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Oro cae más de 6% pese a la guerra en Irán: por qué el activo refugio no está reaccionando como se esperaba

El precio del oro —tradicionalmente considerado el activo refugio por excelencia en períodos de crisis— ha mostrado un comportamiento inesperado desde el…

Oro cae más de 6% pese a la guerra en Irán: por qué el activo refugio no está reaccionando como se esperaba
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El precio del oro —tradicionalmente considerado el activo refugio por excelencia en períodos de crisis— ha mostrado un comportamiento inesperado desde el estallido del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán. A diferencia del petróleo y el gas, que reaccionaron con fuertes alzas, el metal precioso ha tenido un desempeño moderado e incluso ha retrocedido desde sus máximos recientes.

Cuando comenzaron las hostilidades hace casi tres semanas, los mercados financieros reaccionaron con rapidez: el petróleo llegó a rozar los US$120 por barril, las bolsas registraron caídas y los inversionistas comenzaron a buscar activos defensivos. En ese contexto, muchos analistas anticipaban un salto significativo del oro.

El metal efectivamente reaccionó en los primeros días, acercándose a US$5.420 por onza, pero posteriormente inició una corrección. El 3 de marzo una ola de ventas provocó una caída superior al 6%, llevando el precio a cerca de US$5.085 por onza. Al cierre de las últimas sesiones, el metal se ubicaba en torno a US$5.063, por debajo de los US$5.278 que marcó el día previo al inicio de la invasión.

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Este comportamiento contrasta con la reacción de la energía: el petróleo llegó a subir más de 30% durante la primera semana del conflicto, reforzando la percepción de riesgo geopolítico global.

El factor clave: la fortaleza del dólar

Uno de los principales factores detrás del desempeño moderado del oro ha sido el fortalecimiento del dólar estadounidense. El encarecimiento del petróleo elevó las expectativas de inflación global, lo que llevó al mercado a anticipar que la Reserva Federal podría mantener tasas de interés altas durante más tiempo.

Un dólar fuerte suele reducir el atractivo del oro para los inversionistas internacionales, ya que el metal se transa globalmente en moneda estadounidense.

La analista Liza Salinas, Branch Business Director de Liberty Finance, explicó que cuando el petróleo sube con rapidez el mercado tiende a descontar que la política monetaria seguirá siendo restrictiva. Ese escenario reduce el impulso que normalmente tendría el oro en un contexto de crisis.

Durante el último año, gran parte del rally del metal estuvo impulsado precisamente por la expectativa de recortes de tasas en Estados Unidos. Si ese ciclo se retrasa por presiones inflacionarias derivadas del encarecimiento energético, parte del avance previo pierde sustento.

La paradoja de la liquidez en momentos de pánico

Otro fenómeno relevante es que el oro, pese a ser un refugio histórico, también es uno de los activos más líquidos del mercado. En los primeros momentos de crisis financieras, algunos inversionistas institucionales venden incluso posiciones en oro para cubrir pérdidas en otras partes de sus portafolios.

Amer Halawi, jefe de investigación de la firma Al Ramz, explicó que en episodios de shock inicial “todo se vende”, incluso los activos refugio. Solo después de esa primera fase de ajuste el capital vuelve a redistribuirse hacia activos considerados seguros.

Este patrón se ha observado en otras crisis globales recientes, donde el oro inicialmente cae o se estabiliza antes de iniciar una recuperación más sostenida.

Un rally previo que limitó nuevas alzas

El punto de partida también explica parte del comportamiento actual. Antes del conflicto, el oro ya venía de una fuerte escalada y alcanzó un máximo histórico cercano a US$5.595 por onza a fines de enero.

Ese avance redujo el espacio para un salto adicional inmediato. Christopher Norman, analista del mercado de metales, señaló que los movimientos actuales pueden parecer débiles en comparación con los “movimientos épicos” registrados en los meses anteriores.

Nuevos refugios financieros

Al mismo tiempo, algunos analistas sostienen que el mercado global ha comenzado a diversificar sus refugios financieros. En lugar de concentrarse exclusivamente en el oro, muchos inversionistas están privilegiando el dólar estadounidense y los bonos del Tesoro.

Carlos Guayara, cofundador de la plataforma Trii, explica que los grandes fondos confían actualmente en la solidez de la economía estadounidense y en la rentabilidad de su deuda pública, que continúa ofreciendo tasas atractivas.

En este escenario, el capital global puede encontrar protección en instrumentos financieros estadounidenses sin necesidad de recurrir exclusivamente al metal físico.

Perspectivas para el oro

A pesar de la volatilidad de corto plazo, las proyecciones de bancos de inversión siguen siendo optimistas para el metal precioso. JPMorgan estima que el oro podría alcanzar US$6.300 por onza hacia finales de 2026, mientras que Deutsche Bank mantiene un objetivo cercano a US$6.000 por onza para este año.

En síntesis, el oro sí reaccionó a la crisis geopolítica, pero quedó atrapado entre tres fuerzas macroeconómicas: la fortaleza del dólar, las expectativas de tasas altas y el atractivo de los activos financieros estadounidenses.

El cobre resiste el impacto del conflicto

En el caso de Chile, el conflicto en Medio Oriente se sigue con atención principalmente por su impacto en los precios de la energía. El país importa más del 90% del petróleo que consume, por lo que aumentos bruscos del crudo pueden trasladarse rápidamente a la inflación.

Sin embargo, el cobre —principal exportación chilena— ha mostrado mayor resiliencia. Desde el inicio del conflicto el metal rojo ha retrocedido cerca de 3,4%, un ajuste relativamente moderado considerando el contexto global.

Según Ignacio Mieres, jefe de research de XTB Latam, el mercado sigue anticipando un déficit estructural de oferta en el cobre durante los próximos años, lo que actúa como un amortiguador frente a episodios de volatilidad geopolítica.

Ese fundamento de largo plazo ha evitado un ajuste más profundo del metal, manteniendo relativamente estable el principal ingreso exportador de la economía chilena.