Electromovilidad

Electromovilidad eleva 139% el uso de cobre por vehículo y abre una nueva ventana para la minería chilena

El auge de los vehículos eléctricos, que requieren un 139% más de cobre que los convencionales, presenta una oportunidad estratégica para la minería chilena en un contexto de creciente demanda global.

Electromovilidad eleva 139% el uso de cobre por vehículo y abre una nueva ventana para la minería chilena
Seguir en Google

Una estimación de Epiroc sitúa en 53,2 kilos el contenido de cobre de un automóvil eléctrico, frente a 22,3 kilos en uno convencional. El avance mundial de la electromovilidad se suma así a las redes eléctricas, energías renovables y centros de datos como motor estructural para la demanda del metal.

El crecimiento de los vehículos eléctricos está ampliando uno de los principales mercados de largo plazo para el cobre y colocando nuevamente a Chile frente a una oportunidad estratégica. Una estimación presentada por Epiroc calcula que un automóvil eléctrico utiliza 53,2 kilos de cobre, frente a 22,3 kilos en un vehículo convencional, una diferencia de 139% asociada a motores eléctricos, cableado, sistemas de potencia y otros componentes.

El impacto potencial aumenta a medida que la electromovilidad gana participación en el mercado automotor. La Agencia Internacional de Energía (AIE) proyecta que durante 2026 se venderán alrededor de 23 millones de automóviles eléctricos en el mundo, equivalentes al 28% del total de vehículos nuevos. En 2025, las ventas ya habían superado los 20 millones de unidades y alcanzado una participación de 25%.

Para Chile, principal productor mundial de cobre, esta transformación agrega una fuente de consumo de largo plazo en un momento en que la disponibilidad futura del metal enfrenta restricciones derivadas de menores leyes minerales, largos ciclos de desarrollo de nuevas minas y dificultades para incrementar rápidamente la oferta.

Por qué un vehículo eléctrico necesita más cobre

El salto en el consumo está relacionado con la arquitectura eléctrica del automóvil. Además del cableado tradicional presente en cualquier vehículo, los modelos eléctricos requieren cobre en motores, inversores, conexiones de alta tensión, barras conductoras, baterías y sistemas electrónicos de potencia.

La cifra de 139% corresponde específicamente a la comparación utilizada por Epiroc entre 22,3 kilos para un automóvil convencional y 53,2 kilos para uno eléctrico. No se trata, sin embargo, de un parámetro único para toda la industria, ya que el contenido cambia según el tamaño del vehículo, la batería, la potencia y el diseño del sistema eléctrico.

Otras estimaciones muestran incluso niveles superiores. Una evaluación del Departamento de Energía de Estados Unidos, basada en antecedentes de la Copper Development Association, calcula aproximadamente 83 kilos de cobre en un vehículo eléctrico a batería, frente a cantidades considerablemente menores en automóviles con motores de combustión.

La relevancia para el mercado minero tampoco termina dentro del automóvil. El desarrollo masivo de electromovilidad requiere estaciones de carga, alimentadores eléctricos, transformadores, nuevas conexiones de distribución y, en determinados lugares, refuerzos de las propias redes.

Cochilco identifica precisamente al ecosistema de electromovilidad y carga como uno de los componentes estructurales del consumo futuro de cobre, junto con la expansión de redes, generación renovable y centros de datos.

Más de 20 millones de eléctricos vendidos en un año

El volumen mundial que está alcanzando la industria automotriz eléctrica permite dimensionar el efecto acumulativo sobre las materias primas.

La AIE informó que las ventas globales de automóviles eléctricos aumentaron cerca de 20% durante 2025 y superaron los 20 millones de unidades, lo que significa que uno de cada cuatro automóviles vendidos en el planeta correspondió a esta categoría.

Para 2026, el organismo anticipa alrededor de 23 millones de unidades. América Latina aparece además entre las regiones de mayor expansión, con un crecimiento de las ventas proyectado en torno al 45% durante este año.

El avance no es homogéneo. China concentra la mayor penetración de la electromovilidad y la AIE proyecta que los eléctricos representarán cerca del 60% de sus ventas automotrices durante 2026. Europa se aproxima a una participación de uno de cada tres vehículos nuevos.

Esa trayectoria importa para el cobre porque convierte a la electromovilidad en una demanda acumulativa: cada nueva unidad necesita metal, pero el despliegue simultáneo de infraestructura de carga y redes eléctricas multiplica el requerimiento fuera del automóvil.

Chile frente a un mercado de cobre más estrecho

La expansión ocurre mientras la industria cuprífera mundial enfrenta dificultades para aumentar la producción al mismo ritmo que crecen los nuevos usos.

Cochilco proyectó para 2026 una demanda mundial de cobre refinado de 28,47 millones de toneladas, frente a una oferta de 28,24 millones, lo que implicaría un déficit cercano a 238.000 toneladas. Para 2027 espera un mercado mucho más próximo al equilibrio, aunque con márgenes estrechos y una oferta todavía expuesta a interrupciones operacionales.

La comisión chilena considera que electrificación, redes, transición energética, centros de datos e infraestructura vinculada a inteligencia artificial conforman actualmente un piso estructural para el consumo del metal.

Chile mantiene una posición central en ese escenario. Cochilco prevé una recuperación de la producción nacional durante 2026 y una expansión hasta aproximadamente 5,97 millones de toneladas de cobre fino en 2027, volumen que, de concretarse, superaría el máximo registrado en 2018 y estaría cerca de 10% por encima del nivel de 2025.

El Servicio Geológico de Estados Unidos estimó, además, que Chile dispone de alrededor de 180 millones de toneladas de reservas de cobre, la mayor cifra individual entre los países incluidos en su evaluación de 2026.

La oportunidad depende de nueva producción

Una mayor demanda derivada de los vehículos eléctricos no implica automáticamente un aumento equivalente de la producción chilena. Los nuevos proyectos deben superar etapas de exploración, evaluación ambiental, ingeniería, permisos, financiamiento y construcción, mientras las operaciones existentes enfrentan progresivamente menores leyes de mineral.

La oportunidad para Chile estará, por tanto, en convertir la expansión estructural del consumo mundial en capacidad productiva adicional y sostenida.

La electromovilidad tampoco será el único factor. Redes de transmisión y distribución, energías renovables, almacenamiento, electrificación industrial y centros de datos están compitiendo simultáneamente por el mismo metal.

Los automóviles eléctricos agregan ahora escala a esa ecuación. Con ventas mundiales acercándose a tres de cada diez vehículos nuevos en 2026 y un contenido de cobre claramente superior al de los automóviles tradicionales, la transformación del transporte está reforzando una tendencia que puede extenderse durante décadas y mantener al cobre chileno en el centro de las cadenas globales de electrificación.

Empresas mencionadas