Un nuevo estudio internacional ha revelado que la frecuencia de inundaciones y sequías extremas ha duplicado su aparición desde la era preindustrial, preocupante señal del cambio climático. Este análisis, que forma parte del proyecto europeo AQUAGUARD, abarcó 1.300 cuencas hidrográficas de todo el mundo y destaca una transformación crítica en el ciclo del agua, desde 1901 hasta 2019. La investigación pone de manifiesto cómo el calentamiento global, junto con la expansión agrícola y la urbanización, están intensificando la alternancia de períodos extremadamente secos y húmedos.
La investigación encontró que el ciclo del agua está entrando en una fase de inestabilidad global. Las áreas tropicales y subtropicales se predisponen a condiciones cada vez más secas, un escenario preocupante para regiones que ya enfrentan estrés hídrico. A su vez, zonas en el norte de Europa, Rusia y Canadá están experimentando un aumento en la humedad, lo que podría parecer favorable, pero también representa riesgos adicionales. El calentamiento de estas regiones favorece el deshielo del permafrost, liberando grandes cantidades de gases de efecto invernadero como dióxido de carbono y metano, contribuyendo aún más al calentamiento global en un círculo vicioso.
La presión sobre la agricultura
La seguridad alimentaria mundial también se ve comprometida. Cerca del 60% de la producción agrícola depende de la humedad natural del suelo, un recurso que se ha visto afectado por la disminución de la capacidad de los suelos para retener agua. La sobreexplotación de recursos hídricos, el crecimiento urbano, y el uso intensivo de agua para riego son factores críticos que agravan la situación, especialmente en lugares como Asia Central y la India.
El estudio también subraya la importancia de no solo centrarse en los recursos hídricos superficiales, como ríos y embalses, sino también en lo que se denomina agua verde, es decir, la humedad almacenada en los suelos. La degradación de esta humedad en el suelo puede tener consecuencias devastadoras para las cosechas y la biodiversidad, mucho antes de que se presenten problemas de escasez de agua. Una región puede experimentar inundaciones en una temporada y, pocos meses después, sufrir restricciones en el suministro de agua, revelando una falla crítica en la regulación hídrica del territorio.
Un mapa de extremos climáticos
El estudio revela patrones geográficos marcados que muestran la dicotomía del clima actual. Mientras que las regiones ya vulnerables como las tropicales enfrentan sequías más frecuentes, otras áreas del planeta están obligadas a adaptarse a lluvias intensas y prolongadas. Este fenómeno genera un nuevo desafío para la gestión del agua, una tarea que se vuelve más compleja con el aumento de superficies impermeables en áreas urbanas y la deforestación.
En este contexto, es crucial entender que las inundaciones a menudo son un síntoma más que una solución. La mayor escorrentía, derivada del deterioro del suelo y la urbanización excesiva, reducen la capacidad terrestre para absorber aguas pluviales, lo que a menudo lleva a la destrucción de ecosistemas y biodiversidad.
Este estudio subraya la urgente necesidad de repensar la gestión de recursos hídricos y la protección de ecosistemas vitales. El cambio climático no es el único culpable; nuestras propias acciones están intensificando los desafíos que enfrentamos. Para enfrentar esta crisis hídrica inminente, se requieren políticas más rigurosas y sostenibles que prioricen la salud de nuestros suelos, la biodiversidad y las fuentes de agua.









