
El país busca transformar su potencial geológico en nuevos proyectos comerciales, con inversiones en exploración, plantas de procesamiento y un sistema más flexible para adjudicar áreas mineras.
Egipto está acelerando su estrategia para convertir al oro en uno de los pilares de su expansión minera. Seis años después de iniciar una reforma de su marco regulatorio, el país comienza a movilizar cientos de millones de dólares en proyectos, exploración y nuevas instalaciones, mientras el gobierno apunta a elevar la producción aurífera nacional desde unas 500.000 hasta 800.000 onzas anuales hacia 2030.
El movimiento tiene como eje a la Eastern Desert o Desierto Oriental, una extensa región integrada al Escudo Arábigo-Nubio, formación geológica que continúa hacia Sudán, Eritrea y Etiopía y que concentra buena parte de las expectativas de exploración de oro, cobre y otros metales en el noreste africano.
El interés empresarial se ha intensificado después de los cambios regulatorios iniciados en 2020 y de nuevas modificaciones introducidas durante los últimos dos años. Egipto eliminó estructuras contractuales consideradas poco competitivas, avanzó hacia esquemas basados en regalías e impuestos y abrió un sistema continuo de disponibilidad de bloques para reducir los tiempos entre la identificación de un área y el comienzo de la exploración.
Sukari sigue sosteniendo la producción
La pieza central de la industria aurífera egipcia continúa siendo Sukari, operación a cielo abierto y subterránea ubicada cerca de Marsa Alam, en el Desierto Oriental.
La mina está bajo el control de AngloGold Ashanti desde la adquisición de Centamin en 2024 y ha producido más de 6,8 millones de onzas de oro desde el inicio de sus operaciones en 2009. Actualmente su producción se sitúa alrededor de las 500.000 onzas anuales.
El desafío para Egipto es precisamente dejar de depender de un único gran activo comercial.
AngloGold Ashanti proyecta invertir aproximadamente US$400 millones en Egipto durante 2026, mientras trabaja para llevar la producción de Sukari hasta unas 570.000 onzas anuales dentro de los próximos dos años.
La expansión de Sukari permitiría elevar la oferta en el corto plazo, pero alcanzar el objetivo gubernamental de 800.000 onzas requerirá incorporar nuevos depósitos y operaciones.
Nuevos proyectos comienzan a tomar escala
Uno de los desarrollos que podría ampliar la base productiva es Abu Marawat, donde Abu Marawat Gold Mines —empresa conjunta entre la autoridad minera egipcia y la canadiense Aton Resources— trabaja sobre una concesión con aproximadamente 150.000 onzas de reservas de oro.
La compañía apunta a iniciar producción comercial durante 2027 y mantiene programas de exploración con el objetivo de ampliar sustancialmente la base mineral del proyecto.
Otro foco está en West Gabal Elba, en el sureste del país. Afaq Mining identificó allí un depósito estimado en unas 305.000 onzas de oro y proyecta invertir cerca de US$146 millones durante los próximos cuatro a cinco años, considerando exploración adicional y una primera instalación productiva.
A ello se suma Eqat Gold Mining Company, que completó estudios preliminares para desarrollar una planta de extracción de oro en el Desierto Oriental.
El proyecto considera una inversión inicial de entre US$300 millones y US$320 millones, mientras que los estudios realizados hasta ahora involucraron aproximadamente US$50 millones.
La combinación de exploración avanzada, instalaciones de procesamiento y ampliaciones productivas comienza así a formar una cartera que va más allá de Sukari.
335 bloques abren una nueva etapa exploratoria
Una de las principales modificaciones introducidas por Egipto es el denominado Open Blocks System, lanzado en junio de 2026 para mantener disponibles oportunidades de exploración sin depender exclusivamente de rondas con una única fecha de cierre.
Los primeros tres meses del sistema mostraron una respuesta significativa: 119 compañías presentaron 403 ofertas sobre 118 bloques, dentro de un universo de 335 áreas ofrecidas que abarcan cerca de 45.000 kilómetros cuadrados. Más de 14 de las empresas interesadas corresponden a inversionistas extranjeros provenientes, entre otros mercados, de Australia, Reino Unido, Canadá, Arabia Saudita, Turquía, Sudáfrica, India y China.
Las áreas incluyen oportunidades en oro, fosfato, talco y caolín, aunque el metal precioso concentra buena parte de la atención debido al potencial geológico del Desierto Oriental.
Egipto calcula que posee alrededor de 100.000 kilómetros cuadrados de rocas precámbricas expuestas en el Desierto Oriental y el sur del Sinaí, dentro del Escudo Arábigo-Nubio. Ese territorio presenta prospectividad no solamente para oro, sino también para cobre, metales base, níquel, cobalto, elementos del grupo del platino, metales raros y tierras raras.
Capital internacional vuelve a mirar el Desierto Oriental
El nuevo ciclo también está atrayendo compañías que todavía se encuentran en etapas tempranas de exploración.
Red Sea Resources comenzó perforaciones en dos de sus tres áreas autorizadas, mientras Lotus Gold Corporation trabaja sobre licencias que abarcan alrededor de 2.000 kilómetros cuadrados.
Saudi Gold Refinery Co., por su parte, contempla destinar US$10 millones a exploración durante los próximos dos años y proyecta inversiones totales cercanas a US$200 millones en Egipto hacia 2030, incluyendo desarrollo minero e instalaciones productivas.
También existe actividad de Akh Gold, respaldada por el empresario egipcio Naguib Sawiris, que ha identificado objetivos de interés en una de sus áreas del Desierto Oriental central y mantiene trabajos exploratorios en otras concesiones.
A este escenario se suma Barrick Mining, que durante 2025 realizó campañas y misiones geológicas sobre distintos sectores del país y ha trabajado con las autoridades egipcias para avanzar hacia nuevos programas de exploración aurífera en el Desierto Oriental.
El desafío es convertir exploración en minas
La estrategia egipcia tiene una meta económica más amplia. El gobierno pretende elevar la contribución de la minería al producto interno bruto desde menos del 1% actual hasta aproximadamente 6%, desarrollando una industria que incorpore exploración, extracción, procesamiento y mayor valor agregado.
El potencial geológico, sin embargo, no garantiza por sí solo nuevos proyectos. La disponibilidad de financiamiento para perforaciones, los tiempos administrativos, la seguridad en determinadas áreas y la minería informal continúan siendo factores capaces de retrasar programas exploratorios y decisiones de inversión.
La próxima prueba será convertir la creciente cantidad de concesiones y campañas de perforación en recursos económicamente explotables.
Para la industria aurífera internacional, Egipto ofrece una combinación poco habitual: un distrito geológico conocido desde la antigüedad, una gran operación que ya demostró capacidad productiva y extensas áreas todavía poco exploradas mediante técnicas modernas.
Si los proyectos actualmente en evaluación avanzan hacia construcción y producción, el país podría comenzar a reducir su dependencia de Sukari y configurar un distrito aurífero con múltiples operaciones. Esa transición será determinante para saber si la actual aceleración exploratoria termina convirtiéndose en una expansión estructural de la minería egipcia.






