
El estrecho de Ormuz volvió a quedar en el centro del mercado energético este miércoles 4 de marzo, luego de que la Guardia Revolucionaria iraní asegurara, en un reporte de Al Jazeera que recoge la difusión de Fars, que mantiene el paso bajo “control completo”. La magnitud del problema es estructural: la EIA de Estados Unidos calcula que por esa vía pasaron en 2024 unos 20 millones de barriles diarios, equivalentes a cerca del 20% del consumo mundial de líquidos del petróleo, mientras la principal alternativa terrestre saudí tiene una capacidad de 5 millones de barriles por día.
Qué dijo Irán sobre Ormuz
Según ese reporte, el oficial naval de la Guardia Revolucionaria Mohamad Akbarzadé sostuvo que “el estrecho de Ormuz está bajo el control completo de la Armada de la República Islámica”. La declaración llega en medio de una disrupción operativa que ya afecta el tránsito comercial y vuelve a poner presión sobre el principal cuello de botella energético del planeta.
El corredor que no tiene reemplazo a la misma escala
La EIA señala que Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo, y que sigue siendo uno de los puntos críticos más relevantes para la seguridad energética global. Además del crudo y los combustibles, por esa ruta transitó en 2024 alrededor de una quinta parte del comercio mundial de gas natural licuado.
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El mismo informe añade que los flujos por Ormuz representaron más de una cuarta parte del comercio marítimo mundial de petróleo en 2024. Por eso, cualquier interrupción no solo afecta a productores del Golfo, sino también a importadores en Asia, Europa y otros mercados que dependen de esa salida.
Los ataques y el atasco que ya se reflejan en el Golfo
De acuerdo con Reuters, al menos tres petroleros resultaron dañados desde el fin de semana, más de 200 embarcaciones —incluidos buques de crudo y de gas— quedaron fondeadas alrededor de Ormuz y aguas cercanas, e Irán comunicó que había detenido la navegación por esa vía. El mismo reporte indicó que grandes navieras ya reencaminaron rutas por el cabo de Buena Esperanza.
Ese cuadro confirma que el problema ya no se limita a una amenaza militar o diplomática. La congestión, los daños a buques y el desvío de rutas están alterando la logística física del comercio energético en tiempo real.
La ruta saudí existe, pero no compensa el volumen habitual de Ormuz
La principal válvula de escape hoy es el oleoducto saudí Este-Oeste, que une el centro de procesamiento de Abqaiq con el puerto de Yanbu, en el mar Rojo. La EIA fija su capacidad en 5 millones de barriles diarios y recuerda que en 2019 fue ampliado temporalmente a 7 millones cuando parte de la infraestructura de líquidos de gas se reconvirtió para mover crudo.
Aun así, el desvío posible sigue siendo limitado frente al volumen que normalmente cruza Ormuz. La propia EIA estima que, en un escenario de interrupción, la capacidad disponible combinada entre Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos para sortear el estrecho ronda 2,6 millones de barriles diarios, una cifra muy por debajo del flujo promedio que sale por el corredor marítimo.
El vínculo directo con Chile
Para Chile, la sensibilidad de Ormuz no es teórica. El efecto sobre combustibles, transporte y costos energéticos ya había sido abordado en el análisis sobre las repercusiones económicas del estrecho para el mercado chileno y en la revisión sobre la presión que este riesgo impone sobre los costos de la minería.
En términos concretos, el canal de transmisión pasa por tres frentes:
precio internacional del crudo y sus derivados;
costo de fletes y seguros marítimos;
presión sobre energía y logística en operaciones intensivas en diésel.
Mientras el flujo normal de Ormuz siga comprometido y las rutas de reemplazo mantengan una capacidad sustancialmente menor, el mercado seguirá operando con una restricción física sobre una vía que mueve un volumen que hoy ninguna alternativa terrestre puede absorber por completo.












