nucleares.
Trump pide aislar económicamente a Irán
Además de la amenaza militar, el mandatario solicitó a los demás gobiernos aumentar la presión financiera sobre Teherán.
“Llamo a todas las naciones a ayudar a imponer el completo aislamiento económico de Irán”, declaró Trump ante los representantes reunidos en Naciones Unidas. También aseguró que, a su juicio, un acuerdo podría concretarse después de los comicios legislativos de noviembre, al afirmar que las autoridades iraníes estarían esperando conocer el resultado político de esas elecciones.
Trump presentó la campaña militar como parte de una estrategia destinada a impedir la aparición de una potencia nuclear hostil en Medio Oriente. Durante sus 37 minutos de intervención también defendió una política exterior basada en el uso de la capacidad militar estadounidense y reiteró sus críticas hacia organismos internacionales que podrían investigar las actuaciones de Washington.
La guerra comenzó el 28 de febrero de 2026, cuando Estados Unidos e Israel lanzaron ataques contra Irán. Teherán respondió con operaciones contra Israel y contra países del Golfo que albergan instalaciones militares estadounidenses. Desde entonces, los objetivos declarados por Washington han incluido debilitar la infraestructura nuclear iraní y reducir la capacidad militar de la República Islámica.
Una guerra que ya supera los US$38.000 millones
El enfrentamiento también está generando un costo creciente para Estados Unidos. Una evaluación de la Oficina de Presupuesto del Congreso de Estados Unidos (CBO) calculó que las operaciones habían demandado US$38.000 millones hasta comienzos de agosto, con una proyección adicional cercana a US$3.000 millones mensuales si el conflicto continúa.
La CBO advirtió además que el ritmo de utilización de municiones podría requerir hasta cinco años para recomponer determinadas existencias estadounidenses. El organismo estimó que las consecuencias económicas de la guerra, principalmente por su impacto sobre la energía, podrían agregar alrededor de 0,5% a la inflación estadounidense durante los primeros tres meses de 2027.
Uno de los puntos más sensibles sigue siendo el estrecho de Ormuz, paso marítimo estratégico para el comercio energético mundial. Antes del conflicto, aproximadamente una quinta parte de los embarques globales de petróleo y gas transitaban por esta vía, cuya interrupción ha obligado a productores y compradores a buscar rutas alternativas.
La tensión se ha extendido además hacia el mar Rojo, mientras los hutíes de Yemen, alineados con Irán, han intensificado sus operaciones y avanzado en zonas próximas al estrecho de Bab el-Mandeb, otra ruta clave para el transporte marítimo internacional. Arabia Saudita ha enfrentado ataques contra su territorio y sus instalaciones energéticas durante esta nueva fase de la crisis regional.
Irán abre una puerta a la negociación
Pese al endurecimiento del discurso estadounidense, Teherán envió señales de que todavía existe margen para una salida diplomática.
Un alto funcionario iraní indicó este martes que el país podría reabrir el estrecho de Ormuz en un plazo de siete días si Estados Unidos reduce la presión militar y levanta el bloqueo sobre los puertos iraníes. La misma autoridad aseguró que la delegación iraní desplazada a Nueva York cuenta con facultades para explorar una reactivación de las negociaciones a través de intermediarios.
Irán entregó una propuesta a Washington mediante mediadores el 16 de septiembre. Sin embargo, el presidente iraní, Masoud Pezeshkian, no tiene prevista una reunión directa con Trump durante la Asamblea General. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, manifestó paralelamente que Washington sigue dispuesto a conversar si existen perspectivas de que las negociaciones produzcan resultados.
No se conocen reuniones presenciales entre las delegaciones estadounidense e iraní desde julio, cuando fracasó un acuerdo provisional destinado a frenar la guerra pocas semanas después de haber sido alcanzado. El escenario diplomático permanece así abierto, pero condicionado por exigencias contrapuestas: Washington busca restringir de manera duradera las capacidades iraníes, mientras Teherán exige reducir la presión militar y económica antes de avanzar hacia un nuevo entendimiento.
La ONU examina la conducta de ambos lados
El discurso de Trump ocurrió además menos de una semana después de que una misión independiente de investigación de Naciones Unidas concluyera que existían motivos razonables para considerar que fuerzas estadounidenses estuvieron detrás de dos ataques en Irán que podrían constituir crímenes de guerra, entre ellos el bombardeo de una escuela primaria en Minab. La misión es un organismo investigador y no un tribunal, por lo que sus conclusiones no equivalen a una sentencia judicial.
El mismo informe concluyó que las autoridades iraníes habrían cometido crímenes de lesa humanidad durante la represión de las protestas iniciadas a fines de 2025, incluyendo asesinatos, torturas, detenciones arbitrarias y desapariciones. Irán ha rechazado las acusaciones de violaciones sistemáticas de derechos humanos, mientras Washington ha sostenido que sus operaciones militares cumplen las normas aplicables a los conflictos armados.
La Asamblea General se convierte así en uno de los principales escenarios diplomáticos para intentar contener una guerra que sigue sin una fecha definida de término. Trump combina ahora la amenaza de nuevas operaciones con la expectativa pública de un acuerdo posterior a las elecciones legislativas estadounidenses, mientras Irán condiciona cualquier avance a medidas concretas de Washington.









