Oro: su peor semana en 40 años anticipa un cambio de ciclo en medio de la guerra y tasas más altas

Oro. El mercado de metales preciosos enfrenta un giro brusco: el precio del oro se encamina a registrar su peor desempeño semanal desde 1983, en un contexto dominado por la escalada del conflicto en Medio Oriente, el alza del petróleo y un cambio en las expectativas de política monetaria global. Lejos de actuar como refugio, el metal ha caído con fuerza, reflejando un reordenamiento en las estrategias de inversión en un escenario donde la inflación vuelve a ser una amenaza. Este fenómeno ocurre en paralelo al alza del petróleo por tensiones en Medio Oriente, factor clave detrás del repunte inflacionario que hoy presiona a los mercados.

Guerra, inflación y tasas: el tridente que golpea al oro

La caída del oro responde a una combinación de factores que han cambiado el equilibrio del mercado. Por un lado, la guerra en el Golfo Pérsico ha impulsado los precios de la energía, elevando las expectativas de inflación global. Esto, a su vez, ha reducido las probabilidades de recortes en las tasas de interés por parte de la Reserva Federal.

De hecho, los operadores del mercado ya incorporan una probabilidad cercana al 50% de una subida de tasas hacia octubre, lo que ha fortalecido al dólar y elevado los rendimientos de los bonos. Este escenario es particularmente negativo para el oro, ya que se trata de un activo que no genera intereses y pierde atractivo frente a instrumentos financieros más rentables.

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El resultado ha sido una caída sostenida del metal, que acumula varias semanas consecutivas de retrocesos desde el inicio del conflicto.

Venta masiva y señales técnicas amplifican la caída

A los factores macroeconómicos se suma una dinámica técnica que ha acelerado el ajuste. Según analistas de mercado, los precios elevados alcanzados a comienzos de año —cerca de máximos históricos— dejaron al oro expuesto a una corrección.

Cuando comenzaron las caídas, se activaron órdenes automáticas de venta (stop-loss), lo que amplificó la presión bajista. Además, indicadores técnicos como los promedios móviles reforzaron la tendencia descendente.

Otros elementos que han contribuido a la caída incluyen:

  • Salidas de capital desde fondos cotizados (ETF) respaldados en oro
  • Menor ritmo de compras por parte de bancos centrales
  • Liquidaciones forzadas vinculadas a caídas en mercados accionarios

En conjunto, estos factores han generado una venta masiva que ha llevado al oro a registrar una racha de ocho días consecutivos de pérdidas, la más larga desde 2023.

Metales preciosos en rojo y dólar al alza

El debilitamiento no se limita al oro. Otros metales preciosos también han sufrido caídas significativas durante la semana:

  • Plata: descenso superior al 15% semanal
  • Paladio y platino: también en terreno negativo
  • Índice del dólar: al alza, reforzando la presión sobre commodities

Este comportamiento refleja un cambio en el apetito de riesgo de los inversionistas, que han privilegiado liquidez y activos en dólares frente a metales tradicionales de resguardo.

Un retroceso en un año aún positivo

Pese a la magnitud de la corrección, el oro aún mantiene un desempeño positivo en lo que va del año, con un avance cercano al 4%. A comienzos de 2026, el metal alcanzó niveles récord impulsado por la incertidumbre global, compras de bancos centrales y tensiones políticas en Estados Unidos.

Sin embargo, el escenario actual muestra un cambio de narrativa: la inflación y las tasas de interés vuelven a dominar el comportamiento del mercado, desplazando temporalmente el rol del oro como refugio.

Señal para los mercados: cambia el rol del oro

La fuerte caída del oro en medio de un conflicto geopolítico relevante evidencia un cambio estructural en la lógica de los mercados. En lugar de actuar como activo defensivo, el metal está siendo desplazado por la fortaleza del dólar y el atractivo de los rendimientos financieros.

La señal es clara: en un entorno donde la inflación persiste y las tasas se mantienen altas, el oro enfrenta un escenario más complejo. Y mientras la guerra siga presionando los precios de la energía, el equilibrio entre refugio e inversión seguirá tensionado.

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