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Artemis II: por qué la NASA sigue con el hidrógeno líquido pese a las fugas

La NASA vuelve a poner a prueba el hidrógeno líquido en el cohete SLS que debe impulsar la misión Artemis II, con un objetivo claro: completar el “ensayo…

Artemis II: por qué la NASA sigue con el hidrógeno líquido pese a las fugas
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La NASA vuelve a poner a prueba el hidrógeno líquido en el cohete SLS que debe impulsar la misión Artemis II, con un objetivo claro: completar el “ensayo completo con combustible” tras una primera tentativa marcada por fugas y pausas operativas. El punto de fondo, sin embargo, sigue abierto: si el hidrógeno es tan difícil de contener y tan sensible en tierra, ¿por qué se mantiene como apuesta central para volver a la Luna?

En paralelo, el programa avanza con la planificación del vuelo tripulado alrededor de la Luna, en una misión que ya fue detallada en este repaso sobre Artemis II y sus 10 días de viaje con cuatro astronautas.

El obstáculo en plataforma: fugas, límites y el reloj en contra

El “wet dress rehearsal” (WDR) es una simulación de cuenta regresiva y carga total de propelentes, con el cohete en la plataforma y procedimientos equivalentes a los del día de lanzamiento, pero sin encender motores.

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Según un reporte sobre el segundo intento de carga completa del SLS, la NASA buscará cargar más de 700.000 galones de oxígeno e hidrógeno líquidos súper enfriados. En el primer WDR, concluido el 3 de febrero de 2026, las fugas obligaron a detener y reanudar el flujo de combustible varias veces, hasta que el conteo se frenó en T-5:15 cuando las concentraciones superaron el umbral permitido.

Entre los puntos operativos que condicionan esta fase están:

  • La seguridad en tierra: el hidrógeno es muy fácil de encender, y un exceso en el aire eleva el riesgo de una explosión.

  • El límite de concentración: la directora de lanzamiento Charlie Blackwell-Thompson fijó el foco en mantener el proceso dentro del límite de 16% durante operaciones críticas.

  • El área bajo escrutinio: la Tail Service Mast Umbilical (TSMU), una estructura de “tres pisos” que conecta el cohete con el equipo en tierra y que ya concentró los problemas del primer ensayo.

En el calendario inmediato, el mismo reporte sitúa el “call to stations” el 17 de febrero y la carga completa el 19 de febrero, con la NASA manteniendo marzo como referencia para una oportunidad de lanzamiento, pero sin fijar fecha hasta cerrar un WDR exitoso.

Una molécula diminuta con un gran impacto: por qué el hidrógeno “se escapa”

La fuga no es un accidente aislado: forma parte de la naturaleza del hidrógeno. Es el elemento más ligero y su molécula tiende a encontrar rutas de escape incluso en sistemas diseñados para contenerlo.

El ingeniero Adam Swanger, investigador principal sénior en criogenia en el Centro Espacial Kennedy, lo resumió así: “Tiende a encontrar la manera de salir de cualquier cosa en la que intentes contenerlo” y “tiene una densidad muy baja”.

Ese rasgo se agrava por el contexto criogénico. El hidrógeno líquido debe mantenerse a temperaturas extremadamente bajas (en torno a -423°F) y las interfaces, sellos y estructuras que lo contienen deben soportar contracciones, cambios de forma y tensiones térmicas en superficies muy grandes.

La razón técnica: impulso específico y la obsesión por la masa

El motivo por el que el hidrógeno sigue en la mesa es rendimiento.

En cohetería, el concepto clave es el impulso específico (Isp): cuánto empuje puede generar un motor con una cantidad determinada de propelente. El peso domina el diseño: mientras más energía gasta el cohete levantándose a sí mismo, menos margen queda para carga útil o tripulación.

Swanger lo planteó como una compensación directa: “La baja densidad es buena para el rendimiento”. En su formulación, esa ventaja explica por qué el hidrógeno “termina usándose mucho”: es uno de los combustibles más eficientes del negocio para maximizar empuje por masa, especialmente en el vacío.

