
Los plaguicidas están elevando su toxicidad a nivel global y empujando a la mayoría de los países fuera de la meta internacional de reducir a la mitad el riesgo asociado a estos químicos para 2030. En ese panorama, un estudio publicado en Science identifica a Chile como el único país que, si mantiene su ritmo actual, llegaría al objetivo acordado en el marco de la Cumbre de Biodiversidad Kunming–Montreal.
La meta ONU que está en juego: 50% menos riesgo por pesticidas al 2030
El compromiso internacional apunta a reducir en al menos 50% el riesgo general proveniente de pesticidas y químicos altamente peligrosos hacia 2030, incorporando enfoques como el manejo integrado de plagas y decisiones basadas en ciencia, tal como establece el Objetivo 7 del Marco Global de Biodiversidad Kunming–Montreal.
Qué midió el estudio y por qué no se basa solo en “toneladas aplicadas”
El equipo liderado por Jakob Wolfram (Universidad de Kaiserslautern-Landau, Alemania) desarrolló el indicador Toxicidad Total Aplicada Agregada (TAT), con el objetivo de estimar el riesgo real más allá del volumen utilizado.
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Según el reporte, el TAT permitió evaluar el impacto potencial de 625 sustancias sobre ocho grupos de seres vivos, incluyendo polinizadores, peces y organismos del suelo. El enfoque busca capturar que no todos los ingredientes activos tienen el mismo nivel de toxicidad y que el daño varía según el grupo biológico, como resume la explicación metodológica difundida por EurekAlert.
Dónde se concentra la toxicidad: hasta 68% en grandes potencias agrícolas
El análisis concluye que países como Brasil, Estados Unidos e India llegan a aportar hasta el 68% de la tasa de toxicidad global medida por el indicador. La investigación advierte que la toxicidad mundial está aumentando y que, en general, los países no están cerca de cumplir el recorte comprometido para 2030.
Otro punto crítico del reporte es la concentración del daño en un grupo reducido de compuestos: alrededor de una treintena de sustancias —incluidos piretroides, organofosforados y neonicotinoides— explican gran parte del impacto ecológico, especialmente cuando se aplican en mezclas o “cócteles” que degradan la salud del suelo y afectan especies que no son objetivo del control químico.
Por qué Chile aparece como el único país en ruta de cumplimiento
El estudio sostiene que Chile es el caso positivo a nivel global: si mantiene su tendencia actual, alcanzaría la meta del 50% al 2030. Entre los factores que el reporte asocia al desempeño chileno, se mencionan:
Reducción efectiva del riesgo: el país habría logrado desacoplar rendimiento agrícola y toxicidad extrema, en contraste con modelos que dependen fuertemente de paquetes tecnológicos asociados a alto uso de herbicidas.
Patrones de cultivo: la especialización de cultivos facilitaría estrategias con mayor resguardo de biodiversidad del suelo y polinizadores.
Trayectoria sostenida: mientras en otras zonas se observa presión para flexibilizar metas, la proyección para Chile se mantiene como la única alineada con el objetivo 2030.
En esa línea, el texto atribuye a Wolfram una definición directa del caso chileno: “Chile es el ejemplo positivo. Lo crucial es entender que su estrategia país genera un impacto real en la biodiversidad del suelo”, en declaraciones recogidas por La Vanguardia.
Medidas que plantea el estudio: biopesticidas y menos desperdicio de alimentos
Los autores plantean que, para frenar el deterioro de la biodiversidad, el mundo debería volver a niveles de toxicidad de hace 15 años, junto con acelerar cambios prácticos como:
Promover el uso de biopesticidas y alternativas de menor impacto.
Reducir el desperdicio alimentario, para bajar presión productiva y dependencia química.
Ajustar estrategias de manejo para proteger grupos funcionales clave del ecosistema, especialmente organismos del suelo y polinizadores, cuya degradación se asocia a pérdidas de resiliencia agrícola.
En Chile, el foco en suelo y polinización también cruza iniciativas en terreno: desde acciones para fortalecer la apicultura regional, como la entrega de colmenas y capacitación en Tamarugal, hasta proyectos de sustratos orgánicos y compost, como el modelo de economía circular con abono natural en Pica, en un contexto donde la transición hacia opciones de menor impacto se vincula también al crecimiento del mercado, reflejado en la expansión de la demanda global de productos orgánicos.






