
Petróleo vuelve a situarse en el centro de la incertidumbre global luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, amenazara con “destruir por completo” la Isla de Jark, principal punto de exportación de crudo iraní. La advertencia se produce en medio de una escalada militar en Medio Oriente que ya ha elevado el precio del Brent por sobre los US$115 por barril, acumulando un alza superior al 50% desde el inicio del conflicto a fines de febrero. El trasfondo es crítico: el bloqueo del Estrecho de Ormuz, por donde circula cerca de un quinto del suministro mundial de hidrocarburos, ha tensionado la oferta global y reactivado temores de un shock energético de gran escala. En paralelo, Washington alterna señales de negociación con advertencias militares, alimentando la volatilidad de los mercados.
Jark y Ormuz: el corazón del suministro en riesgo
La isla de Jark concentra aproximadamente el 90% de las exportaciones petroleras de Irán, lo que la convierte en un activo estratégico clave. Un ataque directo sobre esta infraestructura tendría efectos inmediatos en la disponibilidad de crudo en los mercados internacionales.
El riesgo se amplifica por la situación en el estrecho de Ormuz, una vía marítima esencial para el comercio energético global. Su bloqueo parcial o total impacta no solo a Irán, sino también a grandes productores del Golfo como Arabia Saudita, Irak y Emiratos Árabes Unidos, elevando los precios y generando presión inflacionaria a nivel mundial.
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Escalada militar y presión sobre los precios
El conflicto, que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, continúa expandiéndose en la región. Los bombardeos sobre territorio iraní se han intensificado, mientras que en Líbano las operaciones contra Hezbollah han dejado más de mil fallecidos desde inicios de marzo.
En este contexto, Estados Unidos ha reforzado su presencia militar con el despliegue de un grupo naval que incluye cerca de 3.500 efectivos. Analistas del mercado advierten que una escalada mayor —como una intervención terrestre o ataques a infraestructura energética en el Golfo— podría impulsar el precio del Brent hasta los US$150 por barril, niveles no observados desde el auge de las materias primas en 2008.
Diplomacia en paralelo a la amenaza
Pese al tono confrontacional, Trump aseguró que su administración mantiene “conversaciones serias” con un nuevo gobierno iraní, al que calificó como más dispuesto al diálogo. Sin embargo, no se han entregado detalles sobre avances concretos.
El secretario de Estado, Marco Rubio, señaló que existen señales de divisiones internas en Irán, lo que podría abrir una ventana para negociaciones. Aun así, la simultaneidad de gestos diplomáticos y amenazas militares mantiene un escenario de alta incertidumbre.
Riesgos legales y daños a infraestructura
Las amenazas de ataques a instalaciones civiles, como plantas eléctricas y desalinizadoras, han generado preocupación en la comunidad internacional. Expertos advierten que este tipo de acciones podría contravenir el derecho internacional humanitario y derivar en acusaciones por crímenes de guerra.
En Irán, los bombardeos recientes ya han provocado interrupciones eléctricas en sectores de la capital, aunque las autoridades aseguran que el sistema energético se mantiene operativo.
Impacto global y efectos en Chile
La evolución del conflicto en Medio Oriente se ha convertido en el principal factor de riesgo para los mercados energéticos en 2026. Para economías importadoras como Chile, el alza del petróleo implica mayores costos en combustibles, presión inflacionaria y efectos directos sobre sectores intensivos en energía como la minería y el transporte.
En este escenario, la amenaza sobre infraestructuras clave como Jark y el bloqueo de Ormuz no solo representan un riesgo geopolítico, sino también un punto de inflexión para el equilibrio energético global en el corto plazo.












