
La minera anglo-australiana enfrenta el desafío de sostener el crecimiento de su producción después de 2030. El proyecto sanjuanino aparece como una alternativa concreta, mientras el grupo amplía su exposición al Distrito Vicuña y otros activos de cobre.
Rio Tinto podría acelerar nuevas inversiones, asociaciones o adquisiciones en cobre para reforzar su cartera de crecimiento durante la próxima década. En ese escenario, el proyecto Los Azules, ubicado en la provincia argentina de San Juan, emerge como uno de los activos con mayor potencial para aumentar la exposición de la compañía al metal rojo.
La minera ya mantiene una participación indirecta de 17,2% en McEwen Copper, titular del proyecto, a través de Nuton, su unidad especializada en tecnologías de lixiviación. Esta posición le entrega acceso directo a la información técnica y económica de uno de los mayores depósitos cupríferos no desarrollados a escala mundial.
El interés no parte desde cero. Durante los últimos meses, Rio Tinto ha examinado la posibilidad de elevar su participación en McEwen Copper, mientras sus equipos técnicos evalúan la aplicación de la tecnología Nuton en Los Azules. Una mayor inversión permitiría a la compañía consolidar su presencia en Argentina y sumar un activo avanzado a una cartera dominada por operaciones y proyectos ubicados en Mongolia, Estados Unidos, Chile y Australia.
La discusión adquiere mayor relevancia ante la posibilidad de que la actual cartera de Rio Tinto no sea suficiente para mantener su ritmo de expansión después de 2030. Aunque el aumento de producción de Oyu Tolgoi, en Mongolia, entregará un impulso significativo durante los próximos años, la compañía necesita preparar una nueva generación de proyectos que reemplace declinaciones naturales y sostenga su crecimiento en el largo plazo.
Los Azules entra en una etapa decisiva
Los Azules se localiza en la cordillera de los Andes, a unos 3.500 metros sobre el nivel del mar, en la provincia de San Juan. El proyecto contempla producir cátodos de cobre mediante un proceso de lixiviación, extracción por solventes y electroobtención, conocido como SX-EW.
La factibilidad publicada en 2025 estimó una producción promedio cercana a 204.800 toneladas anuales de cátodos durante los primeros cinco años de operación. El desarrollo apunta a iniciar producción entre 2029 y 2030, sujeto al cierre del financiamiento, la obtención de permisos y la ejecución de las obras.
El plan financiero considera aproximadamente US$4.000 millones, combinando deuda y capital. McEwen Copper trabaja en la estructuración de un paquete de préstamos por US$2.400 millones, mientras el resto deberá ser cubierto mediante aportes de accionistas, nuevos inversionistas u operaciones en el mercado de capitales.
El proyecto también presenta un valor presente neto después de impuestos estimado en US$2.900 millones, una cifra que explica el interés de grupos mineros, industriales y automotrices. Junto con Rio Tinto, Stellantis posee una participación de 18,3% en McEwen Copper, adquirida como parte de su estrategia para asegurar materiales destinados a la electrificación del transporte.
Para Rio Tinto, aumentar su posición podría significar más que una inversión financiera. Nuton desarrolla una tecnología orientada a recuperar cobre desde minerales de menor ley y materiales que presentan dificultades para los procesos convencionales. Su incorporación podría extender el aprovechamiento del recurso mineral y modificar la economía de largo plazo de Los Azules.
La brecha de crecimiento después de 2030
Rio Tinto cuenta con una de las carteras de cobre más relevantes entre las grandes mineras diversificadas, pero varios de sus principales proyectos requieren extensos procesos regulatorios, inversiones de gran escala o acuerdos con gobiernos y comunidades.
Oyu Tolgoi seguirá siendo el principal motor inmediato. La operación subterránea en Mongolia está diseñada para alcanzar una producción promedio aproximada de 500.000 toneladas anuales entre 2028 y 2036, convirtiéndose en una de las mayores minas de cobre del mundo.
