
Inversionistas de China, Estados Unidos, Japón, Chile y Reino Unido han manifestado interés en participar en el desarrollo del yacimiento ubicado en Apurímac. Buenaventura avanza con los estudios de factibilidad y proyecta su entrada en producción entre 2031 y 2032.
Compañía de Minas Buenaventura abrió una nueva etapa para el desarrollo de Trapiche, uno de sus principales proyectos de cobre en Perú, mientras mantiene conversaciones con potenciales socios provenientes de cinco países y continúa avanzando en los estudios técnicos destinados a aumentar el grado de definición de la iniciativa.
Los interesados corresponden a inversionistas de China, Estados Unidos, Japón, Chile y Reino Unido, aunque hasta ahora no existe un acuerdo cerrado para incorporar un nuevo participante al proyecto.
Trapiche está ubicado en el distrito de Juan Espinoza Medrano, provincia de Antabamba, en la región de Apurímac, una de las principales zonas de expansión de la minería cuprífera peruana.
El presidente del directorio de Buenaventura, Roque Benavides, confirmó que la compañía ha sostenido conversaciones con distintas empresas y que la prioridad inmediata continúa siendo avanzar en la factibilidad.
“Hemos conversado con diversas compañías interesadas y aún no hemos concretado. Lo que estamos haciendo nosotros es avanzar con los estudios de factibilidad del proyecto, a fin de agregarle valor”, sostuvo el ejecutivo.
Trapiche requiere una inversión superior a US$2.000 millones
La escala de capital necesaria explica buena parte de la estrategia de Buenaventura para incorporar un socio. La estimación actualmente planteada por la compañía sitúa la inversión requerida para Trapiche por sobre los US$2.000 millones.
Buenaventura ya había anticipado que analizaba la entrada de un socio estratégico para compartir los riesgos asociados a la construcción de un proyecto de esta magnitud, manteniendo al mismo tiempo su intención de continuar como operador del activo.
El esquema permitiría distribuir la exposición financiera durante la fase de desarrollo y construcción sin que Buenaventura abandone el control operacional de un activo considerado relevante para aumentar su participación en el negocio del cobre.
La compañía proyecta actualmente que Trapiche podría comenzar su producción entre 2031 y 2032, horizonte que todavía depende del avance de ingeniería, permisos, decisiones de inversión y estructuración financiera.
El proyecto pertenece a El Molle Verde S.A.C., subsidiaria controlada por Buenaventura, y corresponde a un depósito tipo pórfido de cobre y molibdeno que sería explotado mediante minería a cielo abierto.
Un activo cuprífero de gran escala en Apurímac
Trapiche no es un descubrimiento reciente. El depósito fue identificado por Buenaventura en 1993 y desde entonces ha pasado por sucesivas campañas de exploración y etapas de evaluación técnica.
La información geológica publicada por la compañía registra 722,6 millones de toneladas de recursos indicados con una ley de 0,42% de cobre, equivalentes a aproximadamente 3 millones de toneladas de cobre contenido. A ello se agregan 180,1 millones de toneladas de recursos inferidos con una ley de 0,32% de cobre.
Dentro del depósito también se ha identificado mineral susceptible de lixiviación, una característica que ha formado parte de las alternativas de procesamiento estudiadas para el desarrollo del yacimiento.
Las cifras corresponden a estimaciones históricas de recursos publicadas por Buenaventura y permiten dimensionar la escala mineral del activo, aunque el diseño definitivo del proyecto dependerá de los estudios de ingeniería y factibilidad actualmente en desarrollo.
Trapiche se emplaza a aproximadamente 3.900 metros sobre el nivel del mar, dentro del cinturón geológico Andahuaylas-Yauri, una zona que concentra depósitos de cobre de relevancia para la minería peruana.
Proyecto ya cuenta con aprobación ambiental
Uno de los avances más relevantes ocurrió durante 2026 con la aprobación del Estudio de Impacto Ambiental detallado (EIA-d) de Trapiche.
