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Petróleo vuelve a rozar los US$90 y eleva presión sobre los costos de la minería chilena

El aumento del petróleo a cerca de US$90 por barril genera preocupación en la minería chilena, ya que impacta en costos de combustibles, transporte y logística.

Petróleo vuelve a rozar los US$90 y eleva presión sobre los costos de la minería chilena
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El Brent alcanzó durante la jornada su mayor nivel de agosto ante el deterioro de las expectativas de un acuerdo que normalice el tránsito por el Estrecho de Ormuz. Para la minería chilena, una escalada sostenida del crudo podría trasladarse a combustibles, transporte, logística y otros insumos operacionales.

El petróleo volvió a instalarse este martes en el centro de las preocupaciones para las industrias intensivas en energía. El Brent llegó a tocar los US$90 por barril, mientras el WTI avanzó hasta niveles superiores a los US$84 durante la sesión, en medio de nuevas dudas sobre las negociaciones destinadas a normalizar completamente el flujo marítimo por el Estrecho de Ormuz.

La jornada estuvo marcada por una fuerte volatilidad. Después de alcanzar máximos de más de una semana, los precios moderaron parte de sus avances a medida que el mercado procesó señales diplomáticas entre Irán y Omán, aunque sin que surgiera todavía un acuerdo definitivo que despejara los riesgos sobre una de las principales rutas energéticas del planeta.

Para Chile, y particularmente para la gran minería, el movimiento es relevante porque un petróleo persistentemente más caro termina impactando distintos componentes de la estructura de costos de las operaciones: diésel para equipos móviles, transporte terrestre, logística marítima, lubricantes, insumos derivados del petróleo y servicios contratistas asociados al movimiento de materiales.

Ormuz vuelve a definir la prima de riesgo del petróleo

El principal factor detrás de la nueva presión sobre los precios continúa siendo la incertidumbre respecto del Estrecho de Ormuz.

Antes de la actual crisis en Medio Oriente, alrededor de una quinta parte del suministro mundial de petróleo transitaba por este corredor marítimo. Su funcionamiento, por lo tanto, tiene efectos que exceden ampliamente a los productores del Golfo Pérsico.

Durante las últimas semanas el mercado ha reaccionado de manera prácticamente inmediata a cualquier señal de acercamiento o deterioro diplomático.

A comienzos de agosto, las expectativas de avances entre Estados Unidos e Irán provocaron caídas abruptas en las cotizaciones. Ahora el escenario volvió a girar: nuevas diferencias entre las partes redujeron el optimismo respecto de una normalización rápida de la ruta.

El Brent llegó durante las primeras operaciones de este martes hasta US$90,03 por barril, mientras el WTI alcanzó US$84,61. Posteriormente ambos contratos moderaron sus avances, una señal de la sensibilidad que actualmente presenta el mercado frente a cualquier movimiento político o militar en la región.

Más que un problema de disponibilidad física inmediata, lo que está aumentando es la prima de riesgo geopolítico incorporada al barril.

Menor flujo marítimo mantiene la presión

La preocupación tampoco se limita a las negociaciones.

El movimiento de crudo a través de Ormuz continúa por debajo de los niveles observados antes de las restricciones recientes. Las exportaciones semanales de petróleo que utilizan esta vía bajaron hasta alrededor de 3 millones de barriles diarios, frente a cerca de 4,4 millones en períodos anteriores.

Esto mantiene tensionados los mercados de transporte y seguros marítimos.

Incluso si las instalaciones productoras continúan operando, una reducción de la capacidad logística disponible puede generar mayores tiempos de transporte, necesidad de rutas alternativas y primas adicionales para movilizar cargamentos.

El escenario se vuelve especialmente sensible cuando coinciden distintos focos de riesgo.

A la situación de Ormuz se han sumado tensiones en el Mar Rojo y ataques vinculados al conflicto regional, aumentando la percepción de vulnerabilidad de las principales rutas utilizadas para transportar combustibles entre Medio Oriente, Asia y Europa.

Por qué importa para la minería chilena

Para las compañías mineras, el petróleo es una variable de costos que opera por varios canales simultáneamente.

