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Producción de sal de Cáhuil cae casi a cero y amenaza la continuidad de un oficio ancestral

La producción de sal en Cáhuil enfrenta una crisis severa debido al ingreso de agua dulce, afectando a 24 familias y amenazando una tradición ancestral reconocida como patrimonio cultural.

Producción de sal de Cáhuil cae casi a cero y amenaza la continuidad de un oficio ancestral
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El ingreso de agua dulce a las salinas de la Región de O’Higgins dejó a unas 24 familias sin cosecha y abrió una emergencia económica para una actividad protegida por denominación de origen y reconocida como patrimonio cultural inmaterial.

La producción artesanal de sal en Cáhuil atraviesa una de sus crisis más severas luego de que el aumento de agua dulce en el estero Nilahue inundara sectores productivos y redujera la cosecha de la mayoría de los salineros prácticamente a cero. La emergencia afecta directamente a unas 24 familias y amenaza con interrumpir una actividad desarrollada durante siglos en la zona costera de la Región de O’Higgins.

Los productores vinculan el deterioro de las condiciones de salinidad con las descargas y operaciones asociadas al embalse Convento Viejo. El problema, sostienen, no comenzó esta temporada: durante aproximadamente una década han observado una disminución progresiva de la capacidad de las piscinas para concentrar agua marina y completar el proceso natural de cristalización.

La situación llegó esta semana a los ministerios de Economía, Minería y Obras Públicas. Representantes de la Cooperativa Campesina de los Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa solicitaron medidas económicas inmediatas y una solución técnica que permita recuperar las condiciones necesarias para volver a producir durante la temporada 2026-2027.

Una actividad productiva detenida por el exceso de agua dulce

La elaboración de sal artesanal depende de un equilibrio hídrico preciso. Durante el proceso, el agua con una adecuada concentración salina es conducida por canales hacia piscinas poco profundas, donde la evaporación solar aumenta gradualmente la presencia de minerales hasta permitir la formación de cristales.

El ingreso excesivo de agua dulce altera esa concentración y puede inutilizar una temporada completa. Sin niveles suficientes de salinidad, la evaporación no logra generar el producto en las cantidades y condiciones requeridas para su cosecha y comercialización.

En Cáhuil, este desequilibrio habría alcanzado un punto crítico. Los productores reportan que gran parte de las salinas quedó inundada y que la producción de numerosas unidades familiares se redujo completamente. La falta de cosecha implica no solo perder el producto disponible para la venta, sino también meses de preparación, mantención de canales, acondicionamiento de cuarteles y trabajo manual.

La actividad posee una fuerte dependencia estacional. Si las condiciones hidráulicas no son corregidas antes del próximo ciclo, los salineros podrían enfrentar otra temporada sin ingresos productivos, extendiendo una crisis que ya acumula pérdidas durante los últimos dos años.

Veinticuatro familias enfrentan la emergencia directa

La cooperativa calcula que unas 24 familias se encuentran directamente afectadas por la paralización. Sin embargo, el impacto económico supera a los propietarios y trabajadores de las piscinas salineras.

La cadena incluye transporte, envasado, comercialización, gastronomía, turismo rural y pequeños negocios que utilizan la identidad de Cáhuil como parte de su oferta. La sal artesanal funciona como un producto territorial: su valor no depende únicamente de su composición, sino también del método de elaboración, el paisaje productivo y los conocimientos transmitidos entre generaciones.

Una cosecha cercana a cero reduce la circulación de ingresos dentro de las localidades de Cáhuil, Barrancas y La Villa, precisamente en una actividad donde predominan unidades familiares de pequeña escala y con menor capacidad financiera para absorber temporadas consecutivas de pérdidas.

El riesgo inmediato es que parte de los productores abandone definitivamente el oficio. La interrupción prolongada puede provocar la pérdida de mano de obra especializada, el deterioro de la infraestructura artesanal y una menor transmisión de conocimientos a las nuevas generaciones.

