
Desierto de Atacama. En el norte de Chile, lo que antes era un paisaje de arena y pampa hoy convive con cerros de prendas abandonadas. La acumulación de basura textil en sectores cercanos a Alto Hospicio e Iquique dejó de ser una postal aislada: para científicos y especialistas, es un problema ambiental persistente, con efectos sobre suelos, aire y ecosistemas en uno de los territorios más frágiles del país.
Un basural textil a cielo abierto en Tarapacá
El circuito se explica por una combinación conocida en la región: grandes volúmenes que ingresan por la Zona Franca de Iquique (Zofri), una fracción que se comercializa y otra que no tiene salida. Ese remanente termina en vertederos clandestinos o microbasurales, donde la ropa se acumula durante años por su baja degradación y por la ausencia de una gestión efectiva en terreno.
En un conversatorio difundido por la Universidad de Chile, se expone que el país recibió “59 mil toneladas” de ropa usada en un año y que cerca de “39 mil” terminaron convertidas en residuo textil; el mismo relato advierte que el volumen acumulado permitiría “dar dos vueltas al planeta”. En ese mismo documento se citan estimaciones de la ONU sobre el peso global del rubro (uso de agua, aguas residuales y emisiones) y se señala que el 73% de la ropa postconsumo se desecha y que menos del 1% se recicla.
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El problema no es solo visual: contaminación y riesgo sanitario
El impacto no se limita al paisaje. Con el tiempo, la basura textil se fragmenta, se mezcla con polvo y material particulado, y se dispersa con el viento. Además, cuando estos acopios se incendian —por quema ilegal o sin control— el episodio deja gases y partículas que degradan la calidad del aire en zonas habitadas.
A esto se suma un factor que preocupa a la ciencia ambiental: la liberación de fibras plásticas asociadas a textiles sintéticos. Un estudio descrito por Ingeniería UC documenta cómo, en condiciones similares a un lavado doméstico, las prendas desprenden microfibras que terminan en ríos, lagos y océanos, abriendo un frente de contaminación difícil de monitorear y aún más complejo de retirar.
Por qué gran parte de esa ropa no se reutiliza
La pregunta se repite cada vez que circulan imágenes de cerros de prendas: por qué no se redistribuye. El punto crítico es que una fracción importante del material llega en condiciones que impiden su venta o uso: ropa dañada, fuera de estándar comercial o derechamente sin posibilidad de clasificación eficiente. En la práctica, la logística de separar, higienizar y asegurar trazabilidad se vuelve un cuello de botella que hoy no está resuelto a escala.
En terreno, el resultado se traduce en acumulación. Y cuando el residuo se instala en el desierto, el costo deja de ser privado: pasa a ser ambiental y territorial, con comunidades expuestas a focos de quema, material particulado y degradación del entorno.
Ley REP: el giro regulatorio que incorpora a los textiles
En Chile, el marco de Responsabilidad Extendida del Productor (REP) avanzó recientemente hacia el rubro textil. En junio de 2025, el Ministerio del Medio Ambiente formalizó la incorporación de los textiles como producto prioritario, abriendo el camino a metas de recolección y valorización, además de obligaciones de reporte para quienes introducen productos al mercado, según detalla la resolución informada por el MMA. En ese anuncio se incluyen cifras de consumo por persona y estimaciones de generación anual de residuos textiles a nivel nacional, además del volumen de importaciones asociado al segmento.
En paralelo, el país ya cuenta con herramientas de trazabilidad y reporte ligadas a la implementación REP. Un ejemplo es el Sistema de Reporte Sisrep, habilitado para registrar y monitorear obligaciones en productos prioritarios, clave para fiscalización y cumplimiento.
De residuo a insumo: iniciativas que buscan valorizar la basura textil
En el norte, la discusión no se limita a retirar ropa del desierto: también apunta a qué se puede hacer con ella cuando es técnicamente aprovechable. En esa línea, ya se han reportado proyectos con foco industrial. Un caso es la propuesta de Retex para reutilizar desechos textiles y transformarlos en geotextiles y paneles aislantes para minería y construcción, según expone un artículo sobre iniciativas vinculadas a economía circular.
En el ámbito productivo, también aparecen experiencias corporativas de circularidad aplicadas a residuos industriales y líneas de trabajo, donde la trazabilidad y la valorización son determinantes. Un ejemplo de implementación de medidas y métricas en gestión de residuos es el caso descrito en economía circular en Schneider Electric Chile, mientras que en faenas mineras se han mostrado prácticas puntuales de reutilización de ropa de trabajo y transformación en nuevos productos, como se reportó en una actividad de Codelco donde proveedores exhibieron modelos de economía circular aplicada a textiles.
Qué está en juego en el norte
En Tarapacá, el problema cruza medio ambiente, gestión de residuos, control territorial y salud pública. La acumulación de ropa no es solo el síntoma de un consumo global acelerado: es también una señal local de brechas en clasificación, fiscalización, disposición final y valorización. Con la incorporación de textiles a la Ley REP, el foco se traslada a cómo se implementarán obligaciones concretas —metas, trazabilidad y sistemas de gestión— y a qué velocidad esa regulación se traducirá en cambios visibles en el territorio donde hoy el residuo ya está instalado.