El más directo es el combustible utilizado por maquinaria pesada.

Camiones de extracción, equipos auxiliares, transporte de trabajadores, vehículos de apoyo y distintas unidades móviles todavía dependen ampliamente del diésel en buena parte de las operaciones mineras, especialmente en faenas a cielo abierto.

Una subida sostenida del petróleo puede trasladarse progresivamente al precio de esos combustibles.

También existe un efecto indirecto.

Los proveedores mineros movilizan permanentemente repuestos, reactivos, estructuras, maquinaria, neumáticos, componentes y materiales desde centros industriales y puertos hacia faenas ubicadas muchas veces a cientos de kilómetros de las principales ciudades.

Cuando aumenta el combustible, también sube la presión sobre las tarifas logísticas y de transporte.

El impacto puede extenderse además a productos industriales cuya fabricación o transporte depende de hidrocarburos, incluyendo lubricantes, polímeros y determinados insumos petroquímicos.

Para grandes productores de cobre con operaciones de alta escala, pequeñas variaciones unitarias pueden adquirir relevancia cuando se multiplican por enormes volúmenes de movimiento de mineral y estéril.

El riesgo está en cuánto dura el shock

El elemento decisivo para la industria no será necesariamente que el Brent toque los US$90 durante algunas horas, sino cuánto tiempo permanece el petróleo en niveles elevados.

Los mercados energéticos han mostrado durante los últimos meses movimientos bruscos en ambas direcciones.

A comienzos de agosto, el Brent cayó cerca de 7% en una sesión cuando aumentaron las expectativas de que las conversaciones permitieran aliviar las restricciones sobre el Golfo. Pocos días después, el deterioro del escenario diplomático volvió a empujar las cotizaciones.

Esta volatilidad complica la planificación de costos.

Una operación minera puede absorber movimientos transitorios mediante contratos, coberturas, inventarios y mecanismos comerciales. Una escalada prolongada, en cambio, comienza a incorporarse en presupuestos, contratos con proveedores y proyecciones de costos operacionales.

Para proyectos en construcción o evaluación ocurre algo similar.

Un petróleo estructuralmente más alto puede encarecer movimiento de tierras, transporte de equipos, construcción de infraestructura y logística asociada al desarrollo de nuevas faenas.

Energía vuelve a convertirse en variable estratégica

La situación también refuerza uno de los cambios que está atravesando la industria minera: reducir progresivamente su exposición directa a los combustibles fósiles.

La incorporación de energías renovables, sistemas eléctricos en plantas, vehículos de bajas emisiones, trolley assist, almacenamiento energético y futuras soluciones de electrificación para equipos pesados tiene una dimensión ambiental, pero también económica.

Una operación menos dependiente del diésel está, al mismo tiempo, menos expuesta a crisis geopolíticas que ocurren a miles de kilómetros de Chile.

Eso no elimina el efecto del petróleo sobre cadenas logísticas globales, transporte marítimo o proveedores, pero puede reducir una parte del riesgo operacional directo.

El mercado seguirá mirando a Ormuz

Por ahora no existe una señal suficientemente sólida para asumir una normalización inmediata.

Las conversaciones diplomáticas siguen abiertas, pero las diferencias entre las partes mantienen elevada la incertidumbre. Al mismo tiempo, el tránsito petrolero continúa restringido respecto de los niveles previos a la crisis.

La consecuencia es un mercado particularmente sensible a los acontecimientos políticos.

Para la minería chilena, el Brent acercándose nuevamente a los US$90 no representa todavía por sí solo un cambio estructural de costos. El verdadero riesgo aparecería si la crisis de Ormuz mantiene durante semanas o meses una prima energética elevada, trasladando el shock desde los mercados financieros hacia combustibles, transporte, proveedores y presupuestos operacionales.

En una industria que ya enfrenta presión por leyes minerales más bajas, mayores distancias de acarreo y crecientes exigencias de inversión, el comportamiento del petróleo vuelve así a convertirse en una variable que las compañías mineras tendrán que seguir de cerca.