Denominación de origen y patrimonio productivo

La sal de Cáhuil forma parte de la denominación de origen “Sal de Cáhuil, Boyeruca, Lo Valdivia”, reconocimiento que protege su procedencia geográfica y sus métodos tradicionales de producción.

Esta categoría distingue a productos cuyas características están estrechamente relacionadas con un territorio y con factores naturales y humanos específicos. En este caso, la protección comprende tanto el origen costero como las técnicas utilizadas por los salineros para conducir, concentrar, cosechar y preparar la sal marina.

La tradición de salineros y salineras de Cáhuil, Barrancas, La Villa, Lo Valdivia y Yoncavén también se encuentra incorporada al Registro de Patrimonio Cultural Inmaterial de Chile. La actividad fue reconocida durante 2011, consolidando su relevancia más allá de su dimensión comercial.

Esto transforma la crisis en un problema económico, ambiental y patrimonial. La pérdida de las salinas no significaría solamente una reducción en la oferta de un producto local, sino la desaparición potencial de un sistema productivo que conserva conocimientos preindustriales y una relación histórica con los humedales costeros.

Ministerios evalúan apoyo y una solución para el embalse

El caso fue abordado en una reunión entre el biministro de Economía y Minería, Daniel Mas; el senador Juan Luis Castro, y representantes de los productores. La autoridad comprometió una evaluación de posibles mecanismos de apoyo desde ambas carteras y una respuesta en el corto plazo.

El trabajo deberá coordinarse con el Ministerio de Obras Públicas, debido a que las medidas estructurales están relacionadas con el manejo del embalse Convento Viejo y los flujos de agua que alcanzan el sistema del estero Nilahue.

Los salineros ya habían sostenido conversaciones con el MOP y esperan una nueva reunión durante agosto. El objetivo es conocer las alternativas para evitar que las descargas de agua dulce continúen afectando las zonas de evaporación.

No obstante, los plazos técnicos representan una dificultad. Las eventuales obras o modificaciones operacionales difícilmente permitirían recuperar la actual temporada. Por esa razón, los productores plantean que el apoyo económico debe implementarse antes de que exista una solución definitiva de infraestructura.

Entre las necesidades se encuentran recursos que permitan sostener a las familias sin producción, mantener las instalaciones y preparar las salinas para el próximo ciclo. Sin esa asistencia, incluso una futura recuperación de las condiciones hídricas podría encontrar una actividad debilitada, con menos productores y cuarteles abandonados.

El desafío de compatibilizar infraestructura y economías locales

El conflicto expone las externalidades que puede generar una obra hidráulica cuando sus operaciones interactúan con actividades productivas ubicadas aguas abajo. Los embalses cumplen funciones relevantes para el almacenamiento, la seguridad hídrica y el abastecimiento agrícola, pero su gestión también debe considerar los efectos territoriales de las descargas y variaciones de caudal.

En el caso de Cáhuil, el agua constituye simultáneamente el insumo fundamental y la principal amenaza para la producción. La actividad necesita agua marina concentrada y condiciones controladas de evaporación; una modificación persistente en la proporción de agua dulce cambia por completo la capacidad productiva del sistema.

La solución requerirá determinar técnicamente el origen y la magnitud de los aportes que están reduciendo la salinidad, revisar los protocolos de operación del embalse y establecer medidas de mitigación verificables. También será necesario coordinar a organismos públicos con competencias en obras hidráulicas, economía, minería, agricultura, patrimonio y medioambiente.

Aunque su escala es reducida frente a la minería industrial, la extracción de sal de Cáhuil forma parte de la minería no metálica y mantiene características comunes con otros sectores extractivos: depende de condiciones geológicas e hídricas específicas, enfrenta ciclos productivos rígidos y requiere certeza sobre la disponibilidad de su recurso.

La respuesta estatal será observada como una señal sobre la capacidad institucional para proteger actividades tradicionales cuando entran en tensión con infraestructura de mayor escala. Para los salineros, el margen es estrecho: sin ingresos durante la actual temporada y sin una corrección antes del próximo ciclo, la crisis puede dejar de ser transitoria y convertirse en el cierre definitivo de una actividad ancestral.