La certificación ambiental fue otorgada en marzo y representa un paso regulatorio significativo para continuar desarrollando la iniciativa. Sin embargo, la aprobación ambiental no equivale a una autorización inmediata para iniciar la construcción o explotación, debido a que el proyecto todavía debe completar otras autorizaciones sectoriales y técnicas.
El avance ambiental adquiere especial relevancia en momentos en que Perú intenta acelerar una cartera minera dominada por proyectos de cobre.
El país mantiene una producción anual del metal situada en torno a 2,5 millones a 2,7 millones de toneladas, mientras las autoridades peruanas buscan incorporar aproximadamente un millón de toneladas adicionales de capacidad durante los próximos cinco a seis años mediante nuevos proyectos.
Trapiche se inserta precisamente en ese horizonte de expansión.
Capital internacional vuelve a mirar el cobre peruano
El interés internacional por el proyecto aparece en un momento de renovada competencia por activos cupríferos en Sudamérica.
Cerca del 70% de la cartera peruana de proyectos mineros, valorizada en aproximadamente US$64.000 millones, está vinculada al cobre. El desafío para Perú es transformar ese volumen de iniciativas en nuevas operaciones capaces de compensar el agotamiento de yacimientos maduros y sostener su posición entre los mayores productores mundiales.
China mantiene una presencia particularmente relevante en la industria minera peruana, tanto por sus inversiones directas como por su condición de principal destino comercial del cobre del país.
Estados Unidos, en tanto, busca ampliar su participación en cadenas de suministro de minerales críticos, mientras compañías japonesas han mantenido históricamente inversiones y asociaciones de largo plazo en proyectos mineros latinoamericanos.
La aparición de inversionistas chilenos entre los interesados en Trapiche también resulta significativa por la experiencia acumulada por capitales y proveedores del país en proyectos cupríferos de gran escala.
No obstante, Buenaventura todavía no ha identificado públicamente a las compañías específicas involucradas en las conversaciones.
Buenaventura profundiza su exposición al cobre
El avance de Trapiche también refleja un cambio relevante dentro del portafolio de Buenaventura.
La compañía posee una trayectoria histórica ligada principalmente al oro y la plata, pero mantiene una exposición relevante al cobre a través de su participación en Sociedad Minera Cerro Verde, una de las mayores operaciones cupríferas de Perú.
Trapiche permitiría ampliar esa exposición mediante un activo desarrollado directamente por el grupo.
Paralelamente, Buenaventura está incrementando su actividad exploratoria en Perú. La compañía mantiene trabajos en Cusco, Puno, Pasco, Cajamarca y Apurímac, además de programas destinados a ampliar recursos alrededor de operaciones y proyectos existentes.
La estrategia cobra especial relevancia en un escenario de precios elevados de varios metales y mayores costos de adquisición de activos mineros, situación que aumenta el atractivo económico de descubrir recursos dentro de propiedades e infraestructura ya controladas.
Apurímac gana peso en la expansión minera peruana
Trapiche se suma a una cartera de proyectos que está aumentando el protagonismo de la zona centro-sur de Perú en la industria del cobre.
Apurímac ya alberga operaciones de gran escala y dispone de una base geológica que continúa atrayendo inversión en exploración y desarrollo. Sin embargo, la materialización de nuevos proyectos depende también de infraestructura, permisos, disponibilidad energética, gestión hídrica y relaciones con las comunidades.
La búsqueda de un socio para Trapiche será, por lo tanto, una de las variables que seguirá la industria durante los próximos años.
Buenaventura dispone todavía de tiempo antes de adoptar una decisión definitiva de construcción. El objetivo inmediato es continuar reduciendo incertidumbres técnicas y económicas mediante los estudios de factibilidad, mientras evalúa qué estructura de asociación resulta adecuada para financiar un proyecto que supera los US$2.000 millones.
Con una eventual entrada en producción entre 2031 y 2032, Trapiche aparece dentro de la generación de proyectos que Perú necesita convertir en minas para aumentar su oferta de cobre durante la próxima década, justo cuando electrificación, expansión de redes eléctricas, almacenamiento energético y nueva infraestructura digital mantienen la presión sobre el suministro mundial del metal.