Esta lógica también explica por qué muchos vehículos optan por hidrógeno en etapas superiores, donde el rendimiento en el espacio pesa más, y dejan para la primera etapa combustibles más manejables.

Por qué el SLS usa hidrógeno también en la primera etapa

En el caso del SLS, la elección no responde solo a ingeniería. La primera etapa del SLS usa hidrógeno (y oxígeno) igual que el Transbordador Espacial, y esa herencia no es casual.

Casey Dreier, jefe de política espacial de la Planetary Society, lo atribuyó a una decisión institucional: “En última instancia fue una decisión del Congreso que se estableció mediante una ley que obligaba a la NASA a utilizar el hardware y las plantillas laborales y contratistas del Transbordador Espacial para construir el SLS”.

Bajo esa lógica, el hidrógeno no solo ofrece rendimiento: también calza con una arquitectura heredada, con cadenas de suministro, motores y esquemas de operación ya existentes. Dreier advirtió además el costo operacional de ese enfoque: “Nunca operará tan bien como si hubieran diseñado un cohete nuevo… Tendrá grandes costos fijos. Y tendrás cohetes quisquillosos”.

Para el contexto más amplio del calendario lunar y la secuencia de hitos, este análisis sobre el programa Artemis y la fecha clave que abre el camino en 2026 explica por qué Artemis II es el filtro operativo antes de avanzar hacia el siguiente escalón.

Qué está haciendo la NASA para contener las fugas antes del lanzamiento

Tras el WDR del 3 de febrero, la NASA informó que reemplazó sellos y ajustó procedimientos antes del siguiente intento.

En esta actualización oficial sobre reparaciones y análisis, la agencia detalló que técnicos reemplazaron dos sellos en el área donde se observaron concentraciones de hidrógeno mayores a lo permitido. También explicó el trabajo sobre el tail service mast umbilical, el desacople de placas de interfaz y el foco en “quick disconnects” para una desconexión segura al despegue.

Entre los ajustes operativos anunciados figuran:

  • Más tiempo para contingencias: se agregaron 30 minutos extra en cada una de dos pausas planificadas del conteo, elevando el total en una hora para facilitar troubleshooting.

  • Cambios en la simulación: se priorizará el foco en actividades de abastecimiento, con variaciones en tareas de acceso y cierre.

En paralelo, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, señaló tras una prueba parcial (“confidence test”) que se observaron tasas de fuga materialmente menores que en el primer WDR, de acuerdo con lo reportado por Spaceflight Now.

¿Siempre será un problema el hidrógeno? Materiales, tamaño y límites de rediseño

La NASA ha descrito al SLS como un vehículo que todavía se encuentra caracterizando su comportamiento en criogenia. Amit Kshatriya, administrador asociado de la NASA, lo planteó sin rodeos: “Es un vehículo experimental” y pidió no llamarlo “operacional” en esta fase.

Un punto técnico adicional es que el SLS no es reutilizable: cada cohete en plataforma es una unidad nueva, con tolerancias, ajustes y “caprichos” propios, lo que obliga a volver a caracterizar cómo “respira”, ventila y, en particular, cómo tiende a fugarse cuando entra en contacto con criógenos.

Sobre la solución definitiva, el problema puede requerir avances en ciencia de materiales. Jihua Gou, profesor de ingeniería mecánica y aeroespacial en la Universidad de Florida Central, lo formuló como una pregunta de tenacidad a la fractura en materiales expuestos a hidrógeno líquido. En lo operativo, Swanger lo aterrizó en un detalle crítico: “El mayor problema es el cambio de temperatura… los sellos son una cosa, pero lo que sostiene los sellos también cambia de forma”.

En la práctica, el tamaño del SLS y la escala de sus interfaces limitan cuánto se puede “volver a la mesa de diseño” sin rehacer el vehículo completo. Y, aun así, Swanger remarcó el punto de seguridad que condiciona todo el proceso: “Puede usarse absolutamente de forma segura sin ningún problema, e incluso con las fugas que hemos tenido… nunca hemos tenido un accidente”.