Serra Pelada y el oro: el cráter de 150 metros que buscan reabrir tras 51 millones de reales en deuda

La mina de oro de Serra Pelada, en el estado de Pará (Brasil), vuelve a concentrar expectativas de reapertura más de tres décadas después de su cierre. El yacimiento —hoy convertido en un lago dentro de un agujero de más de 150 metros de profundidad— enfrenta un escenario cruzado por disputas internas, pasivos laborales y exigencias ambientales, mientras persisten focos de extracción clandestina en el área.

El símbolo de la fiebre del oro que marcó a la Amazonía

Serra Pelada se consolidó como emblema de la fiebre del oro en los años 80 por la magnitud de su operación artesanal y las condiciones extremas de trabajo. Según el Instituto Brasileiro de Mineração, la región recibió más de 100 mil mineros y se extrajeron más de 42 toneladas de oro en una década, con un peak de 14 toneladas en 1983, de acuerdo con un registro institucional difundido por IBRAM.

En Chile, la comparación suele instalarse por escala y método: la extracción de superficie tiene dinámicas distintas a la subterránea en seguridad, estabilidad de taludes y control operacional, como se explica en esta guía sobre minería a cielo abierto vs subterránea.

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Trabajo manual, cargas de 50 kilos y la escalera “Adiós mamita”

El funcionamiento histórico de Serra Pelada se sostuvo sobre trabajo completamente manual: los garimpeiros llenaban sacos con hasta 50 kilos de roca y los subían por escaleras improvisadas conocidas como “Adiós mamita”, descritas como un paso crítico por su peligrosidad. Hoy, el cráter inundado y la infraestructura deteriorada contrastan con esa etapa.

Para dimensionar el método en términos técnicos, la minería de superficie implica remoción de material y control de bancos, pendientes y drenaje, con exigencias de diseño y monitoreo que difieren de faenas subterráneas, como se detalla en un análisis sobre minería de cielo abierto.

El cierre de 1992 y el peso de la historia en la reapertura

El Gobierno brasileño cerró Serra Pelada en 1992 por razones de seguridad, en un momento en que la extracción ya iba en declive, según la misma crónica de EFE. Ese antecedente es central en cualquier discusión de retorno: la reapertura, si avanza, debe hacerse bajo condiciones formales y con exigencias de seguridad y ambiente que no existían en el auge artesanal.

En la cobertura más reciente del caso, se ha puesto el foco en los frenos legales y financieros del proyecto, resumidos en este seguimiento sobre el cráter de 150 metros y la deuda que condiciona su regreso.

El bloqueo actual: disputa interna y deuda laboral de 51 millones de reales

El principal obstáculo, hoy, es institucional y financiero. La presidencia de la cooperativa vinculada a la operación ha estado en disputa y, además, arrastra una deuda laboral de 51 millones de reales. Según abogados de la organización citados por EFE, esa situación mantiene los permisos embargados mientras no se cumplan las obligaciones.

En ese mismo reporte se menciona que la presidenta de la cooperativa planteó la intención de implementar un acuerdo con una empresa para volver a extraer oro en 100 hectáreas de propiedad de la organización, aunque reconoció que la inestabilidad reciente puede haber afectado el interés del socio.

Minería ilegal, mercurio y presión ambiental sobre la Amazonía

Mientras el proyecto formal sigue trabado, algunos mineros han optado por la extracción clandestina. EFE describe el uso de mercurio para separar el oro, con impacto en acuíferos y ríos, y consigna un flujo que aún llega al comercio local: un comerciante citado en el reportaje dijo recibir en promedio 200 gramos de pepitas por semana, pese a operativos policiales en la zona.

A nivel global, el mercurio en minería artesanal y de pequeña escala está identificado como un problema ambiental y sanitario por sus liberaciones a aire, agua y suelo, según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente en su apartado sobre minería artesanal y de pequeña escala de oro (ASGM).

El contexto de mercado: el oro en máximos y el incentivo de retorno

El interés por reactivar yacimientos auríferos suele intensificarse cuando el metal se mueve en niveles altos. En el seguimiento de mercado, el oro registró un máximo al superar los US$5.100 por onza en operaciones intradía a fines de enero de 2026, según este reporte de precios.

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