
La posibilidad de un nuevo episodio de El Niño volvió a instalarse en el radar climático global. La Organización Meteorológica Mundial informó que existe una probabilidad de 80% de que El Niño se desarrolle entre junio y agosto de 2026, mientras que las opciones de que continúe al menos hasta noviembre se ubican cerca o por encima del 90%. La entidad advierte que todavía hay incertidumbre sobre su intensidad máxima, aunque la mayoría de los modelos apunta a un evento al menos moderado y posiblemente fuerte.
La expresión “Super El Niño” no es una categoría oficial. Es un término usado en medios y por algunos especialistas para describir escenarios de alta intensidad, pero los organismos técnicos trabajan con clasificaciones basadas en anomalías de temperatura superficial del mar, persistencia del fenómeno y respuesta atmosférica.
Qué muestran los gráficos
Los gráficos de seguimiento climático muestran tres señales relevantes: aumento de la temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial, calentamiento bajo la superficie oceánica y una rápida subida de las probabilidades de fase cálida del fenómeno ENOS.
La Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos indicó en su discusión diagnóstica que El Niño tiene 82% de probabilidad de desarrollarse en mayo-julio de 2026 y que podría continuar durante el invierno 2026-2027 del hemisferio norte, con una probabilidad de 96% para diciembre-febrero.
El International Research Institute for Climate and Society también proyecta una alta probabilidad de condiciones El Niño durante 2026, reforzando la señal observada por otros centros climáticos.
Por qué se habla de un evento extremo
El punto de fondo es que El Niño no parte desde un clima “normal”. Se desarrolla sobre un planeta más cálido, con océanos que ya vienen registrando temperaturas elevadas. Por eso, incluso un evento moderado puede amplificar olas de calor, sequías, lluvias intensas, incendios forestales y presiones sobre alimentos, energía e infraestructura.
La Organización Meteorológica Mundial señaló que El Niño suele modificar patrones de temperatura y precipitación a escala global, elevando el riesgo de fenómenos extremos. Reuters informó esta semana que agencias de Naciones Unidas llamaron a prepararse por posibles impactos en calor extremo, seguridad alimentaria y disponibilidad de agua.
Qué puede pasar en Chile
En Chile, El Niño suele asociarse a mayores precipitaciones en la zona centro y centro-sur durante otoño e invierno, junto con temperaturas mínimas algo más altas. La Dirección General de Aeronáutica Civil, citando a la Oficina Servicios Climáticos de la Dirección Meteorológica de Chile, advirtió que también puede aumentar la probabilidad de lluvias intensas en periodos cortos, especialmente en zonas más expuestas.
Ese punto es clave para hogares, municipios, agricultura, transporte y empresas. No basta con mirar si lloverá más que un año normal. El riesgo práctico está en la concentración de la lluvia: desbordes, anegamientos, cortes de ruta, daños en infraestructura rural, problemas de conectividad y afectación de cultivos.
Impacto en agricultura, agua y precios
El sector agrícola aparece entre los más expuestos. Un evento de lluvias concentradas puede afectar siembras, cosechas, caminos interiores, canales, embalses menores y disponibilidad de forraje. También puede elevar riesgos fitosanitarios en ciertas zonas productivas.
A nivel internacional, Reuters reportó que el calor y la sequedad asociados al desarrollo de un patrón fuerte de El Niño ya están afectando cultivos en Asia, con preocupación sobre arroz, trigo y otros alimentos. Ese tipo de presión no se traduce automáticamente en precios en Chile, pero sí puede incidir en costos globales, importaciones y expectativas de abastecimiento.
Lo que no está confirmado
No está confirmado que el evento vaya a ser el más extremo en décadas. La señal de desarrollo es fuerte, pero la intensidad final todavía depende de cómo evolucionen el océano y la atmósfera durante los próximos meses.
Tampoco corresponde afirmar que Chile enfrentará lluvias excepcionales en todo el territorio. Los efectos de El Niño son desiguales: pueden variar por zona, estación, altura de la isoterma cero, condición de cuencas, estado de embalses y presencia de sistemas frontales.
Qué deben revisar los hogares y empresas
Para los hogares, el foco está en filtraciones, techumbres, canaletas, sistemas eléctricos, seguros, caminos de acceso y planes de emergencia local. Para empresas agrícolas, mineras, logísticas y de construcción, el punto crítico es revisar exposición operacional: rutas, faenas, turnos, drenajes, abastecimiento y continuidad de servicios.
El dato central es este: los modelos ya muestran una alta probabilidad de El Niño en 2026, pero la discusión seria no está en el apodo “Super El Niño”. Está en preparar infraestructura, agricultura, ciudades y servicios básicos para un escenario de mayor variabilidad, con lluvias que podrían ser más intensas y menos manejables si llegan concentradas.

