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Tres robots autónomos exploran un tubo de lava en Lanzarote y prueban tecnología aplicable a minería subterránea

Un equipo europeo de robótica ha demostrado la eficacia de tres vehículos autónomos en la exploración de un tubo de lava en Lanzarote, con aplicaciones potenciales en minería subterránea.

Tres robots autónomos exploran un tubo de lava en Lanzarote y prueban tecnología aplicable a minería subterránea
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El sistema europeo CoRob-X utilizó tres vehículos especializados para cartografiar una cavidad volcánica, desplegar sensores y descender un robot mediante rápel. La prueba se realizó en 2023 y fue publicada en Science Robotics en 2025; la misma arquitectura tecnológica también fue ensayada en un túnel minero de España.

Un equipo europeo de robótica logró que tres vehículos autónomos trabajaran de manera coordinada para acceder y explorar un tubo de lava en Lanzarote, Islas Canarias, en una demostración diseñada como ensayo terrestre para futuras misiones a cavidades de la Luna y Marte. El sistema creó mapas tridimensionales del exterior y el interior, desplegó sensores en la entrada y descendió un pequeño rover mediante un mecanismo de rápel.

Aunque el experimento volvió a circular este 27 de septiembre de 2026, no corresponde a una prueba realizada este año. Los ensayos de campo tuvieron lugar en febrero de 2023 y sus resultados fueron publicados el 13 de agosto de 2025 en la revista científica Science Robotics.

El trabajo forma parte de CoRob-X, Cooperative Robots for Extreme Environments, un proyecto financiado por el programa Horizon 2020 de la Unión Europea con aproximadamente 3 millones de euros y coordinado por el Centro Alemán de Investigación en Inteligencia Artificial, DFKI. El consorcio reunió a instituciones y empresas de Alemania, España, Bélgica, Francia y otros países europeos.

Tres robots con funciones diferentes

La estrategia no consistió en enviar una sola máquina a la cavidad. El equipo diseñó una arquitectura en la que tres robots heterogéneos se reparten las tareas según sus capacidades.

Los sistemas utilizados fueron SherpaTT y Coyote III, desarrollados por DFKI, y LUVMI-X, de la empresa belga Space Applications Services. SherpaTT es el vehículo de mayor tamaño —supera los 200 kilogramos— y funciona como plataforma de apoyo para operaciones que requieren fuerza y manipulación, mientras Coyote III actúa como explorador ligero.

La misión fue organizada en cuatro etapas.

Primero, los tres vehículos recorrieron los alrededores de la abertura superficial del tubo de lava, conocida como skylight, recopilando datos que posteriormente fueron combinados para construir un modelo tridimensional del terreno y del acceso a la cavidad.

En la segunda fase, LUVMI-X posicionó un pequeño cubo equipado con sensores dentro de la entrada. El dispositivo permitió obtener información preliminar del interior y apoyar las comunicaciones antes de exponer al rover explorador al descenso.

Después, SherpaTT utilizó su sistema de manipulación y un mecanismo de cable para bajar a Coyote III hasta el interior del tubo de lava. Una vez en el fondo, el pequeño rover se desacopló y recorrió la cavidad, recopilando información y generando una cartografía tridimensional interna.

Las cuatro fases fueron completadas durante la demostración en Lanzarote. El artículo publicado en Science Robotics concluyó que el ensayo permitió validar la viabilidad del concepto cooperativo para obtener información sobre la morfología exterior e interior de una cavidad de difícil acceso.

Por qué interesan las cuevas lunares

Los tubos de lava son cavidades creadas cuando la superficie de una corriente volcánica se solidifica mientras el material líquido continúa circulando por debajo. Una vez terminado el flujo, puede permanecer un túnel vacío.

Estructuras comparables han sido identificadas en cuerpos planetarios y son de interés para la exploración espacial porque el material rocoso situado sobre ellas podría proporcionar protección frente a radiación, micrometeoritos y condiciones ambientales extremas. También pueden preservar información geológica que no está expuesta directamente a las condiciones de superficie.

Pero ingresar a estas zonas plantea un problema: las paredes verticales, la ausencia de iluminación, las irregularidades del terreno y las limitaciones de comunicación hacen que una misión humana inicial tenga riesgos elevados.

La propuesta de CoRob-X es utilizar sistemas robóticos capaces de dividir tareas y mantener un grado elevado de autonomía, reduciendo la dependencia de instrucciones permanentes desde un centro de control.

El estudio no demuestra, sin embargo, que estos robots estén preparados para operar directamente en la Luna o Marte. Los investigadores reconocen que trasladar la arquitectura desde una cavidad terrestre a las condiciones reales del espacio requiere desarrollo adicional.

El proyecto ya probó una aplicación minera

La relación con minería va más allá de una analogía conceptual.

Durante CoRob-X, parte del software desarrollado para exploración planetaria fue transferido a un caso de uso minero en un túnel cercano a León, España, donde un rover de cuatro ruedas y un dron cooperaron para inspeccionar una galería después de una voladura.

La instalación utilizada tenía aproximadamente 500 metros de longitud. El escenario contempló que el vehículo terrestre avanzara por la galería llevando el dron hasta un punto donde los obstáculos impidieran continuar. Desde allí, el vehículo aéreo debía sobrevolar la zona de la voladura, cartografiarla y ayudar a identificar potenciales riesgos antes del ingreso de trabajadores.

El objetivo era demostrar que una arquitectura desarrollada originalmente para exploración espacial podía trasladarse a una tarea industrial concreta: inspeccionar galerías, túneles y zonas recientemente tronadas antes de exponer a personas a condiciones potencialmente inestables.

CORDIS, la plataforma de proyectos de investigación de la Comisión Europea, señala que la demostración mostró que las tecnologías de CoRob-X podían transferirse a inspección y mantenimiento de túneles y piques mineros.

Autonomía para lugares donde primero no debería entrar una persona

Para minería subterránea, la lógica tecnológica es similar a la que plantea la exploración planetaria: una máquina puede ingresar primero a un sector con acceso restringido, recopilar datos y construir una representación digital que permita evaluar las condiciones antes del ingreso de trabajadores.

Aplicaciones potenciales incluyen inspección posterior a voladuras, reconocimiento de galerías inestables, cámaras abandonadas, zonas con obstáculos y lugares donde la comunicación con operadores sea limitada.

Eso no significa que el conjunto probado en Lanzarote pueda trasladarse directamente a una mina comercial. Las condiciones de operación, certificaciones de seguridad, polvo, agua, gases, interferencias, continuidad de comunicaciones y necesidades de mantenimiento plantean requisitos industriales distintos.

El resultado demostrado es más acotado: un grupo de robots con capacidades diferentes pudo coordinarse para cartografiar un entorno desconocido, desplegar instrumentación y acceder a una cavidad que un vehículo convencional no podía alcanzar. Además, parte de esa arquitectura de software ya fue utilizada con otros robots en un escenario minero real.

Por ello, el ensayo de Lanzarote no representa una misión ejecutada en la Luna o Marte ni una tecnología minera comercial ya desplegada. Sí demuestra una línea de desarrollo con una aplicación clara para ambas áreas: enviar máquinas autónomas a reconocer espacios peligrosos o inaccesibles antes de enviar personas.