
El rápido crecimiento del almacenamiento eléctrico y la presión por reducir el costo de los vehículos eléctricos están acelerando la adopción de nuevas químicas de baterías y ampliando la competencia por litio, manganeso y grafito.
Estados Unidos está entrando en una nueva etapa de su industria de baterías. El aumento de la capacidad de almacenamiento conectada a la red eléctrica, junto con la necesidad de fabricar vehículos eléctricos más económicos, está llevando a productores y fabricantes de automóviles a diversificar tecnologías, formatos de celdas y materias primas.
El movimiento ya comienza a reflejarse en decisiones industriales concretas. General Motors y LG Energy Solution preparan la planta de Ultium Cells en Spring Hill, Tennessee, para producir celdas prismáticas con tecnología rica en manganeso —conocida como LMR— destinadas a futuros vehículos eléctricos de GM. La transformación de las instalaciones comenzará durante 2026 y las obras asociadas deberían completarse hacia fines de 2028.
El cambio tecnológico coincide con una expansión particularmente rápida del almacenamiento estacionario. Estados Unidos terminó 2025 con 43,6 GW de baterías de gran escala en operación y durante los primeros seis meses de 2026 incorporó otros 8,3 GW, llevando la capacidad instalada a cerca de 52 GW. En los últimos tres años, este segmento registró un crecimiento promedio anual de 70%.
La combinación está ampliando el mercado para minerales utilizados en baterías y, al mismo tiempo, modificando la composición de esa demanda.
Manganeso gana espacio en la carrera por reducir costos
Uno de los cambios más relevantes está ocurriendo en las químicas utilizadas por la industria automotriz. Durante años, buena parte del desarrollo de baterías de mayor autonomía estuvo concentrado en composiciones con níquel, cobalto y manganeso, mientras las baterías de litio-ferrofosfato —LFP— ganaron participación en vehículos de menor costo y sistemas estacionarios.
Ahora los fabricantes buscan soluciones intermedias capaces de mantener una elevada densidad energética sin depender de grandes cantidades de níquel y cobalto.
La tecnología LMR que General Motors pretende industrializar aumenta precisamente el peso del manganeso dentro del cátodo. La compañía sostiene que sus futuras celdas prismáticas podrían alcanzar una densidad energética 33% superior a la tecnología LFP, manteniendo costos comparables.
La decisión es relevante para el mercado de materias primas porque demuestra que la expansión de las baterías no necesariamente se traducirá en un crecimiento uniforme de todos los minerales utilizados actualmente.
El litio continúa siendo un componente central de las principales químicas comerciales, pero la cantidad relativa de níquel, manganeso, hierro, fosfato, cobalto y grafito puede cambiar considerablemente dependiendo de la tecnología seleccionada.
Para la industria minera, esta evolución obliga a observar no solo cuántos vehículos eléctricos o sistemas de almacenamiento serán instalados, sino también qué composición química dominará cada segmento del mercado.
El almacenamiento eléctrico acelera la demanda
El otro gran motor está fuera de la industria automotriz.
Las baterías de gran escala se están convirtiendo en un componente cada vez más habitual del sistema eléctrico estadounidense, especialmente en estados con elevada incorporación de generación solar.
Los desarrolladores proyectaban incorporar alrededor de 24 GW de almacenamiento mediante baterías durante 2026, frente al récord de aproximadamente 15 GW agregado en 2025. Texas concentra la mayor proporción de los proyectos previstos para este año, seguido por California y Arizona.
La expansión responde a una característica fundamental de las energías renovables variables: la generación y el consumo eléctrico no necesariamente ocurren al mismo tiempo.
Las baterías permiten almacenar electricidad durante períodos de elevada producción y entregarla posteriormente cuando aumenta la demanda o disminuye la generación solar. También pueden prestar servicios de estabilización y flexibilidad al sistema eléctrico.
La magnitud del crecimiento estadounidense muestra que las baterías dejaron de ser únicamente un componente asociado a la electromovilidad. Se están transformando también en infraestructura energética.
Eso amplía la base de demanda para materiales críticos y genera un mercado que puede evolucionar de manera diferente al de los vehículos eléctricos.
Grafito aparece como otro punto crítico
La competencia tecnológica tampoco elimina los problemas asociados a la cadena de suministro.
El grafito continúa siendo un material fundamental para los ánodos de las baterías de ion-litio, lo que ha impulsado inversiones destinadas a desarrollar capacidad de producción fuera de Asia.
Vianode, fabricante noruego de grafito sintético y proveedor de General Motors, se encuentra evaluando alternativas estratégicas para financiar su expansión. Entre sus proyectos figura una planta proyectada en Ontario, Canadá, cuya producción fue desplazada hasta 2029 y que está diseñada para suministrar material suficiente para aproximadamente dos millones de vehículos eléctricos al año.
El caso refleja una de las contradicciones que enfrenta actualmente la industria: mientras las proyecciones de largo plazo requieren grandes volúmenes de materiales para baterías, algunos proyectos de fabricación enfrentan dificultades de financiamiento, cambios de calendario y una demanda automotriz menos acelerada de lo que se esperaba hace algunos años.
Esa diferencia entre demanda estructural y condiciones coyunturales puede seguir generando ajustes en nuevas plantas y proyectos mineros.
Una cadena de suministro cada vez más especializada
La evolución tecnológica también está modificando la lógica industrial de las baterías.
Los fabricantes ya no trabajan necesariamente con una única química para toda su gama de productos. La tendencia apunta hacia plataformas capaces de utilizar diferentes tecnologías dependiendo del precio, autonomía, peso, seguridad y aplicación final.
Las baterías LFP pueden ofrecer ventajas económicas para determinados vehículos y sistemas estacionarios, mientras otras químicas buscan mayor densidad energética para vehículos que requieren más autonomía. Las tecnologías ricas en manganeso intentan ocupar parte de ese espacio reduciendo la exposición a materiales de mayor costo.
Para los productores mineros, esta diversificación aumenta la complejidad de proyectar la demanda.
Una modificación en la participación de mercado de una determinada química puede alterar significativamente las necesidades futuras de níquel, cobalto, manganeso, fosfato o grafito incluso si el volumen total de baterías continúa aumentando.
El desafío para los nuevos proyectos será competir no solamente por costo de extracción, sino también por calidad del producto, capacidad de refinación y cumplimiento de las especificaciones requeridas por fabricantes de materiales activos y celdas.
La presión tecnológica llega hasta la minería
El crecimiento estadounidense confirma una tendencia que ya está modificando la relación entre minería, industria automotriz y generación eléctrica.
Con cerca de 52 GW de almacenamiento de gran escala instalados a mediados de 2026 y decenas de gigawatts adicionales en desarrollo, Estados Unidos está construyendo un mercado de baterías que depende cada vez menos de un único sector consumidor.
Al mismo tiempo, los fabricantes buscan disminuir costos y mejorar densidad energética mediante nuevas combinaciones de materiales.
El resultado será una demanda creciente, pero también más selectiva.
Para la minería, el escenario abre oportunidades para productores de litio, manganeso y grafito, aunque obliga a seguir de cerca la evolución de las químicas de cátodos y ánodos. La cantidad de baterías seguirá siendo una variable central, pero la tecnología utilizada dentro de cada una será igualmente determinante para definir qué minerales capturarán el mayor crecimiento de la próxima década.






