
La Agencia Internacional de Energía publicó un informe que expone con cifras precisas el riesgo que concentra China en la cadena de suministro de tierras raras: controla el 94% de la fabricación global de imanes permanentes, piezas clave para vehículos eléctricos, turbinas eólicas y sistemas de defensa. Diversificar esa cadena exigirá US$60.000 millones en la próxima década.
El informe que llega al G7
El documento Rare Earth Elements: pathways to secure and diversified supply chains fue elaborado para apoyar las discusiones del G7 bajo la presidencia francesa de 2026, cuya cumbre está programada para mediados de junio. La AIE analizó la cadena de valor completa de los 17 elementos de tierras raras —desde la extracción hasta la fabricación de imanes permanentes— e identificó las vulnerabilidades asociadas a la alta concentración de la oferta.
Según el organismo, la demanda de tierras raras para imanes —en particular neodimio, praseodimio, disprosio y terbio— se duplicó desde 2015 y podría crecer más de un 30% hacia 2030, impulsada por el despliegue masivo de vehículos eléctricos, turbinas eólicas, centros de datos con inteligencia artificial y sistemas de defensa de alto desempeño.
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La concentración china y sus consecuencias reales
La AIE detalla que en 2024 China concentró el 60% de la producción minera mundial de tierras raras para imanes, el 91% del refinado y el 94% de la fabricación de imanes permanentes. Ese dominio no es reciente: en 2005 el país representaba cerca de la mitad de la producción de imanes sinterizados; hoy controla casi por completo ese segmento.
La exposición de esa dependencia quedó en evidencia tras los controles a la exportación que China aplicó en 2025. En octubre de ese año, Beijing amplió la lista de elementos sujetos a restricciones e introdujo un nuevo requisito de licencia para el comercio de partes y componentes que contengan materiales de origen chino. Aunque esos controles fueron suspendidos en noviembre por un año, en enero de 2026 China volvió a endurecer las restricciones sobre bienes de doble uso con destino a Japón. El impacto sobre la industria global fue concreto: algunas automotrices y fabricantes de semiconductores debieron reducir su utilización de capacidad o detener temporalmente líneas de producción.
En 2025, los controles chinos afectaron volúmenes exportados y complicaron el abastecimiento de imanes permanentes en Estados Unidos, Europa y otros mercados.
Si esas restricciones se aplicaran en su totalidad, la actividad económica expuesta fuera de China podría llegar a US$6,5 billones anuales, según la AIE.
La brecha que no cierran los proyectos actuales
Con la capacidad hoy instalada y anunciada fuera de China y Myanmar, en 2035 solo se cubriría alrededor del 50% de las necesidades de extracción, el 25% del refinado y menos del 20% de la demanda de imanes en esas regiones. El refinado y la manufactura de imanes permanecen como los principales cuellos de botella de la cadena.
Para 2035, la capacidad minera liderada por Australia y Estados Unidos —con aportes de Brasil, India, Tanzania y otros— podría superar las 50 kilotones de contenido de elementos de tierras raras. Sin embargo, la capacidad de refinado y separación no supera las 40 kilotones, y la producción aguas abajo de metales, aleaciones e imanes terminados representa apenas un tercio de esa capacidad minera diversificada, según datos del propio informe de la AIE.
Lo que viene: inversión, reciclaje y cooperación internacional
Para cerrar la brecha, la AIE estima que se requieren US$60.000 millones en inversión pública y privada durante la próxima década. Casi la mitad de ese monto debe dirigirse al refinado y cerca de un tercio a la fabricación de imanes, precisamente los eslabones donde la diversificación avanza más lento.
El organismo advierte que no bastará con abrir nuevas minas: será necesario destrabar financiamiento, acelerar proyectos con garantías o contratos de compra anticipada, y elevar estándares ambientales y sociales. El informe también identifica espacio para el reciclaje de imanes al final de su vida útil —que podría reducir la demanda de oferta primaria hasta en un 35% hacia 2050— y para alianzas internacionales que coordinen estándares, innovación y reservas estratégicas. Según la AIE, ningún país puede construir cadenas de valor integradas en forma aislada.
El informe plantea ocho acciones concretas para apoyar la diversificación, entre ellas fortalecer la preparación ante emergencias, escalar la inversión en cada tramo de la cadena, mejorar la transparencia de precios y acelerar la innovación tanto en la oferta como en la demanda. Las discusiones del G7 bajo la presidencia francesa, previstas para mediados de junio de 2026, serán el primer escenario de alto nivel donde estos lineamientos deberán traducirse en compromisos de política.












