Codelco enfrenta uno de los cambios de mando más tensos de los últimos años. A solo horas de dejar la presidencia del directorio, Máximo Pacheco cerró su ciclo rodeado de cuestionamientos políticos, críticas públicas desde el gobierno de José Antonio Kast y una polémica auditoría interna que detectó errores en el reporte de producción de 2025. El episodio golpeó el último tramo de una gestión que, pese a consolidar alianzas estratégicas para el cobre y el litio, terminó envuelta en un ambiente de confrontación abierta con La Moneda.
Pacheco, nombrado en marzo de 2022 por el entonces Presidente Gabriel Boric, deja el cargo este lunes tras cuatro años en los que asumió un rol mucho más ejecutivo que protocolar dentro de la estatal. El exministro de Energía lideró negociaciones clave, impulsó acuerdos con privados y defendió con fuerza la expansión internacional de la minera, pero también acumuló críticas por el deterioro financiero de la corporación, la presión sobre los proyectos estructurales y su estilo de conducción. Su reemplazante será Bernardo Fontaine, quien asumirá en medio de un escenario complejo para la principal productora de cobre del mundo y para la estrategia del litio estatal, especialmente tras la creación de la sociedad Novandino Litio junto a SQM.
El error de producción que golpeó el final de su gestión
La salida de Pacheco quedó marcada por la revisión extraordinaria realizada esta semana por el directorio de Codelco, luego de que una auditoría interna concluyera que cerca de 27 mil toneladas de cobre fueron reportadas incorrectamente como producción terminada durante 2025. Aunque el ajuste no modificó los estados financieros de la empresa, sí afectó la cifra oficial de producción anual y abrió un nuevo flanco político para la administración saliente.
El episodio fue aprovechado por el gobierno para endurecer su discurso respecto del estado de la compañía. El biministro de Economía y Minería, Daniel Mas, sostuvo públicamente que la estatal operaba con “desorden” y falta de control, profundizando una ofensiva verbal que ya había incluido cuestionamientos por los atrasos estructurales, el accidente fatal en El Teniente y el nivel de endeudamiento de la minera.
Las críticas se sumaron a un clima de creciente tensión entre el Ejecutivo y la administración saliente de Codelco. En abril, durante la junta de accionistas, Pacheco respondió directamente a cuestionamientos internos asegurando que “Codelco no está en crisis”, frase que terminó convirtiéndose en uno de los momentos más comentados de su etapa final al mando de la corporación.
La disputa política detrás del cambio de directorio
El cambio de signo político en el gobierno modificó completamente la relación entre La Moneda y la mesa directiva de la minera estatal. Mientras sectores cercanos a Pacheco acusan una “campaña de demolición” contra Codelco, desde el Ejecutivo sostienen que las críticas responden al deterioro operacional y financiero acumulado en los últimos años.
Dentro de la empresa, algunos ejecutivos consideran que el tono utilizado por el gobierno puede afectar la reputación internacional de la estatal, especialmente en momentos donde Codelco necesita financiamiento permanente para ejecutar sus proyectos estructurales y desarrollar su estrategia en litio. Sin embargo, otros sectores estiman que la administración de Pacheco sobrepasó los límites del gobierno corporativo establecido tras la reforma de 2009.
El conflicto también abrió nuevamente el debate sobre el futuro de los activos de la estatal. En el entorno de Pacheco existe preocupación por eventuales ventas parciales de participaciones estratégicas, como el 49% de El Abra, el 20% de Anglo American Sur o la participación en Quebrada Blanca. Aunque desde el gobierno descartan que exista una instrucción formal en esa línea, economistas y exautoridades ya han vuelto a instalar la discusión sobre la necesidad de abrir parte de la propiedad de la compañía al mercado.
Las luces de una administración que impulsó alianzas estratégicas
Más allá de la controversia final, la gestión de Pacheco deja hitos relevantes para la estrategia minera chilena. Durante su período, Codelco avanzó en acuerdos con privados considerados clave para sostener la producción futura y fortalecer el desarrollo del litio. Entre ellos destacan la asociación con SQM para explotar el Salar de Atacama y los acuerdos con Anglo American.
El exministro también impulsó una política agresiva de joint ventures, alcanzando doce alianzas durante su gestión. En paralelo, mantuvo una intensa agenda internacional para posicionar a Codelco como actor relevante en la transición energética global, en momentos donde el cobre y el litio se transformaron en minerales estratégicos para la electromovilidad y las energías renovables.
Analistas de gobierno corporativo coinciden en que su estilo personal fue determinante tanto para los avances como para las tensiones que marcaron estos cuatro años. Su capacidad para empujar negociaciones complejas permitió cerrar acuerdos considerados improbables años atrás, pero al mismo tiempo generó fricciones internas por la concentración de decisiones y el protagonismo asumido desde la presidencia del directorio.
El futuro de Novandino Litio y la nueva era en Codelco
Uno de los temas que quedará instalado en los próximos días será la continuidad de Máximo Pacheco en Novandino Litio, la sociedad creada junto a SQM. Aunque fue designado por unanimidad del directorio de Codelco para integrar la mesa de la firma, dentro de la corporación existen voces que consideran incompatible mantener ese rol tras dejar la presidencia de la estatal.
La próxima configuración del directorio será decisiva. Con el ingreso de Bernardo Fontaine, Luz Granier y Alejandro Canut de Bon, el equilibrio interno cambiará significativamente y podría redefinir no solo el liderazgo de Novandino, sino también el futuro del actual presidente ejecutivo de Codelco, Rubén Alvarado, cuya continuidad tampoco estaría asegurada.
Así, el cierre de Máximo Pacheco deja una imagen dual: por un lado, la de un ejecutivo que impulsó alianzas históricas para la minería chilena; por otro, la de una administración marcada por conflictos políticos, tensión interna y cuestionamientos sobre el control corporativo de la mayor minera estatal del país.


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