En Estados Unidos, la compañía desarrolla Resolution Copper junto con BHP. El depósito contiene recursos capaces de sostener una operación durante varias décadas y podría abastecer más de una cuarta parte de la demanda estadounidense, aunque su construcción continúa condicionada por trámites ambientales, procesos judiciales y controversias territoriales. Su entrada en operación se proyecta para la primera mitad de la década de 2030.
La minera también mantiene inversiones en Kennecott, Utah, donde desarrolla minería subterránea para complementar la operación a rajo abierto. En Chile posee un 30% de Escondida, faena controlada por BHP, pero no opera directamente grandes minas de cobre en el país.
Esta combinación deja un espacio entre el crecimiento asegurado por Oyu Tolgoi y la producción que podrían entregar proyectos todavía sujetos a largos plazos de aprobación. Los Azules ofrece una alternativa con una ingeniería más avanzada y una ruta de procesamiento que apunta a producir cátodos en el mismo yacimiento, evitando la dependencia de fundiciones y refinerías externas.
Argentina gana peso en la estrategia de Rio Tinto
La eventual profundización de la inversión en Los Azules se suma al avance de Rio Tinto en el Distrito Vicuña, una franja geológica compartida por Argentina y Chile que concentra algunos de los descubrimientos de cobre, oro y plata más relevantes de los últimos años.
La compañía comprometió recientemente US$15 millones en Mogotes Metals para financiar exploración en Filo Sur, ubicado en territorio argentino y próximo a los proyectos Filo del Sol y Josemaría. El acuerdo concede a Rio Tinto una vía para aumentar progresivamente su participación si los trabajos confirman un sistema mineral de escala significativa.
El movimiento refuerza la posición de San Juan como uno de los principales focos de inversión cuprífera de Argentina. La provincia reúne a Los Azules, Josemaría, Filo del Sol, Altar, El Pachón y otros depósitos que podrían transformar al país en un productor relevante durante la próxima década.
Para Argentina, el desafío será convertir esta cartera geológica en proyectos financiables. La construcción de minas de cobre requiere estabilidad regulatoria, acceso a energía, infraestructura vial, disponibilidad de agua, acuerdos fiscales de largo plazo y capacidad para movilizar miles de millones de dólares durante periodos prolongados.
El Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones ha mejorado las condiciones ofrecidas a proyectos intensivos en capital, pero cada iniciativa deberá demostrar competitividad frente a activos ubicados en Chile, Perú, Estados Unidos, Canadá, Mongolia y África.
Una competencia global por nuevos recursos de cobre
La presión sobre Rio Tinto refleja una tendencia que atraviesa a toda la industria. Las grandes compañías buscan depósitos capaces de producir durante varias décadas, pero enfrentan menores leyes minerales, mayores costos, restricciones hídricas, procesos ambientales extensos y crecientes exigencias de infraestructura.
Al mismo tiempo, la demanda de cobre avanza por la expansión de las redes eléctricas, los sistemas de almacenamiento, los vehículos eléctricos, las energías renovables y los centros de datos. Esta perspectiva ha elevado el valor estratégico de los proyectos avanzados y ha intensificado la competencia por activos que puedan entrar en producción durante la década de 2030.
Los Azules reúne varias características buscadas por las grandes mineras: escala, una vida útil prolongada, posibilidad de producir cátodos comercializables y exposición a una jurisdicción que intenta recuperar inversiones después de años sin construir nuevas minas metálicas de gran tamaño.
Una decisión de Rio Tinto todavía no está asegurada. La minera deberá evaluar el costo de elevar su participación, las condiciones de financiamiento, el desempeño de la tecnología Nuton y los riesgos propios de desarrollar infraestructura a gran altura.
Sin embargo, su posición actual dentro de McEwen Copper y el avance paralelo en Filo Sur muestran que Argentina ya no ocupa un lugar secundario en su estrategia. Para la minería regional, la eventual consolidación de Rio Tinto en Los Azules representaría una señal relevante: las grandes compañías están acelerando la búsqueda de cobre y San Juan comienza a competir directamente por el capital que definirá la oferta mundial de la próxima década.












